¿Predicar la Palabra o ser guiados por el Espíritu? El Espíritu Santo y la predicación

Un tema descuidado en muchos círculos evangélicos es el papel del Espíritu Santo en la  proclamación de la Palabra. La Biblia menciona varias veces que la Palabra de Dios es “viva” (Hebreos 4:12; 1 Pedro 1:24). ¿Qué le da a la Palabra este poder vivificante? El Único que habla a través de ella, es decir, Dios mismo por el poder del Espíritu.

Cuando la Palabra de Dios es proclamada y transmitida por el Espíritu, el aspecto “vivo” de la Palabra crea vida en aquellos que reciben la Palabra. John Woodhouse describe la relación entre la Palabra y el Espíritu de esta manera: “Una doctrina bíblica de la Palabra de Dios debe necesariamente ser integrada con la doctrina del Espíritu de Dios, y, a la inversa, un entendimiento bíblico del Espíritu de Dios es inseparable del concepto de la Palabra de Dios. La Palabra es el implemento del Espíritu, y el Espíritu el aliento por el cual Dios habla”.

Un buen ejemplo de esto es la predicación de Pedro en el libro de Hechos. Después de haber sido lleno del Espíritu en Pentecostés, Pedro comenzó a predicar de las Escrituras para probar que Jesús era el Cristo. ¿Cuál fue la respuesta a la Palabra predicada en el poder del Espíritu? Tres mil almas creyeron (Hechos 2:41). Esto no debería ser sorprendente. ¿Qué es lo que el apóstol Pablo describe como la “espada del Espíritu?” La Palabra de Dios (Efesios 6:17). Y, ¿quién inspiró las Escrituras mismas? El Espíritu Santo (2 Pedro 1:21). La Palabra es vida y el Espíritu es el mensajero que imparte esa vida a los oyentes, masajeándola en sus corazones y facultándolos para que crean y obedezcan.

Necesitamos de ambos

Algunos se enfocan solo en ser “guiados por el Espíritu” y no quieren que la Palabra se interponga en el mover del Espíritu. Esta forma de pensar es incorrecta por varias razones. Primero, las palabras del predicador llegan a depender de su propia experiencia subjetiva con Dios. Esto no sigue el mandato de la Escritura de “Predica la Palabra” (2 Timoteo 4:2), y puede guiar a la gente por un mal camino, al motivarlos a buscar experiencias especiales con Dios apartadas de las directrices de Su Palabra. Además, también muestra una doctrina errónea del Espíritu. El Espíritu es quien nos ilumina la verdad de las Escrituras y nos muestra a Cristo (Juan 16:13-14).

Un error opuesto sería mantener la verdad solo en un nivel intelectual, pensando que todo lo que se necesita es una explicación fiel de las Escrituras sin el poder del Espíritu que las conecte con los corazones y las vidas de los oyentes. No estoy diciendo que la Palabra puede ser genuinamente predicada separada del Espíritu: esa no es la idea. Isaías 55:11 nos recuerda que la Palabra de Dios alcanzará los propósitos que Él tiene para ella. Podemos estar tan enfocados en el aspecto intelectual de la predicación y el estudio de las Escrituras que nos olvidamos de nuestra necesidad de ser hombres que buscan Su rostro para traer Su mensaje viviente a nuestra congregación. La tarea de la predicación no es solo un ejercicio académico, es también algo que fluye de nuestras vidas al estar con el Señor.

Un velero puede ser estructuralmente confiable, increíblemente útil y también rápido. Pero solo se moverá cuando el viento sople en sus velas y lo empuje sobre el agua. De manera similar, la Palabra de Dios y su poderosa verdad pueden ser expuestas claramente, pero si no está acompañada por el estimulante poder del Espíritu, la verdad de la Palabra puede ser objetivamente escuchada, pero careciendo del poder y aplicación vivificante para nuestros corazones.

Un predicador entonado con el corazón de Dios trabajará diligentemente para estudiar y proclamar las Escrituras y depender del mover del Espíritu de Dios a través de la Palabra para alcanzar Su poder vivificador. Debemos de mover las velas de nuestra predicación para que el viento del Espíritu pueda mover y atrapar las velas de la Palabra, y así hacer llegar poderosamente Su verdad a los oyentes.

Cómo predicar la Palabra por el poder del Espíritu

No hay una fórmula mágica para predicar la Palabra por el Espíritu, pero a continuación hay algunas ideas que considerar:

1.Ore a través de todo el proceso de predicación

Los predicadores deberían estar en oración, buscando la dirección del Espíritu durante la preparación, proclamación, y después de la predicación, pidiendo al Espíritu de Dios que convenza y anime a través de la Palabra. La oración es una forma en que mostramos nuestra total dependencia en el Señor. ¿Cómo puede un predicador traer vida a personas espiritualmente muertas (Efesios 2:1)? Él no puede, solo el Espíritu de Dios puede dar vida a lo muerto (como en Ezequiel 37). Permita que esa verdad lo mueva a depender constantemente en el Señor en oración.

2.Prepárese en la Palabra

Depender en el Espíritu no es excusa para ser perezoso en el estudio. Los predicadores necesitan ser diligentes en su estudio de las Escrituras, para que puedan entenderlas lo suficiente como para explicarlas y aplicarlas claramente (2 Timoteo 2:15). Ore para que el Espíritu le dé entendimiento, revele la verdad y pueda ver áreas de aplicación para sus oyentes. Permita que la verdad de la Palabra de Dios obre poderosamente en su corazón y luego predique Su verdad con pasión.

3.Camine en el Espíritu

Caminamos en el Espíritu cuando ponemos nuestras mentes en las cosas del Espíritu, y evitamos contristar al Espíritu al desobedecerlo. Cuando caminamos en el Espíritu Santo, Su poder santificador nos limpia de pecado y nos prepara para buenas obras (2 Timoteo 2:21), incluyendo la tarea de predicación.

4.Invite a su congregación a orar por usted

Pablo pide por las oraciones de su pueblo varias veces, y específicamente pide por una puerta abierta para el evangelio (Colosenses 4:3), por una proclamación clara (Colosenses 4:4), y por denuedo en la proclamación del evangelio (Efesios 6:19). Invite a su congregación a orar de la misma manera por usted y porque el Espíritu pueda traer la Palabra con poder.

5.Confíe en Dios

Aun cuando no sentimos el mover del Espíritu como resultado de nuestra predicación, podemos descansar seguros de que Dios está haciendo su obra. El enemigo querrá desanimarlo a usted en su trabajo, pero confíe en Dios, que Él hará su obra por medio de Su Palabra y por Su Espíritu.

Cuando predicamos, nos preparamos para predicar, o pensamos en predicar, que nuestro pensar sea como el de Charles Spurgeon, quien subía a su púlpito constantemente diciéndose a sí mismo, “Creo en el Espíritu Santo… Creo en el Espíritu Santo…”.

Una oración por la proclamación de la Palabra por el poder del Espíritu

Oh Señor, te agradecemos por haber enviado a tu Hijo a morir por nosotros y sellar nuestros corazones con tu bendito Espíritu Santo. Enséñanos a caminar, a ministrar, y a predicar en el poder de tu Santo Espíritu. Que nuestras palabras sean valientes, claras, vivificantes, y que exalten a Cristo. Por favor, haz tu obra de convencer, santificar y facultar a tu pueblo a través de la predicación de tu Palabra. Permite que tu Palabra caiga en buena tierra y que tu Espíritu produzca nueva vida en los corazones de personas que no te conocen aún. Que todos podamos recibir tu Palabra con corazones gozosos y agradecidos y bendecir tu Nombre al amarte y disfrutar de ti.

En el poderoso Nombre de Jesús, Amén.

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