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¿Quién es Dios según la Biblia? El estudioso Augustus Hopkins Strong, en su Teología Sistemática, buscó sintetizar una definición bíblica que respondiera a esta pregunta: “Dios es el espíritu, infinito y perfecto en el cual todas las cosas tienen su fuente, sostén y fin”.

Dios se dio a conocer de forma progresiva por medio de su Palabra y su Hijo Jesucristo (He 1:1-2). Todo lo que Él revela en la Escritura es verdadero y necesitamos profundizar en su revelación para relacionarnos con Él. Cualquier definición que formulemos sobre Él es parcial e incompleta porque Dios es infinito y superior sobre todo. No obstante, podemos dar un concepto real de quién es Él basados en lo que la Biblia enseña. Demos un vistazo a esas cualidades que resalta el doctor Hopkins sobre la esencia de Dios y cómo están reveladas en la Escritura.

Dios es Espíritu

Cristo reveló un concepto importante sobre la esencia divina en el diálogo con la samaritana: “Dios es Espíritu” (Jn 4:24). Tal afirmación cobra relevancia porque la hizo el Dios encarnado (Jn 1:14; Col 1:19, 2:9-10). Desde el primer siglo hubo problemas para comprender la esencia de Cristo y su relación con Dios (cp. 2 Jn 1:7). Sin embargo, la Biblia afirma que Dios sigue siendo Espíritu, aunque Cristo esté encarnado en un cuerpo glorificado.

Dios es infinito en entendimiento, esencia, riqueza, reino, dominio, poder, autoridad y mucho más

Así que cuando la Escritura señala partes del cuerpo de Dios, como cuando el salmista habla del “brazo” poderoso del Señor (Sal 98:1), se trata en realidad de un antropomorfismo, es decir, darle cualidades humanas a un ser incorpóreo como Dios para explicarnos cómo obra Él. Por otro lado, en la Escritura aprendemos también que Él está involucrado en nuestras vidas a tal punto que, por la fe, habita en nosotros por su Espíritu (Jn 14:17, 23; 1 Co 3:16).

Dios es infinito

El salmista afirma: “Excelso es nuestro Señor, y grande su poder; su entendimiento es infinito” (Sal 147:5). Muchos texto bíblicos hablan de esta cualidad intransferible de Dios: Él es infinito en entendimiento, esencia, riqueza, reino, dominio, poder, autoridad y mucho más. Por tanto, su creación jamás podrá darle órdenes o desafiar su soberanía:

“Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, mas Él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: ¿Qué haces?” (Dn 4:35). Nosotros, sus criaturas finitas, únicamente nos podemos acercar a Él con humildad para suplicar su misericordia y que haga su voluntad, así como Cristo lo hizo (Mt 6:10; Lc 22:42).

Dios es perfecto

En el Antiguo Testamento, la palabra “perfecto” tiene varios usos, pero cuando se refiere a lo que Dios hace significa: “incuestionable o libre de objeciones”. Sus obras perfectas no tiene fallas o inexactitud (Dt 32:4), y en ellas se revela su esencia e identidad.

Dios legitima lo que es y lo que no es bueno. Él tiene la capacidad de demandar la perfección de su pueblo por su propia perfección, que consiste en obedecer sus mandatos (Lv 11:44). En el Nuevo Testamento, vemos que Jesucristo ratifica que Dios es perfecto y demanda que sus hijos sean santos al obedecer su Palabra (Mt 5:48). La Biblia también muestra que la voluntad de Dios es buena, agradable, y perfecta (Ro 12:2). Por eso debemos someter nuestra voluntad a la suya, puesto que tenemos la meta clara de llegar a la estatura de Cristo (Ef 4:13).

Conozcamos más a Dios

Jesucristo dio a conocer que Dios es espíritu para que la humanidad lo conozca y podamos “adorarle en espíritu y en verdad” (Jn 4:24). Él fue a una cruz por nosotros para que podamos conocer a nuestro Dios por la eternidad (Jn 3:16; 17:3). Somos llamados, entonces, a profundizar en nuestro conocimiento de Él.

No comprendemos mejor a Dios por medio de nuestros sentidos, sino por medio de las Escrituras inspiradas por su Espíritu Santo

No comprendemos mejor a Dios por medio de nuestros sentidos, sino por medio de las Escrituras inspiradas por su Espíritu Santo (2 Ti 3:16-17). Sus pensamientos y caminos son inmensamente más altos que los nuestros (Is 55:9). Por lo tanto,solo Él nos puede guiar a contemplar las más grandes verdades sobre quién es Él (1 Co 2:14). No hay forma de conocerlo sin su Palabra.

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