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La historia

Según una investigación reciente, más de la mitad de las personas que se identifican como cristianas en Estados Unidos dicen que el Espíritu Santo no es una persona viva y real.

Los antecedentes

El último informe del Centro de Investigación Cultural de la Universidad Cristiana de Arizona muestra que los autodenominados cristianos en Estados Unidos tienden a tener creencias que no son bíblicas, aun en temas básicos de teología.

La manera en que delimitemos el término «cristiano» determinará la cantidad existente en Estados Unidos. Por ejemplo, la gran mayoría de los adultos estadounidenses (69%) todavía se identifican a sí mismos como «cristianos». Si consideramos solo a aquellos que se consideran cristianos nacidos de nuevo, el número se reduce a aproximadamente al 35% de la población. Los autodenominados evangélicos constituyen el 28%.

La investigación lo desglosa aún más al clasificar a los «cristianos teológicos nacidos de nuevo» como aquellos que dicen que «cuando mueran irán al cielo, pero solo porque han confesado sus pecados y aceptado a Jesucristo como su salvador». El grupo más pequeño de la investigación está catalogado como «discípulos integrados». Estos tienen creencias tales como: la Biblia es la Palabra de Dios precisa y confiable, Dios es el Creador omnisciente, todopoderoso y justo del universo que todavía gobierna el universo hoy, y toda elección moral honra o deshonra a Dios. Este grupo es apenas el 6% de la población.

De los autodenominados cristianos, el 58% sostiene que el Espíritu Santo no es una persona viva y real, sino simplemente un símbolo del poder, la presencia o la pureza de Dios. Sorprendentemente, aquellos que se identifican como cristianos nacidos de nuevo tienen aún más probabilidades de sostener este punto de vista (62%) y la mitad de los «cristianos teológicos nacidos de nuevo» también niegan que el Espíritu sea una persona. El 40% de los «discípulos integrados», aun entre aquellos con la cosmovisión más bíblica, tiene una perspectiva antibíblica del Espíritu Santo.

¿Qué significa esto?

Conocer tales estadísticas puede hacer que los creyentes ortodoxos quieran rasgar sus vestiduras con dolor. Pero tal vez no deberíamos estar tan sorprendidos por tales malentendidos sobre el Espíritu Santo, porque Él es mucho más misterioso de lo que solemos admitir.

Considera, por ejemplo, el nombre que usamos para esta persona: el Espíritu Santo. Por analogía, podemos entender cómo Dios Padre y Dios Hijo pueden ser personas, ya que tenemos experiencias con padres e hijos que también son personas. Sin embargo, cuando se trata de espíritus incorpóreos como personas, tenemos una experiencia analógica menos directa para ayudar nuestra comprensión.

Aun la evidencia bíblica de que el Espíritu Santo es Dios es menos directa de lo que desearíamos, y menos directa de la que encontramos para afirmar que Jesús es Dios. Por supuesto, la evidencia está dentro de las Escrituras, pero requiere que apliquemos inferencias lógicas en lugar de buscar afirmaciones directas.

Por ejemplo, hay pasajes en la Biblia que se refieren al Espíritu Santo en formas en las que el término es intercambiable con «Dios». Si los términos son convertibles como equivalentes («Espíritu Santo» = «Dios»), entonces los conceptos también deben ser convertibles (el Espíritu Santo es una persona que es Dios).

Un ejemplo excelente se encuentra en Hechos 5, cuando Pedro usa los términos «Dios» y «Espíritu Santo» como sinónimos. Pedro dice que Ananías mintió al Espíritu Santo (Hch 5:3) y más adelante le dice: «No le has mentido a los hombres sino a Dios» (Hch 5:4). Pablo hace un intercambio de términos similar en 1 Corintios 3. Pablo dice que «el Espíritu de Dios» habita dentro del «templo de Dios» (1 Co 3:16), lo que implica que el Espíritu es Dios.

El Espíritu Santo también posee atributos reservados solo para Dios. Un ejemplo es cuando Pablo le dice a los corintios que el «Espíritu de Dios» conoce los «pensamientos de Dios» (1 Co 2:11). Cualquier persona que conozca los pensamientos de Dios debe ser Dios.

Finalmente, se hace referencia al Espíritu Santo en términos de igualdad con Dios Padre y Dios Hijo. Jesús dice que sus seguidores deben bautizar y hacer discípulos en el nombre (singular) «del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28:19). Los apóstoles también usan frases que implican igualdad, como cuando Pedro dice: «según el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con Su sangre» (1 P 1:2).

Pero eso simplemente prueba que el Espíritu es Dios. ¿Cómo sabemos que el Espíritu es una persona diferente a Dios el Padre? Tenemos que dar dos pasos distintos para mostrar que el Espíritu es una persona diferente al Padre: (1) mostrar que el Espíritu es diferente del Padre, y (2) mostrar que el Espíritu es una persona.

Para el primer paso, nos apoyamos de las palabras de Jesús: «Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí» (Jn 15:26). Debemos notar que Jesús no dijo que estaba enviando al Padre, ni siquiera al Espíritu del Padre. En cambio, dice que quien está siendo enviado «procede» del Padre. Para proceder del Padre, la persona debe ser distinta y diferente del Padre de alguna manera.

El segundo paso es mostrar que el Espíritu es una persona. Para ser una persona, en el sentido bíblico, un ser debe poder hacer cosas consideradas como personales y relacionales. La Biblia habla de numerosas formas en que el Espíritu muestra tales atributos personales y relacionales, pero debería bastar con presentar tres ejemplos:

El Espíritu puede ser contristado: «Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, por el cual fueron sellados para el día de la redención» (Ef 4:30).

El Espíritu puede ser insultado: «…y ha ultrajado al Espíritu de gracia» (He 10:29).

El Espíritu nos puede ayudar e intercede por nosotros: «también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad… Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios» (Ro 8:26-27).

Debemos concluir que el Espíritu es una persona diferente al Padre. Si el Espíritu es una persona, entonces debe ser un ser y no un «poder, presencia o pureza».

Si bien la comprensión total de los misterios del Espíritu sigue estando más allá de nuestra capacidad como seres humanos, al menos podemos saber que el Espíritu, como nosotros, es un ser y una persona.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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