La predicación es cosa seria

La fe cristiana y la Reforma hace 500 años permanecen de pie o caen con la verdad de la enseñanza de Pablo en Gálatas. Esta carta trata asuntos de los que depende tu destino eterno.

“Si alguien les anuncia un evangelio contrario al que recibieron, sea anatema”, Gálatas 1:9.

Por lo tanto, la carta de Gálatas, la Reforma, y la convicción cristiana sobre la justificación debe hacer eco en nosotros con una seriedad completa en al menos tres niveles:

  • Seriedad completa en la alegría por la gracia y la paz que es nuestra en Gálatas 1:3, y la liberación del mal y de la destrucción que es nuestra en el 1:4, y la gloria de Dios que satisface al alma en el 1:5.
  • Seriedad completa en asombrarnos (como vemos en el 1:6) si nosotros, nuestros hijos, o nuestros amigos se apartan de esta gracia a un evangelio que no es evangelio.
  • Seriedad completa por la ira hacia cualquiera que, como los del versículo 7, distorsionan el evangelio y destruyen las almas humanas. Que ellos sean malditos.

La eternidad en juego

Solo piénsalo: maldito (Gal. 1:9). ¿Maldición de quién? ¿De Pablo? La maldición de Pablo no es nada comparada con la maldición de Dios. Pablo dice en el 3:13: “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, habiéndose hecho maldición por nosotros”.

Pero luego viene un grupo que pretende venir de Santiago en Jerusalén (2:12), el cual está alejando a los Gálatas de la sustitución de Cristo que es suficiente para eliminar la maldición. Así que Pablo dice: “¡Malditos!”, malditos sean aquellos que alejan a las personas del evangelio de Cristo que quita la maldición.

Malditos sean los que maldicen.

¡Ay del pastor que crea un ambiente de entretenimiento en su iglesia donde la seriedad se siente fuera de lugar!

Esto está sucediéndole a las personas en tu iglesia y en tu familia. Están siendo expuestos a tipos de “evangelios” que no son evangelios, todos los días. Se les está alejando de Cristo como tesoro supremo, lejos de la gracia. Y necesitan escuchar de ti una palabra muy seria.

“De Cristo se han separado, ustedes que procuran ser justificados por la ley; de la gracia han caído”, Gálatas 5:4.

“¡Oh, Gálatas insensatos! ¿Quién los ha fascinado a ustedes, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado? […] ¿Han padecido tantas cosas en vano? ¡Si es que en realidad fue en vano!”, Gálatas 3:1, 4.

¡Ay del pastor o del líder de adoración que crea un ambiente de entretenimiento en su iglesia donde esta clase de seriedad se siente fuera de lugar!

Autoridad y justificación

Dos de las grandes verdades indispensables de la fe cristiana que la Reforma protestante recuperó de las Escrituras —y de debajo de las montañas del sacramentalismo, el ritualismo, y las obras meritorias en la Iglesia católica romana— fueron la autoridad suprema de las Escrituras sobre toda autoridad humana (incluyendo el papa y todos los concilios), y la verdad de que los seres humanos pecaminosos son justificados ante Dios no sobre la base de ninguna justicia de su propia acción, sino solo sobre la base de Cristo crucificado, resucitado, y justo.

A esas dos recuperaciones a veces se les llaman el principio formal (la autoridad suprema de la Escritura) y el principio material (la justificación solo por la fe) de la Reforma.

La carta de Pablo a los gálatas fue crucial en recuperar estas verdades porque estos dos principios son el enfoque del libro. Los capítulos 1 y 2 tratan principalmente del principio formal: la autoridad apostólica de Pablo. Los capítulos 3 y 4 tratan principalmente del principio material: la justificación por la fe aparte de las obras de la ley. Los capítulos 5 y 6 tratan principalmente de cómo esto se ve en la vida personal.

Un exégesis de Gálatas de abajo a arriba

En el capítulo 1 el enfoque recae en gran medida en el fundamento del evangelio en su origen divino a través de la autoridad apostólica de Pablo, no en el contenido material del evangelio de la justificación. Quizá la mejor manera de centrarse en esto es enfocándonos en el argumento de Pablo, no en el orden en que lo dio, sino en reconstruir su argumento desde su base hasta el resultado final, con cada paso del argumento siendo la base de aquel que está inmediatamente debajo.

Déjame ilustrar. Supongamos que me dices: “No puedo hablar ahora, voy tarde. Tengo que darme prisa o perderé el tren”. Si quiero decirle a alguien lo que me dijiste, podría repetirlo así como lo dijiste. O podría analizarlo y luego reconstruirlo comenzando con la base más profunda y terminar con el resultado final. Entonces, sería así: “Iba tarde. Por lo tanto, estaba a punto de perder su tren. Por lo tanto, tenía mucha prisa. Por lo tanto, no podía hablar contigo”. El orden de las cuatro declaraciones en mi exposición es totalmente diferente del orden en que se dijo. Pero la lógica es exactamente la misma.

Esa es la razón por la que me resulta útil pensar así. Donde solo hay cuatro afirmaciones, puedes ver de manera inmediata e intuitiva cuáles son las conexiones lógicas, cuál es la causa, y cuál es el efecto. Pero cuando estás tratando con 24 versos, como en Gálatas 1, se puede perder fácilmente el rastro de cómo encajan las piezas.

La predicación es hacer que la estructura del argumento bíblico sea clara.

Esa es una de las cosas, me parece, que la predicación es: hacer que la estructura del argumento sea clara. Una forma de hacerlo es reconstruir el argumento desde la base más profunda hasta el resultado final, con cada paso en el argumento basándose en el que lo respalda de manera más inmediata. Ir de esa manera ayuda a los lectores de Pablo a ver por qué está tan exasperado con aquellos que predicaban otro evangelio. De hecho, debemos seguir su ejemplo porque, como lo expresa Pablo, no hay otro evangelio que aquel que él predicó.


Este es un extracto adaptado del nuevo libro Christ Has Set Us Free: Preaching & Teaching Galatians (Crossway / TGC) editado por D. A. Carson y Jeff Robinson, Sr.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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