Si Dios es amor, ¿por qué parecen ser las mujeres quienes más aman?

Aun aquellos que no conocen mucho de la Biblia conocen algo de 1 Juan 4:8: “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor”. La Palabra no nos enseña que Dios tiene amor, sino que Él es la personificación misma del amor. Así como vemos que Dios es santo y poderoso, podemos decir que una de las características de Dios es que Él es amor, y la máxima expresión de Dios como amor fue a través de su Hijo Jesucristo (1 Juan 4:9).

Fuimos creados conforme a la imagen de Dios, y esa imagen en nosotros nos permite reflejar algunas de sus características, y vivimos en un mundo que valora el amor casi por encima de cualquier otra cosa. Es entonces por causa del amor de Dios que nosotros somos capaces de amar.

Dios nos creó a su imagen, y a la vez con diferencias evidentes entre hombres y mujeres con el propósito de juntos poder representarlo mejor. Pero hay algo que resulta interesante. Creemos en un Dios que se ha revelado como Padre a nosotros. Es interesante que a nosotras, como mujeres, Dios nos diseñó para nutrir, para dar vida, y para reflejar ternura, características que están muy asociadas al amor.  Pero hay algo que resulta interesante. Creemos en un Dios que se ha revelado como Padre a nosotros. Si Dios es padre, Su amor es perfecto, y Él es el Creador de los seres humanos, ¿por qué la mujer es más conocida como amorosa en el mundo? ¿Por qué son las madres las que aparentemente más muestran amor? ¿Somos nosotras las mujeres quiénes mejor reflejamos el amor de Dios?

Entre la lógica y las emociones

Ni el hombre ni la mujer son capaces de amar como Dios lo hace. Como Dios es infinito, en Él están contenidas todas las características del amor; pero nosotras, en nuestra finitud, solamente podemos demostrar algunas de ellas. Para que una persona pueda entender el amor de Dios, es necesario ver las diferentes características de este amor.

Como Dios está completo en sí mismo, Él no necesita nada. De hecho, el amor por definición necesita un recipiente, y Dios se tenía a sí mismo en la comunidad de la Trinidad en perfecto amor. Los hombres y las mujeres fueron creados para amar y ambos necesitan un recipiente, y muestran su amor de manera diferente.

El hombre ama en una forma de justicia y rectitud: él piensa lógicamente y es motivado por la excelencia. El hombre necesita tiempo para decidir si va a amar, y muchas veces es un amor que hay que “ganar”. Los sentimientos, para el hombre toman un segundo lugar.  Por su parte, la mujer ama con ternura, con el deseo de cuidar, ayudar, aceptar y proteger. Siente simpatía o pena por las personas. Su amor es basado mucho en las emociones.

¿Es la manera de amar de uno mejor que la del otro? ¡No! Las dos formas son necesarias, y cada uno refleja distintas características del amor de Dios. Un amor recto sin emociones sería muy seco, y un amor solamente con emociones sería consentidor y permisivo.

El ser humano con su naturaleza temporal y pecaminosa es incapaz de amar en ambas formas, por lo que necesitamos el complemento del hombre y la mujer, aunque el mundo solo considere un tipo de amor como el real y verdadero.

Aprendiendo a amar como Él lo hace

Uno ama como uno cree correcto por su personalidad, pero el amor de Dios, el amor incondicional y perfecto, está siempre compuesto de lógica y emoción. Cuando Dios aplica justicia, es con y por amor y no solamente por ira. Él ama en todo lo que hace. 

El Señor creó la mujer como ayuda idónea para completar lo que al hombre faltaba. Y cuando una persona siente el amor de los dos, el perfecto amor de Dios es reflejado de una mejor manera. De ahí vemos algo de la importancia del matrimonio en la familia y la crianza.

Nuestra meta siempre debe ser seguir aprendiendo del amor de Dios para que Él puede perfeccionar la forma que amamos y como Él es amor, mientras más amamos como Él ama, más lo conocemos, y más nos parecemos a Él.

Dios es amor, y todo lo que Él hace está afectado por su amor: ninguna característica de Dios está despegada de su naturaleza amorosa, esa naturaleza que nos dio la más grande muestra de amor, su Hijo, nuestro salvador.

En Cristo tenemos el ejemplo mismo del amor que debe caracterizarnos, ese amor que en Él se va perfeccionando en nosotros y va moldeando nuestra manera de expresarlo a otros. Ese amor en hechos y no solo en palabras, en pasión y no solo en pensamiento.

Él es amor, mientras más lo conocemos, más amaremos como Él lo hace, y seremos más como Él.

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