Cómo guardarnos del exceso de trabajo

Es común pensar que el exceso de trabajo no representa un pecado en absoluto. Al contrario, celebramos cuando una persona trabaja mucho porque creemos que es ambiciosa, que tiene una visión para la vida, y quiere superarse. Adicionalmente, vivimos bajo una alta demanda de conectividad nunca antes experimentada en la historia de la humanidad, y como resultado de esto, los límites entre el trabajo y el descanso han desaparecido casi por completo.

Confieso que yo tengo una tendencia a trabajar demasiado. Decir esto podría sonar jactancioso hoy en día, y sé que si no guardo mi corazón podría llegar a sentir cierta satisfacción al saber que otras personas piensan que estoy ocupado. Esto es una tragedia porque a mi corazón pecaminoso le gusta encontrar su significado e importancia en lo que hago.

Es importante entender que a menudo nuestro exceso de trabajo no se debe principalmente a la cantidad de trabajo que tenemos, sino más bien a que obtenemos nuestro valor y significado del trabajo.

Estoy seguro que no soy el único que lucha con esto, y por eso quiero compartirte cuatro consejos que me han ayudado a mí, y que pueden guardarte de caer en el exceso de trabajo.

1. Guarda el día de reposo

La primera línea de defensa que Dios nos ha dado para guardarnos del exceso de trabajo es el día de reposo. Como cristianos solemos ver el cuarto mandamiento como una buena sugerencia, y no como un mandamiento. De hecho, de los diez mandamientos, creo que el único que no guardamos con el mismo compromiso que los demás es el del día de reposo. Entendemos que no debemos matar, ni tener otros dioses, ni codiciar, y que debemos honrar a nuestros padres… ¿pero realmente debemos guardar el día de reposo?

Como cristianos solemos ver el cuarto mandamiento como una buena sugerencia y no como un mandamiento.

Es interesante notar que este mandato no fue dado por primera vez a Moisés, sino que fue uno que Dios estableció desde la creación (Gn. 2:3), cuando apartó el séptimo día para Él.

Dios nos ha dado como regalo un ritmo semanal de trabajo que nos guarda de los excesos. El día de reposo, cuando es practicado apropiadamente, nos permite recordarle al corazón que nuestra mayor dependencia no es del trabajo sino de Dios.

Los consejos que nos ofrece Peter Scazzero en cuanto al día de reposo son muy acertados. Él dice que el día de reposo es un bloque de tiempo semanal, de 24 horas, durante el cual:

  • Dejamos de trabajar
  • Disfrutamos de un descanso
  • Practicamos el deleite
  • Contemplamos a Dios

Para realmente guardarnos del exceso del trabajo no podemos simplemente dejar de ir a la oficina. Tenemos que ser intencionales en cuanto al uso de nuestros dispositivos, el tiempo en familia, el tiempo a solas con Dios, y el disfrutar de la creación.

Para los cristianos, el día de reposo no es una opción, es un mandamiento. Eso no quiere decir que ahora tienes que arriesgar todo para tomar un día de reposo, pero sí debes buscar intencionalmente cómo reordenar tu vida para abrir un espacio de 24 horas donde puedas reposar.

2. Sé productivo y no solo estés ocupado

Ciertamente algunos están ocupados porque tienen mucho qué hacer, pero hay otros que están muy ocupados porque han sido desordenados con sus responsabilidades. Por eso, es importante que nos aseguremos de no descuidar nuestro trabajo por estar desperdiciando nuestro tiempo en pasatiempos que no nos ayudan a cumplir con nuestros deberes (por ejemplo las redes sociales, videojuegos, etc.).

Una manera de guardarnos del trabajo en exceso es aprender a ser verdaderamente productivos. ¿Tienes un listado claro de lo que debes hacer? ¿Sabes cuánto tiempo te tomará hacer esas tareas? ¿Le has asignado una fecha límite a cada tarea? Si pones en práctica estos tres sencillos pasos, podrás aumentar tu productividad. También te recomiendo leer libros sobre este tema, como: Haz más y mejor por Tim Challies, o Súper ocupados por Kevin DeYoung.

Nuestro propósito de ser productivos es para que podamos amar y servir a las personas a nuestro alrededor.

En la actualidad existen movimientos obsesionados con la idea de la productividad, que ven la vida como si se tratara de una máquina que debemos ajustar para la máxima eficiencia. Eso no es saludable. No vivimos en una burbuja, vivimos rodeados de personas. El propósito de ser productivos es para que podamos amar y servir a las personas a nuestro alrededor. Si nuestra alta productividad impide que podamos amar a nuestro prójimo, entonces necesitaremos revaluar nuestra productividad a la luz de las Escrituras.

Kevin DeYoung escribe en Súper ocupados: “Administrar mi tiempo no tiene que ver con perseguir egoístamente solo las cosas que me gusta hacer. Tiene que ver con servir eficazmente a otros de las maneras que mejor puedo servir y de las formas en que estoy particularmente llamado para servir” (p. 62).

3. Aprende a decir “no”

Estoy aprendiendo a puro golpe lo importante que es decir “no”. Me ha costado decir “no” porque realmente creo que puedo hacerlo todo. A algunos les cuesta decir “no” porque tienen temor al hombre, y no quieren decepcionar a nadie. Sea cual sea la razón, en muchos casos se trata de idolatría en nuestro corazón, y esto se refleja en el calendario que manejamos. Vale la pena recordar que hay otros quienes pagan el costo de la incapacidad que tenemos de decir “no”. Tu familia, tus amigos, tu comunidad, y aun hasta nuestro propio caminar con Dios sufre.

Para poder decir “no”, es necesario tener claras nuestras prioridades. Establece tu relación con Dios como prioridad sobre todo lo demás. Si obtenemos nuestro valor, significado, e identidad de nuestro caminar con Dios, lo demás será más fácil. En segundo lugar, prioriza tu familia. Ellos no son simplemente las personas con la que vives. Hay un llamado específico que debemos cumplir con ellos. Amar bien a nuestra familia a veces significa decir “no” a cosas que anhelamos mucho. Y en tercer lugar, vienen nuestros compromisos laborales. En el momento que alteramos este orden de prioridades solemos caer en exceso de trabajo. Busca el apoyo de personas confiables que te ayuden a “filtrar” y te aconsejen cómo responder a los compromisos e invitaciones que llegan a tus manos, con el fin de no alterar tus prioridades.

4. Controla el uso de tu tecnología

El trabajo es bueno, y Dios mismo lo diseñó. Pero como toda cosa buena, podemos hacer un ídolo de ello.

Este es un consejo práctico. Para muchas personas, estar muy ocupados no se debe a la cantidad de trabajo, sino más bien a la falta de disciplina en el uso de su tiempo por las distracciones que vienen con el uso de la tecnología.

En casi todos los aparatos puedes llevar la cuenta del uso que le das. A menudo, nuestros aparatos nos conducen a trabajar mucho más tiempo de lo que deberíamos. Por lo menos, en mi caso, a las 5:30 PM desactivo todas las aplicaciones, menos las de comunicación básica como el teléfono, WhatsApp, y iMessage. Además, también cierro mi aplicación de correo cuando salgo de la oficina. Esto me asegura no tener ninguna razón laboral para tomar mi teléfono o mi computadora al estar en casa.

El trabajo es bueno, y Dios mismo lo diseñó. Pero como toda cosa buena, podemos hacer un ídolo de ello. Aun si no luchas con el exceso al trabajo, estos cuatro consejos te ayudarán a no caer en esta lucha en el futuro.


Imagen: Lightstock.
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