Gracia Desbordante

“¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Rom. 6: 1-2).

Pablo plantea esta pregunta, con su respectiva respuesta, entre muchos otros pasajes alrededor de la continua lucha entre el pecado y la gracia en tiempos de la primera Iglesia. Hoy, esta verdad sigue vigente. Sin embargo, ¿qué pasa con todos aquellos cristianos, aún los que llevan años en el evangelio, que siguen luchando con los mismos pecados una y otra vez? ¿Hay esperanza en la gracia abundante de Dios?

Con esta duda aún asaltando mi mente, tomé “Gracia Desbordante: la Gloria de Dios manifestada en nuestra debilidad”, escrito por Barbara R. Duguid, quien plantea un escenario claro, centrado en las Escrituras, y apoyado por los escritos de uno de los grandes teólogos del siglo XVIII: John Newton.

Gracia Desbordante: La Gloria de Dios manifestada en nuestra debilidad
Barbara R. Duguid
Poeima Publicaciones. 256 pp.

¿Por qué los cristianos –aún los cristianos maduros– todavía pecamos tanto? ¿Por qué Dios no nos libera de eso? Cada vez más nos damos cuenta del pecado en nuestras vidas y nos preguntamos si Dios está decepcionado con nuestra falta de progreso. ¿Dónde están el gozo y la paz que leemos en la Biblia?

Barbara Duguid nos dirige a los escritos de John Newton para enseñarnos el propósito que Dios tiene para nuestro fracaso y nuestra culpa, y para ayudarnos a ajustar nuestras expectativas para esta vida. Ella se acerca de manera honesta y empática para levantar nuestra mirada desde nuestro propio rendimiento hacia Dios, quien es mucho mayor que nuestros fracasos –¡y los usa para Su gloria!

La historia de Barbara, la historia de todos

En cada página, la autora expone completamente su pecado: odio, orgullo, glotonería y autosuficiencia, no como un ejercicio de autoflagelación, sino como una forma más honesta de presentar las realidades de la gracia que experimentó en su propia vida.

 

A través de sus historias personales, y con la intervención del Espíritu Santo, fui confrontado con mi propio pecado. Sin duda, este libro puede ser doloroso para quien lo lea, porque nos revela quiénes somos frente a la justicia perfecta de Dios y lo incapaces que somos para cambiar esta realidad.

Las doctrinas de la gracia en acción

Una de las cosas que más bendición trajo a mi corazón al leer este libro es darme cuenta que, cuando mi conocimiento podría enorgullecerme, no había llegado a entender las doctrinas de la gracia de una manera tan práctica y útil. Conceptos tan profundos como las cinco solas, la predestinación y la soberanía de Dios fueron presentados de tal forma que cualquier cristiano, nuevo en la fe o experimentado, puede comprender.

Una gracia que nos hace más humildes

Al finalizar este libro, Dios me mostró nuevamente el camino para disfrutar de su gracia desbordante:

  1. Dios está en control de tu pecado y lo usa (aunque lo odie) para su gloria (lo que ama). (p. 108)
  2. Hay pecados que Dios nos permite pasar con cierta facilidad, pero hay otras luchas que no nos dejará pasar para que no nos jactemos, sino que reconozcamos a Cristo y su gracia salvadora (p. 152).
  3. Ser paciente con el pecado de otros. De otro modo, seríamos como Bartimeo, que después de que Cristo abriera sus ojos, usara un palo para golpear a todos los ciegos por no ver (p. 172).
  4. Debemos mostrar con el ejemplo que cambiar porque queremos es imposible sin Dios (p. 178).

En palabras de John Newton “A través de la debilidad y el pecado, aprendemos cada vez menos a confiar en nosotros mismos y más en Cristo” (p. 133).

La lucha continúa, la gracia sobreabunda

Si tienes estas batallas, si llevas tiempo luchando con uno o varios pecados, si a veces crees que no eres quien Dios quiere que seas, lo más seguro es que sea verdad. Sin embargo, tenemos esperanza en la cruz y estas son buenas noticias. Finalmente, el apóstol Pablo nos muestra la única forma en que podemos disfrutar esta gracia:

“Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No hago nula la gracia de Dios, porque si la justicia viene por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano” (Gal. 2:20-21).

 

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