¿Debemos creer en el nacimiento virginal de Cristo?

Las herejías nunca desaparecen, ¿verdad? Simplemente se vuelven a empaquetar, reutilizar, y reciclar en cada generación. Y la Iglesia siempre debe estar en guardia, siempre lista para defender la fe en contra de los nuevos enfrentamientos.

Alrededor de esta época, cada año, por ejemplo, podemos ver nuevas variaciones en la comprensión histórica del nacimiento de Cristo (al igual que cada Pascua podemos volver a experimentar los ataques anuales contra la historicidad de la resurrección). La semana pasada, alguien hizo esta pregunta en Twitter: “Si eres cristiano, ¿crees en el nacimiento virginal?”.

Respondí que la pregunta misma habría sido vista como extraña por nuestros antepasados ​​teológicos. El nacimiento virginal es una de las piedras angulares de la creencia cristiana. Sin ella, no tienes cristianismo. El interrogador original me acusó de ser excesivamente estricto. Me dijo: “No puedes decidir quién está dentro y quién está fuera”. Y ella tiene razón. Yo no. No hacemos nosotros la ortodoxia. Como dijo Chesterton: “¡Lo ortodoxia nos hace a nosotros!”.

Entonces, tenemos la opción, por supuesto, de creer o no creer en el nacimiento virginal. Pero si no creemos, no podemos decir que nuestra teología es cristianismo. La ortodoxia no es un buffet. El nacimiento virginal es un principio esencial del cristianismo, una doctrina de primer orden, y estas son las razones:

1. Las Escrituras no son ambiguas sobre el nacimiento de Cristo

A veces escuchamos a los teólogos decir que la “virgen” a la que se hace referencia en la profecía mesiánica de Isaías (7:14) es simplemente una “mujer joven en edad de casarse”. La palabra, por supuesto, incluye esa posibilidad semántica, pero a la luz del nuevo pacto, vemos con mucha más claridad en qué “clase” de virgen nace el niño Cristo; no simplemente una mujer joven en edad de casarse, sino una mujer que nunca había tenido relaciones sexuales.

“El nacimiento de Jesucristo fue como sigue: estando Su madre María comprometida para casarse con José, antes de que se llevara a cabo el matrimonio, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo”, Mateo 1:18. 

“Antes de que se llevara a cabo el matrimonio” es una referencia a las relaciones sexuales. Antes de que José y María se casaran o tuvieran una relación íntima, se descubrió que estaba embarazada. Y si esa referencia no es lo suficientemente clara, Mateo nos dice que el niño era “del Espíritu Santo”. Luego, en el versículo 25, Mateo menciona que José no “conoció” a María (en el sentido sexual) hasta después de haber dado a luz a este hijo.

Lucas 1 es aún más claro. El ángel le dice a María que concebirá un hijo. Ella pregunta cómo es posible, ya que es virgen, lo cual es algo extraño de decir si solo hubiera querido decir que era joven. Y el ángel explica que el Espíritu Santo la “cubrirá” (v. 35).

2. El cristianismo histórico mantiene el nacimiento virginal como un principio esencial de la ortodoxia

La creencia más antigua y duradera de la Iglesia histórica ha sido que Cristo, cuando fue concebido, nació de una mujer que era virgen. El credo más antiguo, por supuesto, el Credo de los apóstoles, afirma claramente que Jesús fue “concebido por el Espíritu Santo [y] nacido de la virgen María”.

Modificar el cristianismo histórico es modificar el cristianismo mismo.

Durante aproximadamente 2000 años, entonces, el nacimiento virginal no ha sido negociable para el verdadero cristianismo.

También el Credo de Nicea dice:

“Creo […] en un solo Señor Jesucristo, […] quien para nuestra salvación bajó del cielo y fue hecho carne por el Espíritu Santo de la virgen María, y se hizo hombre”.

Y el Credo de Atanasio:

“Creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, es Dios y hombre; Dios de la sustancia del Padre, engendrado antes de todos los mundos; y hombre de la sustancia de su madre, nacido en el mundo”.

El de Calcedonia:

“Todos, de común acuerdo, enseñamos a los hombres a reconocer al mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, […] engendrado para nosotros los hombres y para nuestra salvación, de María la virgen, la portadora de Dios…”.

Esto es solo una muestra.

Los credos, por supuesto, no son inerrantes como las Escrituras, ni tienen autoridad en el mismo sentido que las Escrituras, pero son los límites ampliamente reconocidos de la ortodoxia cristiana por la Iglesia universal. Modificar el cristianismo histórico es modificar el cristianismo mismo.

3. Negar el nacimiento virginal está inextricablemente conectado con otras herejías cristológicas

El problema al tratar de eliminar el nacimiento virginal de la fe cristiana es que inevitablemente destapas un efecto dominó en los errores posteriores que surgen de esa negación. En su sección sobre el nacimiento virginal en El diccionario evangélico de teología, John Frame aclara las implicaciones doctrinales críticas:

La deidad de Cristo. Si bien no podemos decir dogmáticamente que Dios podría entrar al mundo solo a través de un nacimiento virginal, con seguridad la encarnación es un evento sobrenatural. Eliminar lo sobrenatural de este evento es inevitablemente comprometer la dimensión divina del mismo.

La humanidad de Cristo. Esto era lo de vital importancia para Ignacio y los padres del siglo II. Jesús realmente nació; Él realmente se convirtió en uno de nosotros.

La impecabilidad de Cristo. Si nació de dos padres humanos, es muy difícil concebir cómo podría haber estado exento de la culpa del pecado de Adán y convertirse en una nueva cabeza para la raza humana. Y parecería solo un acto arbitrario de Dios que Jesús podría nacer sin una naturaleza pecaminosa. Sin embargo, la impecabilidad de Jesús, como la nueva cabeza de la raza humana, y como el cordero expiatorio de Dios, es absolutamente vital para nuestra salvación.

De hecho, es difícil concebir las naturalezas duales de Cristo, la impecabilidad de Cristo, y la encarnación sin la lógica del nacimiento virginal.

El cristianismo depende de una visión del mundo teísta, y por lo tanto sobrenatural, que abre la puerta a toda clase de maravillas inescrutables.

Además, las razones para negar el nacimiento virginal son básicamente las mismas razones para rechazar el cristianismo ortodoxo por completo. Si razonas así por el naturalismo o por el materialismo, que una vida humana no puede ser concebida milagrosamente aparte de la presencia de una semilla masculina, ¿qué te impide rechazar cualquiera de los milagros de Cristo, incluida su resurrección, o la poderosa eficacia de la cruz expiatoria? El cristianismo depende de una visión del mundo teísta, y por lo tanto sobrenatural, que abre la puerta a toda clase de maravillas inescrutables. La Biblia está llena de ellas. ¿Por qué elegir, y elegir solo una? Es como seleccionar la naranja del fondo en una pirámide de naranjas. El resto de ellas caerá.

Por lo tanto, adaptar tu cristianismo sin esta o aquella doctrina es adaptar una fe completamente diferente. Negar el nacimiento virginal puede tener más sentido en nuestra edad supuestamente más iluminada, pero al hacerlo, no terminas con un mejor cristianismo. Simplemente terminas con el nestorianismo, o el monofisitismo, o el psilantropismo, o el ebionismo, o algún otro ismo que no te salvará.


Publicado originalmente en For the Church. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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