No necesitamos más iglesias calvinistas

Recientemente estaba hablando con alguien sobre el estado del evangelicalismo en Guatemala. En medio de esa conversación, ambos llegamos a la misma conclusión: Guatemala necesita ser reevangelizada. Pero un momento después me di cuenta de que teníamos ideas muy diferentes de lo que esto significaba. Para mí, la iglesia en mi país debía regresar a un conocimiento sólido de las Escrituras y a una vida centrada en el evangelio. Me di cuenta de que él pensaba de manera diferente cuando respondió: “Pero…¿sabes lo que realmente necesitamos? Necesitamos iglesias calvinistas”.

¿Es cierto eso?

Cristiano: tu identidad individual

Voy a ser honesto. Me encantan las doctrinas de la gracia y admiro, respeto y pertenezco a la tradición reformada. Las 5 Solas, los 5 puntos del calvinismo, y la soberanía de Dios en la salvación de los pecadores son cosas que con mucho gusto abrazo. Pero solo las abrazo porque en ellas el evangelio es claro, glorioso y hermoso. Podrías decir que funcionan como clarificadores para mi fe y mi identidad, pero no definen mi identidad. El error que muchos de nosotros cometemos es que elevamos los clarificadores sobre el objeto que clarifican: el evangelio.

En primer lugar, nuestra identidad está en el evangelio: la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, a través de quién los pecadores son salvos y reconciliados con Dios. Las doctrinas de la gracia son muy útiles para nosotros, ya que nos conducen hacia el evangelio. Nos dan una imagen bíblica de un Dios grande que salva a los pecadores pequeños. Hacen que el evangelio sea claro.

El error que veo que muchos de nosotros cometemos es revertir ese pensamiento y convertir el evangelio en una especie de “peldaño” hacia la tradición reformada. Debemos preguntarnos: “¿Amo a las doctrinas de la gracia porque me conducen al evangelio, o amo el evangelio porque me conduce a las doctrinas de la gracia?”. Hay un océano de diferencia entre esas dos respuestas.

Ser apasionado sobre las 5 Solas o la tradición reformada es algo muy bueno, siempre y cuando no creas que el evangelio no es suficiente en sí mismo. Si piensas que es necesario agregar algo más convincente al evangelio, entonces estás reclamando que el evangelio está incompleto, y estás dando un mensaje anatema (Gálatas 1:8).

No es necesario añadir algo al evangelio. Es el poder de Dios para la salvación de todos los hombres (Romanos 1:16-17), es de primera importancia (1 Corintios 15:3), y ha sido confiado para que lo proclamemos sin excusas (1 Corintios 9:16). Entender la verdad central del evangelio da una base a través de la cual podemos entender otras verdades importantes de la Biblia. Aún así, las otras verdades importantes nunca son más importantes que el propio evangelio.

La definición de un cristiano comienza con Cristo, no el calvinismo. Un cristiano ha sido perdonado de sus pecados y reconciliado con Dios por la fe en la vida, muerte, y resurrección de Jesús. Como cristianos, olvidamos fácilmente esto y tratamos de sustituir nuestra identidad en Cristo con otras cosas, incluso cosas buenas como la sana doctrina. Necesitamos poner cada cosa en su lugar. Piensa en tu propia vida: ¿llegaste al conocimiento de Cristo por las 5 Solas, o porque escuchaste y creíste el evangelio? Ahora, profundizar en las verdades del evangelio con toda probabilidad te llevarán a las 5 Solas.

Iglesia: tu identidad colectiva

El problema con decir algo como “Necesitamos iglesias calvinistas” es que confunde un buen clarificador con la cosa que está clarificando. Las 5 Solas son buenas flechas para apuntar al evangelio. Son lentes que clarifican, pero no son el evangelio. Si confundes el clarificador con el objeto que clarifica entonces empiezas a asumir el evangelio y decirle a la gente, “si no eres un calvinista, no eres un cristiano”.

Es similar a lo que  sucedió con los cristianos en Corinto (1 Corintios 1). Algunos decían seguir a Pablo, otros a Cefas y Apolos, y otros a Cristo. Pero sabemos que incluso los cristianos que afirmaban seguir a Cristo no estaban en realidad gloriándose en Cristo, sino en ellos mismos por hacerlo. Ya es hora de dejar de identificarnos orgullosamente en los “ismos” y comenzar a vernos con humildad como realmente somos a la luz del evangelio: pecadores necesitados de la gracia de Dios.

El factor determinante que decidirá la unidad de la iglesia es la identidad de la iglesia. Cada iglesia se centrará en algo, y nada trae humildad, la unidad, el poder, y gozo a un grupo de discípulos como el evangelio.

Veamos esto un poco más. Cuando una persona es salva, no solo se une a Cristo, sino también a cualquier otra persona que se une a Cristo. Efesios 2:14-16 explica que ser reconciliado con Dios significa reconciliarse con todos los demás que se han reconciliado con Dios. También somos “conciudadanos” y “miembros de la familia de Dios” (v.19); nos “unimos” con Cristo en un “templo santo” (v. 21). Hebreos 2:11 describe la naturaleza de nuestra relación con otros creyentes, “Porque el que santifica y los que son santificados, todos tienen una fuente”. Todos los creyentes genuinos pertenecemos al mismo Dios, y la Iglesia es un grupo de hermanos pecadores, enemigos naturales, que han sido reconciliado con el mismo Dios y adoptados en la misma familia.

Entonces, ¿qué es lo que alimenta y empodera la unidad de los creyentes? ¿Qué impulsa a la misión de la iglesia? ¿Qué permite la adopción de pecadores rebeldes como hijos justos? Desde luego, es el evangelio, no una tradición. Así que, por supuesto que debemos abrazar cosas como el calvinismo que nos ayudan a ver al evangelio más claro y brillante, pero no bajo la bandera del propio calvinismo, sino bajo la bandera del evangelio. Como Iglesia, no crecemos por enseñar una y otra vez las 5 solas: crecemos por el estudio de las Escrituras y el evangelio. Y el profundizar en las Escrituras y en la belleza del evangelio nos ha de llevar a enseñar las 5 Solas y a otras verdades profundas. 

Entonces, ¿qué tipo de iglesias necesitamos?

Espero que entiendas que no estoy argumentando en contra del calvinismo y la tradición reformada. ¡Todo lo contrario! Son guías para un mayor amor, aprecio, y comprensión de lo que Jesús ha dicho y hecho por mí. Clarifican al evangelio, y espero que muchos lleguen a apreciarlas de la misma manera en que yo lo he hecho. Sin embargo, mi mayor esperanza es que no nos concentremos en los clarificadores, sino en el objeto que clarifican.

Entonces, ¿qué tipo de iglesias necesitamos? No necesitamos iglesias calvinistas. Necesitamos iglesias centradas en el evangelio; que sean alimentadas, impulsadas ​y sostenidas por el evangelio. Necesitamos iglesias que sean más de Jesús que de cualquier tradición, ya sea el calvinismo, arminianismo, o cualquier otra cosa. Necesitamos iglesias compuestas de individuos que permanecen en Cristo por encima de todas las cosas. Como John MacArthur explica:

“El enfoque sencillo de mi vida es ser como Cristo. Es por eso que tengo que dejar que la palabra de Cristo habite en mí ricamente, como dice Colosenses 3:16. Es por eso que tengo que contemplar la gloria de Cristo, 2 Corintios 3:18, de modo que pueda ser cambiado en su imagen. Por eso Cristo debe ser formado plenamente en mí, Gálatas 4:19. Es por eso que si digo que permanecemos en él, tengo que andar como él anduvo, 1 Juan 2. Debo ser como Cristo. Este es el objetivo de mi vida”. —John MacArthur, Huyendo de los enemigos.

Soli Deo Gloria.

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