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‪Hay un párrafo en mi libro sobre adoración que ha ocasionado ciertos debates. Así dice:

“A pesar de que los músicos no son necesariamente “ancianos” o “maestros”, su presencia frente a la congregación semana tras semana implica que su vida es digna de imitación; no perfección, pero sí vidas que demuestren el fruto del evangelio. Cuando no es así, la iglesia recibe el mensaje incorrecto de que la adoración es más acerca de música que de la manera en que vivimos. Del mismo modo, cuando se usan músicos que no son creyentes, estamos dando a entender que el arte de la adoración es más importante que el corazón”.

‪Recuerdo muy claramente cuando escribí el párrafo del libro. Pensé que la gente podría estar en desacuerdo conmigo. Permítanme explicar lo que quise decir, y así contestar algunos de los comentarios.

‪En primer lugar, no estoy diciendo que Dios no puede utilizar o hablar a través de inconversos o por arte producido por incrédulos. Obviamente lo hace.

‪En segundo lugar, creo que los que tienen un ministerio público (en cualquier sentido) en la iglesia deben ser sujetos a parámetros de conducta más alto que los que sirven tras bastidores. La razón es que son más visibles y más propensos a ser criticados o ser vistos como ejemplos. Así que alguien que guarda sillas o recoge los cables podría estar luchando con cuestiones de carácter significativos, y aún así ser capaz de servir. Mientras más pronunciado es el papel de liderazgo o la visibilidad ante la iglesia, más preocupados debemos estar sobre si la vida de una persona está en consonancia con el evangelio o no.

‪En tercer lugar, entiendo que las iglesias invitan a incrédulos para tocar en sus reuniones por razones distintas a simplemente mejor música. Usualmente tienen un propósito evangelístico. He conocido a incrédulos que se han convertido como resultado de tocar para alguna iglesia. En el párrafo de mi libro yo estaba pensando principalmente en situaciones en que las iglesias están más preocupados por la calidad de la música que por la naturaleza de la iglesia.

‪Lo que me lleva a la razón por la cual escribí lo que escribí. La clave para mí es quién se está reuniendo el domingo por la mañana. Si lo que queremos lograr es una producción musical, atraer a una multitud, o un evento motivacional, entonces no es tan importante quién hace qué. Pero si somos la congregación de la iglesia, los “llamados fuera”, aquellos a los cuales Jesucristo ha redimido con su sangre, que han profesado la fe en su sacrificio expiatorio, y los que estamos buscando vivir para su gloria, entonces importa. Hablando acerca de la iglesia, Hechos 5:13-14 dice: “De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres”. Mucho ha pasado de “ninguno de los demás se atrevía a juntarse ellos” a invitar a inconversos a dirigir/servir en la iglesia. Puede que veamos a personas ser salvas a corto plazo, pero sin duda hay otras maneras para que esto pueda suceder sin que las lineas de distinción entre la iglesia y el mundo se vuelvan más dificiles de identificar.

‪Una última reflexión. Es verdad que las cosas siempre van mejor cuando los pastores explican los requisitos para el desempeño de diferentes roles. Pero parece que el énfasis de la Escritura es siempre en que los líderes y cristianos han de ser ejemplos (Heb. 13:7; 1 Tim. 4:12; 1 Ped. 2:12)  y que la iglesia se compone de aquellos que se han arrepentido de sus pecados y han confiado en Cristo para su salvación.

‪En nuestro deseo honesto de que la iglesia sea una comunidad donde el no creyente se sienta bienvenido y pueda ver el evangelio en acción, podemos borrar la distinción entre los que son propiedad de Cristo y los que no lo son, entre aquellos que han confiado en Cristo y los que no, entre los que viven para el reino de la luz y los que viven para el reino de las tinieblas. Si esto suena polarizante, es porque esa es la manera en que Dios describe nuestra posición, o dentro o fuera de Cristo (Rom 12:4-5; 2 Cor 5:17; Col 1:13).

‪Los cristianos son aquellos que han sido reconciliados, redimidos y restaurados con el Padre. Nos reunimos como su pueblo para celebrar y recordar la gracia que hemos recibido en Cristo. El incrédulo es bienvenido a venir y observar nuestro vínculo común en el evangelio, y esperemos que sea afectados por él. Esa es siempre nuestra oración.

‪Pero por el bien del evangelio y la pureza de la iglesia, animémosle a poner su confianza en el Salvador a través de nuestro ejemplo, testimonio, diálogo, amor, y proclamación, y no pidíendole que participe en la adoración que solo es posible a través de la obra de regeneración del Espíritu. No queremos llevarlos ni a ellos ni a la iglesia a pensar que ya son parte de la comunidad redimida antes de que hayan sido redimidos.

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