Haciendo discípulos día a día

Cuando escuchas las palabras “vida misional” ¿que te viene a la mente? A la medida que he hablado y capacitado a otros en este tema, me he dado cuenta de que muchas personas tienen un entendimiento equivocado de la misión o creen erróneamente que no pueden hacerlo. Sin embargo, al darles una definición, suelen cambiar de percepción.

Defino la vida misional como ser hacedores de discípulos continuamente que viven día a día con la intencionalidad del evangelio, de tal manera que podamos tanto mostrar como contar a otros lo que es adorar a Jesús en la vida diaria. No es un programa o evento nuevo.  La vida es el programa, y ​​lo cotidiano es el evento. Cuando vemos el hacer discípulos como algo hecho principalmente en las aulas o en eventos, terminamos llevando a otros a ver el seguir a Jesús como un estudio o un programa en lugar de algo que encapsula todo en la vida.

Las Escrituras son claras. Somos llamados a ver a la gente crecer en todo en Cristo, que es nuestra cabeza (Ef. 4:15). “En todo” significa en cada cosa.  Es la voluntad de Dios dar a conocer Su gloria en todas partes (Hab. 2:14). Y la esperanza es Cristo obrando en nosotros y a través de nosotros en todo lo que hacemos (Col. 1:27). Tenemos que aprender a ver el comer y beber, el trabajar y el jugar como el medio a través del cual podemos tanto glorificar a Dios como mostrar a otros cómo luce  adorarle en todas las cosas de la vida (1 Co. 10:31; Col 3:17).

Esta es la realidad: todos estamos siempre haciendo discípulos. La pregunta es: ¿de quién o de qué estamos haciendo discípulos? ¿Y qué pensaría la gente acerca de seguir a Jesús si fueran a seguir nuestro ejemplo en la vida cotidiana?

En lo cotidiano

Mientras considero estas preguntas y la misión en la vida cotidiana, me acuerdo de Kirby, una madre de cuatro hijos que se mudó a nuestra área con su esposo, Charlie, para aprender acerca de la vida misional con nuestra iglesia. Se unieron a nuestra comunidad misional, cuyo enfoque misional es la escuela primaria Grant y el barrio que le rodea. Ellos educaban a sus hijos en el hogar, y Charlie trabajaba desde su casa, por lo que estaban teniendo dificultades para participar en la misión con las personas que aún no conocían ni seguían a Jesús. Ya que a Kirby le encanta jugar al fútbol y quería ejercitarse también, se unió a un equipo de fútbol de sala con mi esposa, Jayne, y algunas otras mamás de nuestra escuela. Kirby también inscribió a sus hijos en algunas de las clases de artes que la escuela primaria Grant daba, y se desempeñó junto a sus hijos como ayudante de profesor.

Ella tomó actividades cotidianas normales, como el deporte y la educación, y participó en ellas intencionalmente.

Fue solo a unos pocos partidos de la temporada cuando Kirby se lesionó la rodilla terriblemente. Fue incapaz de moverse durante un tiempo, y necesitaba que otros cuidaran de ella. Cuando ella nos contó lo que estaba haciendo, comentó que estaba muy desanimada porque ella estaba empezando a hacer nuevas amigas y ahora estaba incapacitada. Sin embargo, una de las mamás y las demás jugadoras decidieron organizar el equipo para proporcionar comidas para Kirby y Charlie.

Kirby se sintió aún más desalentada ya que creía que era ella la que iba a servir a ellas, no al revés. Nosotros le recordamos que Jesús mismo fue servido por la mujer samaritana antes de que Él le diera las buenas nuevas. A veces, permitir que otros  nos sirvan nos proporciona una oportunidad para demostrar humildad, para mostrar que también nosotros estamos en necesidad. Además, Kirby tenía ahora la oportunidad de mostrar cómo es seguir a Jesús y depender de Jesús cuando las cosas no salen como esperábamos o habíamos planeado. Con el tiempo, una madre y su hijo comenzaron a unirse a Kirby y Charlie para las comidas en su casa. Ella se unió a ellos en lo que ya estaban haciendo —comer— y la incluyeron y les amaron a ella y a su hijo como si fueran parte de la familia. La mujer y su hijo aprendieron cómo era estar en comunión con Jesús en la mesa y a seguir a Jesús como a una familia.

Dondequiera que vayamos

Con el tiempo, ella y su hijo comenzaron a participar también en la comida semanal de nuestra comunidad misional. Anteriormente, la mayor parte de su educación espiritual les llegaba a través de las lecturas del tarot, horóscopos y demás cosas así. A ella nunca le habían enseñado las Escrituras y nunca había escuchado el evangelio. Así que le invitamos a unirse a nosotros mientras caminábamos a través de la “Historia de Dios” (un estudio de 10 semanas sobre una visión general de la redención de Dios desde el Génesis hasta el Apocalipsis). Ella se había abierto a esto, porque le encantaba estar con nosotros mientras compartíamos una comida y había aprendido a amarnos y confiar en nosotros.

En algún momento de nuestro viaje a través de la historia ella llegó a la fe en Jesús, y ahora está compartiendo con regularidad acerca del Señor. Recientemente nos dijo a todos nosotros: “Yo no entiendo por qué la gente no habla más acerca de Jesús. Le he estado hablando a gente en todas partes. La gente necesita oír hablar de Él y sí van a escuchar. Solo debemos hacerlo todos los días, donde quiera que vayamos”.  Luego procedió a decirnos de la reciente conversación que tuvo con alguien en el supermercado. Hasta ese momento ella nunca había ido a una de las reuniones semanales de nuestra iglesia el domingo, pero ya estaba participando en los primeros pasos de ser un discípulo que hace discípulos.

He tenido el privilegio de ver muchas, muchas vidas como la suya cambiadas por el evangelio en la vida cotidiana. Cada vez que veo a un seguidor de Jesús participar en la vida cotidiana con la intencionalidad del evangelio con alguien que aún tiene que conocer y amar a Jesús, veo una ocurrencia común: cuando alguien llega a la fe, él o ella ya sabe lo que es seguir a Jesús en las cosas normales de la vida, ya que ha estado observando cómo un seguidor de Jesús lo hace todo el tiempo.

Cuando el discipulado ocurre en las cosas cotidianas de la vida, los discípulos aprenden a seguir a Jesús en las cosas cotidianas de la vida también.


Publicado originalmente para Desiring God. Traducido por Jesús Eddy Garcia.
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