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¿Permitirá Dios que nuestra desobediencia e idolatría queden sin castigo?

El Catecismo de la Nueva Ciudad
Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018), editado por Collin Hansen. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿Permitirá Dios que nuestra desobediencia e idolatría queden sin castigo?

No, todo pecado va en contra de la soberanía, la santidad y la bondad de Dios, y en contra de Su justa ley; y Dios está airado por nuestros pecados con justa causa y los castigará en Su justo juicio, tanto en esta vida como en la venidera.

Efesios 5:5-6: “Porque pueden estar seguros de que nadie que sea avaro (es decir, idólatra), inmoral o impuro tendrá herencia en el Reino de Cristo y de Dios. Que nadie los engañe con argumentaciones vanas, porque por esto viene el castigo de Dios sobre los que viven en la desobediencia”. 

Cuando Pablo predicó frente a Félix y Drusila, presentó tres puntos: justicia, dominio propio y el juicio venidero (Hch. 24). El hecho de que Félix y Drusila se encontraran en una relación adúltera no impidió que Pablo hablara muy claramente sobre la justicia de Dios. Era, por así decirlo, casi como un sello distintivo de su predicación.

La idea de que Dios es demasiado bueno para condenar el pecado y de que todos iremos al cielo no tiene base bíblica

Al final de su discurso en Atenas dice lo mismo: “[Dios] ha fijado un día en que juzgará al mundo con justicia” (Hch. 17:31). La Biblia deja en claro que no escaparemos de la convicción o de la sentencia por siempre. Llegará el día en que tendremos que pagar. 

La idea de que Dios es demasiado bueno como para condenar el pecado y de que todos iremos al cielo no tiene base bíblica. La advertencia de Pablo en Efesios 5 es para aquellos que han profesado la fe en Jesús, para que no presten atención a aquellos que sugieren otra cosa que no sea lo que él les ha enseñado, es decir, que este día vendrá —un día que está establecido, un día en el que se hará justicia absoluta, y un día en el que el juicio será absolutamente final.

Oración. Señor justo, si pensamos que somos buenos nos engañamos a nosotros mismos. Merecemos Tu ira. Hemos quebrantado Tus mandamientos y no te hemos amado de todo corazón, mente ni fuerzas. Solo podemos alegar la justicia de Cristo y pedirte que permitas que nuestro castigo caiga sobre Él. Amén.


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