El caso de la gracia

¿Qué hace al cristianismo distinto de todas las otras religiones? ¿Qué provoca que incontables personas cambien su vida para siempre y vayan en pos de Cristo? ¿Cuál es el combustible que alimenta la vida cristiana?

Respuesta: gracia.

Un concepto que solo puede entenderse en Jesús.

El caso de la gracia
Lee Strobel
Vida. 242 pp.

Lee Strobel es un reconocido autor de literatura cristiana, periodista de profesión, y ex ateo. Es conocido por su serie de libros titulada: El caso de, en la cual aborda temas como la veracidad de la persona de Cristo, los milagros, la Navidad, la resurrección, el creacionismo, entre otros. El sello distintivo de periodista está profundamente marcado en todas sus obras, y Strobel llena sus libros de entrevistas con personalidades interesantes.

El caso de la gracia no es distinto. El estilo del autor nos recuerda al de Cristo, ya que como diría Philip Yancey: “Jesús habló mucho sobre la gracia, pero lo hizo mayormente mediante historias” (p. 11).

Un libro que te hace sentir

Strobel comienza contando por qué se dispuso a indagar sobre la gracia: la ausencia emocional de su padre. Sin embargo, esa historia se deja sin concluir y el libro continúa presentándonos a siete personas distintas. Siete vidas diametralmente opuestas la una de la otra.

Este libro de la serie es distinto porque es mucho más emocional. Nuestro corazón se compunge ante el sufrimiento de cada protagonista. A pesar de que en otros títulos de esta serie también podemos encontrar historias, el autor suele hacer entrevistas a expertos en diversos temas. En esta ocasión, las preguntas se enfocan en la experiencia de cada persona, en los detalles de su vida, de su familia, de sus momentos más personales, de sus vivencias íntimas.

Entre las historias, encontramos una que narra la lucha con los vicios y con esos deseos que destruyen nuestro cuerpo, mente, familia, amigos, e incluso iglesias. Strobel nos muestra cómo el Señor nos rescata de esos oscuros pozos y nos hace ver que somos vulnerables aunque creamos estar firmes.

“Sabía que su vida había sido un desastre y que no podría vencer su adicción por sí solo. Se dirigió a un salón donde se reunían los jóvenes cada semana para estudiar la Biblia. Fue al mezclarse con esta pequeña comunidad de cristianos que encontró a Jesús” (p. 54).

Ser rescatado. Eso es gracia.

Tenemos además una historia sobre una masacre, donde la libertad de la culpa por lo cometido parece imposible. ¿Puede Dios perdonar al responsable de la horrorosa muerte de miles de personas? Entender que Dios es un Dios de bondad y amor perfectos puede hacernos cambiar de dirección.

Perdón. Eso es gracia.

Pero ¿qué hay de las personas que no son asesinos crueles? ¿Qué hay de aquellos a los que la mayoría llamaría una “buena persona”?

“El movimiento de la autoestima nos ha enseñado que todos somos grandes, que todos merecemos un trofeo. La gente piensa: yo no soy una asesino de masas; por lo tanto, soy maravilloso. Hemos perdido de vista la santidad de Dios y la profundidad de nuestro propio pecado, y esas son las cosas difíciles de comunicar a nuestra propia cultura” (p. 74).

Cuando logramos entender la santidad de Dios más a profundidad, nos golpea la realidad de que somos brutalmente culpables aunque creamos haber llevado una “buena” vida. Este es el primer paso para ser liberados del poder del pecado.

Libertad. Eso es gracia.

¿Perdonarme a mí mismo?

En el libro hay un concepto que se menciona repetidas veces y podría representar un estorbo para algunas personas. Se trata de la idea de “perdonarse” u “odiarse” a uno mismo. En algunos capítulos el autor dice que es la forma más difícil de expresarse sobre la gracia de Dios:

“¿Y puede el pastor, expuesto como un hipócrita, finalmente llegar al punto de perdonarse a sí mismo, tal vez la expresión más difícil de la gracia que hay?” (p. 134).

Es una idea teológicamente confusa, ya que algunos argumentan que el único realmente ofendido al pecar es Dios. Isaías 43:25 nos muestra claramente que el único que puede borrar pecados es el Señor. Algunos dirán que, así como la Biblia nos manda a perdonar a otros por una ofensa cometida contra nosotros (Mt. 6:14-15), debemos perdonarnos a nosotros mismos. El problema es que, si bien tenemos en la Biblia varios pasajes en donde se nos insta a perdonar a los otros, no existe ninguno que hable de perdonarnos a nosotros mismos.

Respecto al concepto de “odiarse”, en Efesios 5:29 Pablo dice:

Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia”.

A pesar de estas dificultades, pareciera que (más que otra cosa) Strobel está hablando de la autocondenación. Cuando se refiere a perdonarte a ti mismo, se refiere a no volver a sentir la misma abrumadora culpa que sentiste antes de que el Señor te perdonara, lo que sí es un concepto bíblico. En Miqueas 7:19, la Biblia nos dice que Dios echa nuestros pecados al fondo del mar. Nosotros no deberíamos volver a recordar la basura que el Señor ya eliminó.

Solo Dios puede acabar con el pecado en nosotros, por eso no podemos perdonarnos a nosotros mismos. Sin embargo, cuando Dios ya nos otorgó su perdón, no debemos despreciarlo ni volver al remordimiento del cual Él nos liberó.

Conclusión

El caso de la gracia es una oleada de frescura y alivio. Nos vuelve a llenar de esperanza si hemos estado desanimados por perder de vista la gracia de Dios en nuestras propias vidas. Hemos sido adoptados, rescatados, perdonados, liberados, y profundamente amados por Dios.

¿Qué hace que miles de personas cambien para siempre su vida y vayan en pos de Cristo? La gracia derramada sobre ellas a través de Cristo. Una gracia incomparable que transforma y alimenta la vida de los creyentes.

El caso de la gracia confronta el espíritu crítico que solemos tener al juzgar a las personas fácilmente o ignorarlas en sus dificultades. De toda la gracia que nos ha sido dada, demos y mostremos esa misma gracia. Nosotros podemos ser el canal que el Creador use para derramarse sobre otros, para compartir a Jesús y cambiar sus vidas.

Cristo. Eso es gracia.

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