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En el largo debate que se ha dado sobre la interpretación de Génesis 1, es importante poder tener una convicción clara sobre el tema. Al mismo tiempo es importante continuar el diálogo con nuestros hermanos y hermanas en Cristo que sostienen diferentes posturas a la nuestra (por ejemplo esta). El objetivo de abrir esta conversación es considerar las implicaciones directas e indirectas de cada postura. Cuando un tema como este nos lleva a profundizar en nuestro conocimiento de las Escrituras y a entender mejor el evangelio, vale la pena.

Aunque otros maestros de la Palabra han hablado ya bastante sobre este tema, a continuación quiero brevemente exponer por qué creo en una creación de seis días literales, y por qué creo que es importante.

Una exégesis consistente en Génesis

El género literario de Génesis debería ser el punto de partida para su interpretación. ¿A qué género pertenece? Me parece que es narrativa histórica. Así es como consideramos la historia de Caín y Abel, o de José y sus hermanos. Si todo el libro no es narrativa histórica, ¿en qué momento comienza a serlo? Es un poco arbitrario categorizar una parte del libro en otro género con el propósito principal de hacer que no tenga conflicto con teorías naturalistas sobre el origen de la vida.

Jesús y los apóstoles hicieron referencia a Génesis como historia, y específicamente al hablar de Adán y Eva como algo sucedido en el principio de la creación.

Jesús y los apóstoles hicieron referencia a Génesis como historia (Mr. 10:5-8; Ro. 5:14), y específicamente al hablar de Adán y Eva como algo sucedido en “el principio de la creación” (Mr. 10:6). Sería un poco extraño ese concepto si “principio de la creación” realmente son millones de años después del comienzo de la creación. Tanto para Jesús como para Pablo, Adán es un personaje histórico.

No hay nada en el texto que exija interpretar “día y noche” (en hebreo, día es yom) en un sentido diferente al de los días que cayó lluvia sobre la tierra como juicio de Dios en el diluvio (Gn. 7:12), que Abraham peregrinó en tierra de los filisteos (Gn. 21:34), o cualquier “día” en cualquier otra narrativa histórica. De hecho, todos los usos de yom en plural fuera de Génesis 1 significan un día literal de 24 horas (por ejemplo, Éx. 20:11). Aunque día puede significar diferentes cosas en hebreo como en español (por ejemplo, el tiempo del día con sol, un período de tiempo como “el día del Señor”), en más de 100 veces donde aparece con un número como calificativo (como en G. 1) o con la frase “mañana y tarde” en el Antiguo Testamento, significa un día literal de 24 horas.

La evidencia científica

No voy a desarrollar este punto en gran detalle porque hay muchos otros buenos recursos sobre este tema.[1] Pero en resumen, muchos de los argumentos científicos para una tierra vieja ignoran los efectos que habría tenido un diluvio universal. A este fenómeno lo llamamos catastrofismo, y explica la capas geológicas, el registro fósil, y las muchas formaciones que requerirían de millones de años si es que las condiciones en la tierra hubieran sido uniformes desde el principio (la presuposición naturalista llamada uniformismo).

La historia de la Iglesia

Otra pregunta importante, aunque no es la principal que rige nuestro entendimiento de las Escrituras, es: ¿cómo se ha entendido Génesis 1 en la historia de la Iglesia?

Históricamente, los padres de la Iglesia, tanto literalistas como alegoristas, resistieron la interpretación griega de una tierra vieja. Aquí algunos ejemplos:

  • Lactancio (250-325): “Platón y varios otros filósofos, siendo ignorantes respecto el origen de todas las cosas, y de aquel periodo primordial en el cual el mundo fue creado, dijo que varias miles de edades habían pasado desde que este arreglo hermoso del universo se había terminado […]. Por lo tanto, que los filósofos quienes enumeran miles de edades desde el principio del mundo sepan que el año 6.000 no se ha cumplido” (Lactantius, Institutes, 7.14, in ANF, vol. 7).
  • Victorino de Petovio (c. 304): “Incluso tal es la rapidez de esa creación; como está contenido en el libro de Moisés, que escribió sobre su creación, y que se llama Génesis. Dios produjo esa masa entera para adornar su majestad en seis días; y el séptimo al que consagró. Al principio Dios hizo la luz y la dividió en la medida exacta de doce horas por día y por noche. […] El día, como he mencionado anteriormente, está dividido en dos partes por el número doce: doce horas por día y noche” (Victorino, On the Creation of the World, ANF, vol. 7, p. 341).
  • Efrén de Siria (306-373): “Aunque la luz y las nubes se crearon en un abrir y cerrar de ojos, tanto el día como la noche del primer día se completaron en doce horas. […] Así que no hablen de que hay algo alegórico en las obras de los seis días. Nadie puede decir con razón que las cosas pertenecientes a estos días eran simbólicos, ni tampoco se puede decir que fueran nombres sin sentido, o que otras cosas estuvieran simbolizadas por sus nombres” (Efrén el sirio, Commentary on Genesis 1, citado por Seraphim Rose en Genesis, Creation and Early Man [2000], p. 101).
  • Clemente de Alejandría (150-211 o 216): “Para que todas las cosas traídas a la existencia puedan tener honor de prioridad […] en la medida en que se dice que el trabajo creativo lo hizo en un instante” (Victorino, On the Creation of the World, ANF, vol. 7, p. 341).
  • Orígenes (184/5-253/4): “El relato de Moisés de la creación […] enseña que el mundo aún no tiene diez mil años, sino mucho menos que eso” (De Principiis 4.1.19).
  • Agustín de Hipona (354-430): “También son engañados por esos documentos altamente mendaces que dicen dar la historia de muchos miles de años. Sin embargo, según los cálculos sagrados, descubrimos que no han pasado 6000 años” (De Principiis, 4.1.19).
  • Martín Lutero (1483-1546): “Los días de la creación fueron días de duración ordinaria. Debemos entender que estos días eran días reales (veros dies), contrario a la opinión de los santos padres. Cada vez que observamos que las opiniones de los padres están en desacuerdo con las Escrituras, reverencialmente las soportamos y reconocemos que ellos son nuestros mayores. Sin embargo, no nos apartamos de la autoridad de las Escrituras por su bien […]. Cuando Moisés escribe que Dios creó el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos en seis días, acepte que este período continúe siendo de seis días y no se atreva a inventar ningún comentario según el cual seis días fueron un día. Pero, si no puede entender cómo se pudo haber hecho esto en seis días, entonces conceda al Espíritu Santo el honor de ser más sabio que usted. Porque debe tratar con las Escrituras de tal manera que tengan en cuenta que Dios mismo dice lo que está escrito. Pero dado que Dios está hablando, no es apropiado que usted vuelva voluntariosamente a su Palabra buscando la dirección que desea ir” (Martín Lutero citado en E. Plass, What Martin Luther Says: A Practical In-Home Anthology for the Active Christian [1991], p. 1523).
  • Juan Calvino (1509-1564): “Aunque la duración del mundo, que ahora está disminuyendo hasta su fin último, aún no ha alcanzado los seis mil años […], el trabajo de Dios se completó no en un momento, sino en seis días” (J. McNeil, Ed., Calvin: Institutes of the Christian Religion 1 [1960], pp. 160–161, 182).

Implicaciones teológicas

Dejo la razón más importante hasta el final. ¿Cómo afecta mi interpretación de Génesis 1 los elementos y conceptos fundamentales del evangelio? El principal problema con introducir largas eras de tiempo en los días de la creación es que inevitablemente introducimos la realidad de la muerte y el sufrimiento antes de la caída de Adán y Eva. Génesis 1:30 dice que todos los animales eran herbívoros hasta ese punto en la historia. La razón por la que ese detalle es tan importante es porque antes del pecado aún no había derramamiento de sangre.

Todo ser con “aliento de vida” (en hebreo: nephesh chayyah) no había experimentado la muerte. La creación entera no había sido sujetada a vanidad (Ro. 8:20-21). El sufrimiento aún no era parte de la realidad de la creación, y es por eso que Dios dice después de cada día que su creación era “buena”. El derramamiento de sangre fue una consecuencia inevitable del pecado, no parte del proceso creativo de Dios.

Toda la filosofía evolucionista propone un orden contrario al orden bíblico: del desorden y la tragedia (la supervivencia del más fuerte) viene el orden y el progreso.

Toda la filosofía evolucionista propone un orden contrario al orden bíblico: del desorden y la tragedia (la supervivencia del más fuerte) viene el orden y el progreso. La narrativa bíblica nos muestra que la creación original era perfecta, sin muerte ni dolor. El pecado introdujo una maldición sobre todo ser que resultó en maldición, degeneración, y finalmente muerte.

¿Cómo podemos tener largas eras de tiempo sin muerte? Todo el registro fósil muestra evidencias de una creación caída (espinos y cardos, animales enfermos, carnívoros, etc). Nuevamente, esto se explica fácilmente con una catástrofe universal como el diluvio, no como el proceso por el cual Dios creó todas las cosas.

Al exponer brevemente estas cuatro razones para aceptar una interpretación de Génesis 1-3 que nos lleva a concluir una tierra joven, espero que podamos tener una conversación entre diversas posturas que nos lleve a profundizar sobre nuestros métodos exegéticos, la manera en que la Biblia y la ciencia están en armonía, y sobre todo, cómo el fundamento del evangelio debe guiar nuestras conclusiones y no las presuposiciones y cosmovisión naturalista de nuestra sociedad.


[1] Puedes revisar “Datación radiométrica en ruina”, (consultado el 22 de marzo, 2019).


IMAGEN: LIGHSTOCK.
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