La sonrisa de la Reforma: Pierre Viret

Martín Lutero no estuvo solo hace 500 años. Y no está solo hoy. Para marcar los 500 años de la reforma, Desiring God preparó una serie con un artículo nuevo cada día por el mes de octubre a través de personajes clave de este evento.

Pierre Viret, nacido en 1511, fue un apologista, orador, humorista, y economista. Su pensamiento estaba bastante adelantado en comparación a sus contemporáneos. Además de todo esto, también fue un gran teólogo.

Una biografía reciente de Pierre Viret por Jean-Marc Berthoud está subtitulada: “Un gigante olvidado de la Reforma”, y eso prácticamente lo resume todo. Estamos tan acostumbrados a recordar a los gigantes más conocidos de la reforma, como a Lutero y Calvino, que a veces olvidamos que tenían compañeros.

El padrino de Ginebra

Viret era un amigo íntimo de Calvino, y ambos tenían una deuda significativa con el mismo hombre, Guillermo Farel. Farel fue quien había oído que Calvino estaba pasando por Ginebra en su camino a una vida tranquila en una biblioteca en algún lugar, y lo persuadió a que se quedara allí para ayudar con el trabajo de Reforma. “Persuadió” es una manera suave de ponerlo —predijo truenos y ruina si Calvino no se quedaba—, y así fue cómo Guillermo Farel asustó a Calvino para alcanzar su lugar prominente en la historia del mundo.

Pierre Viret era nativo de Suiza, pero había ido a la Universidad de París. Se convirtió a la fe reformada mientras estaba allí, y huyó a su ciudad natal de Orbe para alejarse de las persecuciones que habían estallado en París. Farel fue el hombre que llamó a Viret al ministerio, y así fue que predicó su primer sermón a la edad de 20 años, en mayo de 1531. Esto fue cinco años antes de que Calvino fuera confrontado por Farel. Bajo su ministerio de predicación en Orbe, Viret tuvo el gran privilegio de ver a sus padres convertirse y abrazar la Reforma.

Así como Calvino se asoció con Ginebra, Viret se asoció con Lausana. La Academia de Ginebra es justamente famosa, pero esa academia fue en realidad la hijastra del trabajo anterior de Viret. Viret había fundado la primera Academia Reformada en Lausana en 1537. Esa academia creció y floreció allí, y en su apogeo tenía cerca de mil estudiantes. Algunos de sus exalumnos más tarde escribieron el Catecismo de Heidelberg (Ursinus y Olevianus) y la Confesión belga (de Bres). Y Teodoro Beza fue el director allí.

Puentes quemados en Berna

Pero Viret se enfrentó a un desafío similar al que se enfrentó Calvino: el tema de la disciplina eclesiástica controlada por el estado. Ya que Lausana estaba bajo la autoridad de la ciudad de Berna, y ya que las autoridades civiles allí no permitían la disciplina de la iglesia aparte de su revisión y permiso, el resultado fue corrupción moral continua.

Por ejemplo, un hombre estaba manejando un círculo de prostitución desde la casa de su madre, y Berna prohibió el excluirlo de la Santa Cena. Según el biógrafo Jean-Marc Berthoud: “En sus escritos polémicos, Viret declaraba con frecuencia que el papa bernés, con su casaca corta (el estado absoluto), era un enemigo mucho peor para la fe que el viejo papa de Roma, con su toga larga” (Pierre Viret, 35).

Después de muchas apelaciones, Viret decidió que simplemente necesitaba trazar la línea. Hizo que las autoridades locales pospusieran un servicio de comunión para poder examinar e instruir a quienes venían a participar. Cuando los señores de Berna oyeron esto, se indignaron y exigieron que Viret fuera despedido, y lo fue. Viret entonces fue a Ginebra, y la facultad entera renunció en protesta. Como resultado, unos meses más tarde, se formó la Academia de Ginebra. En efecto, la Academia de Lausana se reubicó, y una nube de bendición con ella.

Un reformador sonriente

Farel, mencionado anteriormente, era completamente ortodoxo, pero debe reconocerse que su cabeza estaba algo en llamas. Viret, por el contrario, era mucho más equilibrado. Aunque Viret era un polémico eficaz, y de ninguna manera un pacifista eclesiástico, cuando murió en 1571, obtuvo el sobrenombre de “la sonrisa de la Reforma”.

Viret sabía cómo ser combativo, pero también era muy placentero. Que su tribu regrese y aumente.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Kevin Lara
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