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¿Dios nos creó incapaces de cumplir Su ley?

El Catecismo de la Nueva Ciudad
Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018), editado por Collin Hansen. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿Dios nos creó incapaces de cumplir Su ley?

No, pero debido a la desobediencia de nuestros primeros pa­dres, Adán y Eva, toda la creación ha caído; todos nacemos en pecado y siendo culpables, corruptos por naturaleza e incapa­ces de cumplir la ley de Dios.

Romanos 5:12: El pecado entró en el mundo por medio de un solo hombre, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron. 

Ser padre te permite ver claramente la condición humana. Por ejemplo, tengo que recordarles constantemente a mis hijos que deben decir “por favor” y “gracias”, y animarles a que compartan. Pero nunca tengo que animarles a decir “¡mío!”, ni a tomar las cosas que no le pertenecen, ni a pe­learse por los juguetes. 

¿De dónde proviene este impulso egoísta? La Biblia nos ayuda en este punto porque nos da el vocabulario para ha­blar sobre la razón por la que nacemos con una disposición egoísta. Verás, se nos dice que Dios creó a Adán y a Eva a Su imagen. Esto significa, entre otras cosas, que ellos reflejaban Su bondad. Dios afirmó su bondad cuando contempló la creación, incluyendo a Adán y a Eva, y dijo “es muy buena”. 

El pecado ha corrompido nuestra capacidad de amar y obe­decer a Dios con todo nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente.

Así que Adán y Eva tenían una relación perfecta con Dios. Eran capaces de amarlo y obedecerlo perfectamente. Pero después se nos dice que Satanás los tentó con la mentira de que Dios no es bueno, que no es digno de confianza, que la verdadera libertad se encuentra fuera de Dios y de Su ley. Así que cuando Adán y Eva actuaron sobre la base de esa mentira, según nos dice Pablo en Romanos 5, el pecado en­tró al mundo de la manera en que un virus entra en el cuer­po, infectando a toda la humanidad desde ese momento en adelante. Es por esto que, desde mis primeros años de vida, y desde los primeros años de mis hijos, y desde los primeros años de sus hijos en el futuro, todos decimos: “¡Mío!”. 

Esto no quiere decir que las personas son incapaces de ser bondadosas. Somos hechos a la imagen de Dios y, por tanto, aún somos capaces de hacer cosas buenas y hermosas. Pero el pecado ha corrompido nuestra capacidad de amar y obe­decer a Dios con todo nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente. El pecado ha infectado cada parte de nosotros, por lo que todos nacemos en pecado y siendo culpables, con una naturaleza corrompida y siendo incapaces de cumplir la ley de Dios. 

Consideremos un ejemplo. Imagina que ves a un león hambriento y que pones dos platos de comida frente a él —un plato con carne cruda y otro plato con verduras al vapor. El león puede elegir cualquiera de los dos, pero por su natu­raleza siempre elegirá la carne. Cuando Adán —nuestro representante— pecó, nuestra naturaleza se volvió esclava del pecado, así que ya no que­remos ni buscamos a Dios. Pero cuando Cristo vino, Él fue el segundo Adán, y donde el primer Adán falló, el segundo Adán venció. Donde el primer Adán trajo muerte por medio de su desobediencia y egoísmo, el segundo Adán, Jesucristo, trajo vida por medio de Su obediencia y sacrificio en la cruz.

Oración. Señor misericordioso, estamos corrompidos por naturaleza. Somos hijos del primer Adán, quien deseó lo que habías pro­hibido. Danos una nueva naturaleza por medio del nuevo nacimiento en Cristo, el segundo Adán, para poder cumplir la ley en el poder del Espíritu Santo. Amén.


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