Cómo saber si eres un creyente verdadero

“En verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3:3). Por eso es crucial saber si hemos nacido de nuevo y, por tanto, somos verdaderos creyentes.

Si no hemos pasado de la muerte espiritual a la vida espiritual en Cristo, estamos perdidos sin importar cuán llena de vida consideremos nuestra espiritualidad, y sin importar cuán auténtica creamos que es nuestra fe.

Además, hay quienes afirman ser cristianos y creer lo que enseña la Biblia, cuando en realidad no son hijos de Dios y no abrazan la verdad, sino que abrazan falsas doctrinas. De hecho, hoy tenemos iglesias llenas de falsas conversiones. Jesús advirtió seriamente sobre eso (Mt. 7:21-23). El apóstol Pablo también: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos” (2 Co. 13:5 RV60).

Para saber si en verdad hemos nacido de nuevo, no debemos compararnos con otras personas. Debemos mirarnos a la luz de la Biblia.

Para saber si en verdad hemos nacido de nuevo, no debemos compararnos con otras personas. Debemos mirarnos a la luz de la Biblia, para lo cual es crucial el ambiente de una iglesia local saludable y hermanos que te ayuden a examinarte objetivamente.

Tener certeza de nuestra salvación nos impulsa a vivir la vida cristiana con mayor gozo y confianza en el Señor (cp. 2 Pedro 1:10).

Un examen frente a la Palabra

La primera epístola del apóstol Juan se escribió de manera particular con este propósito: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna…” (1 Juan 5:13 RV60).

Hace más de 150 años, el obispo J.C. Ryle sustrajo de esa epístola seis características de todo creyente verdadero. Verte frente a ellas es útil para examinarte a ti. Las he resumido en cinco:

1. El creyente verdadero no lleva una vida de pecado y ama la pureza.

“Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él. No puede pecar, porque es nacido de Dios.”, 1 Juan 3:9.

Un cristiano no tiene perfección (1 Jn. 1:8). Sin embargo, tiene dirección. Por la gracia de Dios, su vida ya no se caracteriza por el pecado. Puede decir como John Newton: “No soy lo que debo ser, tampoco lo que quiero ser, pero por la gracia de Dios no soy lo que solía ser”.

2. El creyente verdadero confía en Jesús como su Señor y Salvador.

“Todo aquél que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios. Todo aquél que ama al Padre, ama al que ha nacido de Él”, 1 Juan 5:1.

El cristiano no deposita toda su confianza en el “Cristo” que predican los falsos maestros, sino en el verdadero, el que se revela en la Biblia. Eso evidencia que ha nacido de nuevo. En otras palabras, el cristiano afirma una doctrina correcta del evangelio. ¡La doctrina importa!

Ryle escribe: “[El cristiano] cree que, porque ha aceptado la obra consumada de Cristo y la muerte en la cruz, es considerado justo a los ojos de Dios, y puede encarar la muerte y el juicio sin temor”.

3. El creyente verdadero practica la justicia.

“Si saben que Él es justo, saben también que todo el que hace justicia es nacido de Él”, 1 Juan 2:29..

Alguien que ha nacido de nuevo busca obedecer al Señor, no para ganarse su salvación (ya que eso sería rechazar el evangelio de la gracia), sino en agradecimiento a Dios por su salvación (cp. Ef. 2:8-10, Ro. 12:1-2).

4. El creyente verdadero ama a sus hermanos en la fe.

“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte”, 1 Juan 3:14.

Una marca de que somos cristianos, es que amamos — partiendo del conocimiento a la verdad— de todo corazón a otros cristianos, a pesar de nosotros mismos (Jn. 13:34-35).

5. El creyente verdadero vence al mundo.

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe”, 1 Juan 5:4.

Ryle escribe al respecto:

“El hombre que ha nacido de nuevo no usa la opinión del mundo como su norma con respecto a lo bueno y lo malo. No le importa ir contra la corriente de las conductas, ideas y costumbres del mundo. Lo que dicen o hacen los demás ya no le preocupa. Vence al amor del mundo. No encuentra placer en las cosas que parecen dar felicidad a la mayoría de las personas. A él le parecen necias e indignas de un ser inmortal.

Ama los elogios de Dios más que los elogios del hombre. Teme ofender a Dios más que ofender a los hombres. No es importante para él si lo culpan o elogian, su meta principal es agradar a Dios”.

El cristiano posee algo mayor que lo que tiene este mundo, un gozo verdadero. Así es cómo vence al mundo.

“Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos, y la arrogancia de la vida (las riquezas), no proviene del Padre, sino del mundo. El mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”, 2 Juan 2:16-17.

Gracia para pecadores

Si leyendo esto, en oración y conversando con creyente de tu iglesia, puedes ver que eres cristiano y has sido verdaderamente salvo, es mi oración que tu gozo abunde y tu fe siga creciendo. Dios ha prometido terminar lo que empezó en ti (Fil. 1:6).

Pero, si al mirarte en el espejo de la Palabra, te das cuenta de que realmente no eres cristiano, te animo a que acudas hoy a Cristo. Reconoce tu pecado, arrepiéntete, y pon tu confianza en Jesús. “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mr. 2:17).


Una versión de este artículo fue publicada primero en josuebarrios.com.
Imagen: Lightstock.
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