Lo que tu profesor de biología no te dijo de Charles Darwin

Charles Darwin es un gran héroe británico. Eso no es sorprendente, ya que fue uno de los pensadores más influyentes de los últimos 200 años. Por casualidad yo viví frente a los antiguos alojamientos de Darwin cuando era estudiante en la Universidad de Cambridge, así que miraba cada mañana una placa azul que lo aclamaba como uno de los más grandes británicos que jamás ha vivido. No digo que no merece esa placa conmemorativa, pero debo señalar que no fue un héroe británico, sino un villano británico. No es necesario ser un evangélico fundamentalista para preguntarse si el pensamiento de Darwin merece un poco más de reflexion.

Cualquiera que sea tu opinión sobre los orígenes y la evolución, podemos estar de acuerdo en que, en la actualidad, damos demasiado honor a un pensador británico que justificó el genocidio.

Devaluación de los seres humanos

Darwin no ocultó su opinión de que su pensamiento evolucionista aplicaba tanto a las razas humanas como a las especies animales. El título completo de su influyente libro de 1859 fue Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o La preservación de razas favorecidas en la lucha por la vida. Lo dijo más explícitamente en El origen del hombre, en el que explicó su teoría racial:

Las naciones occidentales de Europa… ahora superan inmensamente a sus antiguos progenitores salvajes, y por ende ahora se encuentran en la cumbre de la civilización… Las razas civilizadas del hombre ciertamente exterminarán y reemplazarán a las razas salvajes a lo largo del mundo.

Afortunadamente, la mayoría de los británicos hoy en día se avergüenzan por la retórica racista detrás del Imperio británico victoriano. Lo asombroso es lo poco que entienden que Charles Darwin y su teoría de la evolución proporcionaron la doctrina detrás de la supremacía blanca. Mientras que el Imperio británico de principios del siglo XIX había sido dominado por reformadores cristianos como William Wilberforce, que vendía placas de esclavos que proclamaban: “¿No soy un hombre y un hermano?”, los escritos de Darwin convirtieron un imperio con conciencia en un imperio con una filosofía científica. Cuatro años después de que Darwin publicara El origen de las especies, James Hunt lo convirtió en una justificación para la esclavitud. En su artículo de 1863, “El lugar del negro en la naturaleza”, afirmó: “Nuestros comerciantes de Bristol y Liverpool, quizá, ayudaron a beneficiar a la raza cuando transportaron algunos de ellos a América”.

Los reformadores cristianos habían pasado décadas a principios del siglo XIX enseñando a Gran Bretaña a ver a las razas no europeas como sus iguales ante Dios. En cuestión de años, Darwin no solo sacó a Dios de la mesa, sino también el valor de las personas de cada raza.

Habilitando el genocidio

La Gran Bretaña victoriana estaba demasiado dispuesta a aceptar la evolución darwiniana como su evangelio de expansión en el extranjero. Darwin todavía se celebra en la parte posterior del billete británico de £10 por su descubrimiento de muchas especies nuevas en su visita a Australia; lo que se ha olvidado, sin embargo, es su actitud despreciable —debido a sus creencias sobre la selección natural— hacia los aborígenes que encontró allí. Cuando The Melbourne Review usó las enseñanzas de Darwin para justificar el genocidio de los australianos indígenas en 1876, él no intentó detenerlos. Cuando el periódico australiano argumentó que “la inexorable ley de la selección natural [justifica] exterminar a las razas australianas y maoríes inferiores”, que “el mundo es mejor por eso”, ya que no hacerlo sería “promover la no supervivencia del más apto, protegiendo la propagación de lo imprudente, de lo enfermo, de lo defectuoso, y de lo criminal”, fueron los misioneros cristianos quienes clamaron por este genocidio olvidado. Darwin simplemente comentó: “No conozco un ejemplo más llamativo de la tasa comparativa de aumento de una raza civilizada sobre una raza salvaje”.

Mientras tanto, a varios miles de kilómetros de distancia, Cecil Rhodes abrazaba alegremente el pensamiento de Darwin como justificación para la expansión blanca en el sur de África. Estaba tan inspirado en El martirio del hombre del evolucionista darwinista Winwood Reade que más tarde confesó: “Ese libro me ha hecho lo que soy”.

Lo convirtió en el arquitecto de uno de los actos más brutales e inmorales de la expansión europea y del genocidio en la historia. Rhodes escribió en 1877:

Afirmo que somos la mejor raza en el mundo, y mientras mas habitemos el mundo, mejor será para la raza humana… Es nuestro deber aprovechar cada oportunidad de adquirir más territorio, y debemos mantener esta idea constante ante nuestros ojos, que más territorio significa simplemente más de la raza anglosajona, más de la mejor, la más humana, la raza más honorable que el mundo posee.

Si lo que Rhodes creía te suena sorprende —y espero que lo haga—entonces debes entender que él simplemente dijo lo que sacó de las obras de Darwin y Francis Galton, primo de Charles Darwin, que extrapoló el pensamiento de su primo para ser pionero de la eugenesia racial.

Selecciona tu opción

He usado ejemplos británicos porque soy británico, y parece más educado señalar los errores en mi propia visión del mundo nacional que en el de otras naciones. Podría haber señalado cómo el pensamiento de Darwin fue utilizado por los estadounidenses de finales del siglo XIX para justificar los actos de genocidio contra los nativos americanos. Podría haber señalado cómo Hitler y sus filósofos nazis lo usaron para justificar sus guerras de expansión y el horroroso holocausto. Podría haber señalado cómo la Rusia comunista utilizó la evolución darwiniana para justificar su liquidación de grupos de personas no rusas dentro del imperio soviético. Podría haber señalado cómo fue utilizada por los serbios para justificar su genocidio contra los Croatas y Kosovares.

Pero no es necesario. El ejemplo británico es suficiente para cuestionarnos si Charles Darwin fue realmente un héroe británico. Al menos deberíamos despojarlo de nuestro billete de diez libras, y dejar de proteger su pensamiento del escrutinio que merece en las aulas de la escuela, en los documentales de televisión, y en los corredores del poder.

Porque estés o no de acuerdo con sus pensamientos sobre la evolución, debes por lo menos querer descubrir que se equivocó.

¿Quién preferirías descubrir que tenía razón después de todo? ¿Los reformadores cristianos de principios del siglo XIX, como William Wilberforce y el conde de Shaftesbury, que argumentaron por creer en la creación divina que los esclavos debían ser liberados, y que los niños no debían ser obligados a morir en las fábricas por haber nacido de padres equivocados? ¿O Charles Darwin, que argumentó desde la creencia en un principio ateísta del universo que la selección natural es una virtud y que, por consiguiente, los actos de genocidio son parte integral de la forma en que siempre ha sido el mundo?

En las palabras del mismo Jesús: “Por sus frutos los conocerán”.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Raúl Caban.
Imagen: Wikipedia
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