×

¿Qué es lo que Dios exige en el primer, el segundo, y el tercer mandamiento?

El Catecismo de la Nueva Ciudad

Más de John Lin

Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018), editado por Collin Hansen. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿Qué es lo que Dios exige en el primer, el segundo, y el tercer mandamiento?

En el primero, que conozcamos a Dios y confiemos en Él como el único Dios vivo y verdadero. En el segundo, que evitemos toda idolatría y no adoremos a Dios inapropiadamente. En el tercero, que tratemos el nombre de Dios con temor y reverencia, honrando también Su Palabra y Sus obras.

Deuteronomio 6:13-14: “Teme al Señor tu Dios, sírvele solamente a Él, y jura solo en Su nombre. No sigas a esos dioses de los pueblos que te rodean” (NVI).

Los primeros tres mandamientos nos muestran cómo debemos vivir a la luz de que hay un único Dios vivo y verdadero. El primer mandamiento nos dice que no debemos tener otros dioses fuera de Dios. Él debe ser el objeto exclusivo de nuestra adoración, el mayor objeto de nuestro amor y deseo. El segundo mandamiento es similar y nos dice que no debemos adorar a Dios según nuestra propia idea de quién es Dios, lo que la Biblia llama idolatría. Debemos adorar a Dios de acuerdo a quién Él es y no de acuerdo a lo que queremos que Él sea. En otras palabras, no adores a dioses falsos y no adores a Dios falsamente.

El tercer mandamiento es bastante similar a los primeros dos. No debes utilizar inadecuadamente o maltratar el nombre de Dios. Sabemos que el nombre de Dios describe Su carácter, la esencia de Su ser, por lo cual Él mismo dijo a Moisés que Su nombre es “Yo Soy”. En otras palabras, Dios está diciendo: “Mi nombre es que Yo existo en Mí mismo y soy eterno”.

No utilizar el nombre de Dios inadecuadamente no solo implica que existen ciertas palabras que podemos utilizar y otras que no debemos pronunciar. Significa que cuando hablamos de Dios, ya sea con palabras o con nuestro estilo de vida, debemos honrar y respetar toda Su identidad.

Consideremos los primeros dos mandamientos un poco más a fondo. Digamos, por ejemplo, que crees en tu corazón que tener cierta meta en tu vida—prestigio, alguna clase de trabajo, una relación con la persona de tus sueños—te proveerá la mayor comodidad y le dará valor a tu vida. De una forma funcional, esperas que esa meta te llene más que Dios. Eso es quebrantar el primer mandamiento. Has convertido a tu meta en un dios. El prestigio, cierto trabajo, o una persona se ha convertido en el objeto de tu adoración.

Si Dios está en el centro de nuestras vidas, entonces tendremos verdadera paz.

La otra cara es que si adoras a Dios porque crees que Él debe proveerte comodidad, dándote el prestigio, el trabajo, o la relación que deseas, también estás violando los mandamientos. Has impuesto tu concepto de quién es Dios sobre Dios. Has creado un dios a tu medida, un ídolo. Los primeros dos mandamientos establecen que solo adoremos a Dios, que adoremos a Dios como Dios verdadero y que no adoremos a los dioses que fabricamos, a los ídolos.

Así que ¿por qué insisten estos mandamientos en que adoremos solamente a Dios y en que lo adoremos como Él es y no como queremos que sea? ¿Por qué el tercer mandamiento insiste en honrar y respetar Su nombre y Su carácter? Es porque Dios nos creó con un deseo que solo Él puede satisfacer —un deseo por Él. Si siempre estamos intentando cambiar lo que Dios es o reemplazarlo con otra cosa, nunca estaremos en paz. Nunca experimentaremos verdadero consuelo, verdadero propósito, ni verdadero gozo. Nunca estaremos completos. Pero si Dios está en el centro de nuestras vidas, no otro dios ni una versión modificada de Dios, sino el Dios vivo y verdadero, entonces tendremos verdadera paz.

Esto es precisamente lo que escribió Agustín: “Nos has creado para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”.

Oración: Único Dios, Tu nombre es sobre todo nombre y venimos a Ti con reverencia y con temor. Permite que seamos fieles a Tus mandamientos. Revélanos cualquier dios falso en nuestras vidas. Permite que te alabemos solo a Ti en espíritu y en verdad. Amén.


Consigue este libro en Amazon | Poiema

CARGAR MÁS
Cargando