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“Que no se edifique mi iglesia, sino la Tuya”: Plantemos iglesias reconociendo que Cristo es Señor

Imagina el siguiente escenario. Comienza la plantación de una nueva iglesia. Tiene una sólida predicación expositiva, la administración correcta de los sacramentos, disciplina eclesiástica bíblica, evangelismo regular y un compañerismo gozoso, pero muchos asientos vacíos.

Un año después, la situación es parecida. El crecimiento es lento, casi un susurro. La presión comienza a aumentar. Los fondos se agotan. Hay que llenar los asientos. Entonces, la realidad se impone: el método de siempre no está funcionando. El plantador puede empezar a preguntarse: «¿Realmente lo hacía así Pablo? Porque no parece muy eficaz. Necesitamos algo más actualizado. Necesitamos algo que atraiga a la gente. Algo que produzca una chispa».

¿Hay algún plantador de iglesias que se identifique con esta historia?

Dependiendo de dónde vivas, puede parecer que pocas personas tienen hambre del evangelio. Según estadísticas recientes, apenas entre el 10 y el 29 % de las personas en Europa creen en Dios. En Estados Unidos, el 65 % de los adultos que se profesan cristianos creen que «toda persona nace inocente a los ojos de Dios» y el 56 % cree que «Dios acepta la adoración de todas las religiones». No vemos que tres mil personas se añadan a la iglesia después de un solo sermón. No vemos multitudes de almas seculares corriendo a unirse a iglesias bíblicas.

No me malinterpretes. En nuestra red de plantación de iglesias tenemos familias e individuos que crecen rápidamente en su devoción al Señor Jesús. Hemos visto personas ser convertidas, relaciones restauradas, el pecado ser vencido y nuevos líderes ser levantados. Hemos sido testigos de cómo Dios responde a las oraciones de maneras extraordinarias.

Pero, en general, las personas no están llegando en masa a la iglesia. Las conversiones no son abundantes. Esta falta de hambre es decepcionante para todos los cristianos, pero puede crear un problema significativo para el plantador de iglesias.

Números, números, números…

Todos los plantadores de iglesias sienten la presión de crecer numéricamente. Para decirlo sin rodeos, deben asistir personas para que una iglesia recién plantada sobreviva. Pero ¿qué hacemos cuando la apatía espiritual nos rodea? ¿Qué usamos para atraer a la gente si parece que el evangelio no está «funcionando»? ¿Qué sucede cuando los medios ordinarios de gracia —como la predicación, la oración, el evangelismo, los sacramentos y el compañerismo genuino— no parecen ser suficientes para hacer crecer una iglesia? La respuesta que dé el plantador determinará la dirección de la plantación, para bien o para mal.

Quizás por eso muchos libros y talleres sobre plantación de iglesias tienden a ser formulistas y pragmáticos. «Programas para niños», «estilo de música», «dinámicas de equipo» y «atracciones para simpatizantes» son palabras de moda cuando se trata de plantar iglesias; se presentan como las supuestas maneras de atraer a la gente. Si bien asuntos como la música y cómo educar a los niños son cruciales para considerar, ¿es esto realmente lo que hizo tan eficaz a la iglesia apostólica?

Vayamos a las páginas de la Biblia para descubrir qué motivaba a los primeros cristianos. ¿Cómo los apóstoles plantaron e hicieron crecer sus iglesias? ¿Qué les daba tal poder?

El secreto está en el Soberano

La primera pregunta que un plantador de iglesias sabio se hace antes de plantar es: «¿Quién es la cabeza de esta iglesia?». ¿Soy yo? ¿Es mi denominación? ¿Es la congregación? Cualquier plantador que se precie responderá que ninguna de las anteriores. ¡Es la iglesia de Cristo!

Una cosa es decir que creemos teológicamente que Cristo es Rey, pero a menudo nuestras acciones demuestran lo contrario

Pero ¿quién es este Cristo? ¿Lo vemos como el Rey del cosmos, Aquel que tiene toda la autoridad, el poder y el dominio en el cielo y en la tierra? ¿Actuamos a la luz de esta realidad? Una cosa es decir que creemos esto teológicamente, pero a menudo nuestras acciones demuestran lo contrario. ¿Reconocemos que Cristo es Rey, pero luego nos vemos obligados a depender de nuestras propias fuerzas, sabiduría, ingenio o trucos para establecer la iglesia que estamos plantando? ¿Sentimos la necesidad de depender de la sociología, el pragmatismo o las atracciones carnales para que la gente asista? ¿Sentimos que el mensaje de la cruz no funcionará en la sociedad actual y que, por lo tanto, necesitamos sentar las bases con algo más?

Al comisionar a los discípulos para ir a las naciones, Cristo no solo dijo: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo», sino también que Él tiene: «toda autoridad […] en el cielo y en la tierra» (Mt 28:18, 20). El reinado de Cristo está en tiempo presente, no futuro. ¡Él reina ahora mismo! El escritor de Hebreos dice: «Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, […] se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (He 1:3). La frase «a la diestra» es una referencia al poder y honor presentes.

Cristo ha sido dotado de un poder real absoluto. No es simplemente el Rey de la iglesia, sino el Rey de la galaxia. Puesto que esto es verdad, deberíamos esperar ciertas consecuencias; una de ellas es Su ayuda en la plantación de iglesias. Confiamos en que Cristo movilizará todos los recursos, la ayuda y el poder que necesitemos, y que abrirá las puertas para plantar Su iglesia. Él traerá a las personas adecuadas y mantendrá alejadas a las equivocadas. En lo que respecta a la guerra espiritual, no importa cuán feroz sea la lucha, podemos contar con que Cristo someterá a todos Sus enemigos. Podemos ser optimistas y confiar en que Cristo nos ayudará en nuestros esfuerzos de plantación de iglesias, suponiendo que lo estamos haciendo a Su manera, no a la nuestra. Después de todo, es Su iglesia. Él cuida de ella. Él la defenderá. Pero también tiene una manera específica en la que quiere que se plante.

La única fuente de poder

Esto nos lleva a nuestro segundo grupo de preguntas. ¿Cómo quiere Cristo que se planten Sus iglesias? ¿Cuál era el método de la iglesia primitiva? Lo que encontramos en las páginas de la Escritura es el movimiento poderoso del Espíritu Santo, quien condujo a un evangelismo, una predicación, un compañerismo y un amor cristiano eficaces. Ese es el orden. Sin el Espíritu Santo, la iglesia primitiva habría estado indefensa.

Quizás la razón por la que sentimos la necesidad de recurrir al pragmatismo es porque nos falta el poder del Espíritu Santo

Quizás la razón por la que sentimos la necesidad de recurrir al pragmatismo es porque nos falta el poder del Espíritu Santo. Cuando el evangelio no parece estar «funcionando», a menudo nos sentimos obligados a intentar otra cosa, especialmente en el mundo de la plantación de iglesias, tan enfocado en el crecimiento. Pero cuando recurrimos a otras medidas, ya no estamos actuando en dependencia del Espíritu de Dios y ya no estamos plantando iglesias a la manera apostólica. Pronto, podríamos descubrir que nuestro poder espiritual se ha debilitado aún más, lo que nos hará depender todavía más de estrategias mundanas.

Entonces, ¿cómo obtenemos más poder o, como solían decir los de antes, más «unción» del Espíritu? Bueno, la iglesia primitiva oraba. ¿Es de extrañar que en el libro de los Hechos encontremos reuniones de oración corporativa en casi todos los capítulos? ¿Es de extrañar que encontremos a personas orando en las azoteas, en las casas, en las cárceles y a la orilla del mar? La oración era vital para el poder de la iglesia primitiva.

Casi todos los plantadores de iglesias admiten sin dudar la importancia de la oración, pero en comparación con todas las teorías y fórmulas que existen para plantar una iglesia, ¿por qué la oración suele ocupar un lugar tan bajo en nuestra lista de prioridades en la práctica? Ponemos el énfasis en los lanzamientos, en conocer gente, en la creación de una marca y en otras tácticas superficiales. Con demasiada frecuencia, descuidamos la oración y al Espíritu Santo. Sin embargo, donde el Espíritu Santo está obrando, la marca y las luces costosas se vuelven casi irrelevantes.

Como plantadores de iglesias, quizás lograríamos más si por una temporada dejáramos nuestras ajetreadas actividades y estrategias y simplemente esperáramos en Dios en oración. ¿Y si canceláramos nuestros eventos y actividades superfluos para tener más reuniones de oración? Puede ser que «tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6:6).

Haciendo lo imposible

Si hubieras observado las iglesias plantadas en los dos primeros siglos después de Cristo, ¿qué posibilidades de supervivencia les habrías dado? ¿Habrías adivinado que el cristianismo se extendería por todo el Imperio romano hasta Europa e incluso la India actual, en algunos de los territorios más oscuros y brutalmente supersticiosos de la tierra? Casi seguro que no.

Pero para el año 150 d. C., había unos 40 000 cristianos. En el 200 d. C., había unos 218 000. Para el 250 d. C., el número ascendió a más de un millón. En el siglo III, Tertuliano (155-240) pudo comentar que los cristianos llenaban «ciudades, pueblos, mercados, el propio campamento, los ayuntamientos, el palacio, el senado, el foro… Casi todos los ciudadanos de todas sus ciudades son cristianos».

¿Crecieron así con edificios lujosos y pragmatismo, o fue por el simple mensaje de la cruz acompañado por el poder del Espíritu Santo? Una y otra vez, cuando las cosas parecen más sombrías, nuestro Señor sacude el statu quo y transforma las naciones a través de iglesias sanas y bíblicas que operan por Su Palabra y por el mover de Su Espíritu en la vida cotidiana de la iglesia.

¿Qué me dices, plantador de iglesias? Mira el panorama actual: la gente tiene una necesidad extrema de Cristo. Pero plantar una iglesia puede parecer imposible. El diablo odia las iglesias nuevas. Así que lo que necesitas no es más sociología, carisma, psicología y planes centrados en el hombre. Necesitas una visión renovada del Rey de reyes.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Eduardo Fergusson.
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