El padre ganso: Jan Huss

Martín Lutero no estuvo solo hace 500 años. Y no está solo hoy. Para marcar los 500 años de la reforma, Desiring God preparó una serie con un artículo nuevo cada día por el mes de octubre a través de personajes claves de este evento.

El 17 de diciembre de 1999, el Papa presentó el equivalente ceremonial de una disculpa moderna: “mala mía”.

Juan Pablo II se dirigió a una multitude en la República Checha, expresando “un profundo remordimiento por la muerte cruel” infringida sobre su héroe. “Profundo remordimiento” fue lo más que la Iglesia Católica pudo ofrecer.

Sellado con sangre

Entruchado por el Concilio de Constanza bajo la promesa de seguridad, Jan Hus fue lanzado a prisión inmediatamente por seis meses, dándosele un juicio falso, y siendo ordenado a retractarse, a lo que se negó. En Julio de 1415, él fue desnudado, adornado con un sombrero de bobo pintado con demonios y etiquetado “Archi-hereje”. Mientras sucedía, él oraba por sus enemigos.

Luego lo pasaron por una pila de sus libros incendiados y lo amarraron a una estaca. En respuesta a ser encadenado como un perro, él dijo, “Mi Señor Jesucristo fue encadenado con una cadena mucho más férrea, y por mí: ¿por qué me avergonzaría de esta cadena oxidada? Le ordenaron una vez más retractarse, pero él se negó, proclamando, “Lo que enseñé con mis labios, ahora lo sello con sangre”. Y así lo hizo.

Mientras subían las llamas, él cantaba. El secretario del concilió enunció: “O, maldito Judas, puesto que ha usted abandonado los caminos de la paz, y ha tomado consejo con los Judíos, retiramos de usted la copa de la redención”. Gracias a Dios, la Iglesia Católica no tenía la autoridad para quitar la copa de la redención.

Luego de su muerte, Bohemia se escandalizó. En su nombre, seguidores se revelaron contra Roma en una protesta violenta que duraría más de una década. Jan Hus era un predicador, una figura política, un profeta, un proto-reformador, y un mártir de primera clase.

El Bulldog de Wiclef

Cerca de 1369, un ganso nació en la tierra de gansos. Jan Hus (checoslovaco para ganso) nació en Hussenitz (Checoslovaco para tierra de gansos), en el reino de Bohemia. Nacido en una familia pobre, el ganso dejó la grazna por el sacerdocio, buscando prestigio y una mejor vida. Llegó a ser un reconocido predicador en la capilla de Belén, pero pasó mucho de su tiempo sirviendo en la academia como decano de la facultad filosófica de Praga. Viviendo en un tiempo de disturbios sociales entre aquellos de habla alemana y los ciudadanos checos, Hus se convirtió en una figura clave del nacionalismo checo.

Hus vivió en un tiempo donde la inmoralidad había infectado el sacerdocio de la Iglesia Católica. Prontamente, él empezó a predicar “sermones violentos” en contra de la iniquidad rampante del clero, lo que lo llevó a ser reportado al arzobispo y que se le prohibiera el predicar. Mientras Hus leía las Escrituras y veía a los Papas de su época abusar su poder, él concluyó que la autoridad papal no era final. Él necesitaba un fundamento más firme que aquel construido sobre la paja de las opiniones de los hombres, sin importar cuán respetados fueran esos hombres. Él construyó su vida y ministerio en la Palabra de Dios.

Su entendimiento de la autoridad final de las Escrituras fue encendido en la medida que él leía las obras condenadas de Juan Wiclef. Wiclef encontró en Hus un discípulo fiel. Hus defendió sus obras con tal tenacidad que un historiador llamó a Hus “el bulldong de Wiclef” (The Unquenchable Flame, 30). Él argumentó firmemente contra las indulgencias, abogó por que se sirviera tanto el pan como el vino en la comunión, y predicó en el lenguaje común (en vez del latín –sin traducir– de aquel momento).

Aunque seguía en acuerdo con la Iglesia Católica en asutos como las Misas, su alianza a las enseñanzas de Wiclef llevaron a su excomulgación, a ser juzgad como hereje, y a ser quemado vivo.

Los gansos hablan

Luego de que Hus fuera condenado a la muerte, el proclamó: “Puedes asar el ganso, pero en cien años se levantará un cisne con un canto que no podrás silenciar”. 102 años después, un animado monje clavaría 95 tesis a la puerta de Guttenberg. Él también veía una discrepancia entre la doctrina de Roma y la Escritura, y buscó reformar la Iglesia Católica. Él también fue retado por el Papa. Y él también fue condenado como hereje.

Durante el debate de Leipzing, Lutero fue despectivamente condenado como un “Hussita”. Él rechazó tal título en el momento, pero al tomar el tiempo para leer sus obras durante un descanso, regresó y elogió las enseñanzas del condenado Hus. Lutero era el cisne de Hus, y luego se apropiaría de tal asociación. Él sigue siendo pintado con cisnes hasta este día.

El padre ganso, un prominente precursor de los Reformadores, mantuvo su posición y fue martirizado. El Cisne le siguió al Ganso, y Roma no lo ha podido silenciar.


Publicado originalmente en Desiring God.

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