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Una de las razones por las que el libro de Hechos es llamativo para pastores y misioneros es porque el celo evangelístico de los primeros cristianos es contagioso.

Esto lo percibimos en los relatos de los viajes misioneros del apóstol Pablo y su equipo de misiones. La segunda parte de Hechos (capítulo 13-28) refleja estos viajes: El primero lo encontramos en los capítulos 13:1-14:28; el segundo en los capítulos 15:36-18:22; y el tercero en los capítulos 18:23-21:16.

Luego, en los capítulos 27 y 28, encontramos el viaje de Pablo a Roma. Este viaje fue en calidad de presidiario, del mismo modo que tuvo una travesía entre fortalezas en tierra santa, previo a su envío a Roma. Los anteriores viajes no solo fueron intencionales, sino que contaron con una ruta planificada y con una estrategia. Pero en el encarcelamiento entre Jerusalén y Cesarea, y en su viaje a Roma, si bien Pablo tuvo algunas libertades y predicó a diferentes personas y audiencias, no hubo un plan ni una estrategia misional, sino un ejercicio de la predicación circunstancial. Por lo tanto, la travesía a Roma no debe contarse como un viaje misionero en sí.

Al final de Hechos, vemos que Pablo tuvo cierta libertades durante sus dos primeros años en Roma mientras esperaba su juicio, viviendo en una casa rentada (He. 28:30-31). No sabemos cuánto tiempo duraron esas circunstancias favorables, ya que Lucas concluye su relato de una manera que puede parecer abrupta. Lo que ocurrió luego es objeto de discusión entre los exégetas bíblicos.

¿Un cuarto viaje misionero?

Algunos exégetas dicen que Pablo fue liberado después de un tiempo, e incluso hizo otro viaje misionero antes de ser encarcelado nuevamente para ser condenado en Roma (2 Tim. 4:6).

Estos estudiosos apelan a los deseos de Pablo de salir de sus prisiones en Filipenses 1:12-26. Sin embargo, en el texto, Pablo es consciente de la posibilidad de morir. Él declara que cualquiera de las dos cosas que suceda, será para la gloria de Cristo. Por lo tanto, es posible argumentar que este pasaje no debería utilizarse para sugerir esta teoría.[1]

Pablo nos permite contemplar que la vida de un misionero es una ofrenda dedicada a Dios.

De lo que sí tenemos certeza es que Pablo presentó ante el Cesar una primera defensa (2 Tim. 4:16; cp. He. 23:11; 27:24). Él llegó a testificar ante los jueces y dirigentes de Roma (Fil. 1:13, 4:22). También sabemos que, en algún punto luego de sus dos primeros años en Roma, Pablo soportó un tiempo duro en prisión, desde donde escribió:

“Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en que me he visto, han redundado en un mayor progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana (en todo el palacio del gobernador) y a todos los demás. La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor” (Fil. 1:12-14).

Un modelo para nosotros

Más importante que la controversia acerca de si Pablo hizo un cuarto viaje o no, lo grandioso de su ejemplo es que nos permite contemplar que la vida de un misionero es una ofrenda dedicada a Dios. Su función es predicar el evangelio, independientemente de las circunstancias que enfrente.

Pablo modeló la gloria del ministerio misional, así como lo indispensable y loable de la obra misionera. Él testificó el evangelio y plantó iglesias en todo el cordón norte y oriental de las costas del Mediterráneo, incluyendo tierra adentro, como en Asia. Allí ganó para Cristo a toda clase de personas.

Ojalá la vida de Pablo nos sirva de modelo e inspiración hoy, para la gloria de Dios, hasta que todos oigan y se alegren las naciones.[2]


[1] MacArthur refiere los supuestos dos encarcelamientos en Roma como un hecho (Ver Introducción a Hechos en la Biblia de Estudio MacArthur). Igual hacen Jamieson, Fausset y Brown, en su Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia, Tomo II. D. A. Carson lo propone como una probabilidad en su Introducción al Nuevo Testamento (CLIE, 2008). Merrill Tenney prefiere decir que no tenemos data para especular al respecto (Nuestro Nuevo Testamento [Editorial Portavoz], 1989).

[2] “Hasta que todos oigan” es el slogan del ministerio Evangelismo Explosivo Internacional, fundado por James Kennedy. “Alégrense las naciones” es el título del libro de John Piper sobre sus conferencias misionales.

Imagen: Lightstock.

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