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Me resulta frustrante cuando leo o escucho columnistas, comentaristas o periodistas que etiquetan a los cristianos como personas inconsistentes por el hecho de que algunos de ellos eligen cuáles reglas de la Biblia obedecer. Frecuentemente he oído decir: “los cristianos ignoran muchos textos del Antiguo Testamento, como el no comer carne cruda, carne de cerdo o mariscos, el no ejecutar a personas por violar el día de reposo, el no llevar prendas tejidas con dos tipos de materiales, etc. Luego ellos también condenan la homosexualidad. ¿No están simplemente seleccionando y escogiendo lo que quieren creer de la Biblia?”.

No espero que todos entiendan que la Biblia entera es acerca de Jesús y el plan de Dios para redimir a su pueblo. Sin embargo, tengo la esperanza de que algún día alguien haga uso de su sentido común (o por lo menos hablar con un consejero teológico bien informado) antes de ser franco respecto a la acusación de inconsistencia.

En primer lugar, no solo el Antiguo Testamento tiene prescripciones sobre la homosexualidad. El Nuevo Testamento también tiene mucho que decir acerca de esto. Incluso, Jesús dice en su discusión sobre el divorcio en Mateo 19:3-12, que el diseño original de Dios es que un hombre y una mujer se unan como una sola carne. Fuera del matrimonio (v.12) las personas deben abstenerse del matrimonio y el sexo.

Sin embargo, vamos a volver a examinar el amplio tema de la inconsistencia respecto a cosas mencionadas en el Antiguo Testamento ya no practicadas por el pueblo de Dios en el Nuevo Testamento. La mayoría de los cristianos no saben qué decir cuando se enfrentan a este tema. Aquí una pequeña introducción sobre la relación del Antiguo Testamento con el Nuevo Testamento.

El Antiguo Testamento dedica una buena cantidad de espacio a la descripción de los diversos sacrificios ofrecidos en el tabernáculo (luego en el templo) para expiar el pecado, para que los fieles pudieran acercarse a un Dios santo. Había también un complejo conjunto de reglas para la limpieza y la pureza ceremonial. Usted solo podía acercarse a Dios en adoración si comía ciertos alimentos y otros no, llevaba ciertas formas de vestir, se abstenía de tocar una variedad de objetos, y así sucesivamente. Esto transmite de manera vívida una y otra vez que los seres humanos son espiritualmente impuros y no pueden entrar en la presencia de Dios sin purificación.

Pero incluso en el Antiguo Testamento, muchos escritores dieron a entender que los sacrificios y las regulaciones de adoración realizadas en el templo apuntaban hacia algo más allá de ellos mismos (1 Sam. 15:21-22; Sal. 50:12-15; 51:17; Os. 6:6). Cuando Cristo apareció, Él declaró como puros todos los alimentos (Marcos 7:19), e hizo caso omiso a las leyes de pureza del Antiguo Testamento, tocando leprosos y cuerpos sin vida.

La razón es clara. Cuando Él murió, en la cruz el velo del templo se rasgó, mostrando que había terminado con la necesidad del sistema de sacrificios, junto con sus leyes de pureza. Jesús es el sacrificio final por el pecado y es Jesús quien ahora nos limpia.

Todo el libro de Hebreos explica que las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento fueron no tanto abolidas sino cumplidas por Cristo. Siempre que oramos “en el nombre de Jesús”, tenemos “confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús” (He. 10:19). Sería, por lo tanto, profundamente incompatible con la enseñanza de la Biblia en su conjunto si continuáramos siguiendo las leyes ceremoniales.

La ley aún debe ser cumplida

El Nuevo Testamento nos orienta a saber cómo leer el Antiguo Testamento. Pablo deja claro en citas como Romanos 13:8 que los apóstoles entendieron que la ley moral del Antiguo Testamento aún seguía siendo obligatoria para nosotros. En resumen, la venida de Cristo cambió la forma en que adoramos, pero no la forma en que vivimos. La ley moral describe el propio carácter de Dios –su integridad, su amor y fidelidad–. Y todo lo que el Antiguo Testamento dice acerca de amar a nuestro prójimo, el cuidado de los pobres, la generosidad con nuestras posesiones, las relaciones sociales y el compromiso con nuestra familia todavía está en vigor. El Nuevo Testamento continúa prohibiendo el matar o cometer adulterio, y toda la ética sexual del Antiguo Testamento es reafirmada a lo largo del Nuevo Testamento (Mateo 5:27-30; 1 Cor. 6:9-20; 1 Tim. 1:8-11). Si el Nuevo Testamento ha reafirmado un mandamiento, entonces aún sigue vigente para nosotros hoy en día.

El Nuevo Testamento explica otro cambio entre los testamentos. Los pecados siguen siendo pecados, pero las sanciones cambian. En el Antiguo Testamento los pecados como el adulterio o el incesto eran objetos de sanciones civiles como la ejecución. Esto se debe a que en ese momento el pueblo de Dios constituía un estado-nación, de modo que todos los pecados tenían sanciones civiles.

Pero en el Nuevo Testamento el pueblo de Dios es un conjunto de iglesias a lo largo de todo el mundo viviendo bajo muchos gobiernos diferentes. La iglesia no es un gobierno civil, por lo que los pecados son confrontados y, en el peor de los casos, da razón a la exclusión de la membresía. Así es cómo Pablo se ocupa de un caso de incesto en la iglesia de Corinto (1 Co. 5:1 y 2 Co. 2:7-11). ¿Por qué este cambio? Bajo Cristo, el evangelio no se limita a una sola nación, sino que ha sido puesto en libertad para ir a todas las culturas y los pueblos de la tierra.

Una vez que se otorga la premisa principal de la Biblia –acerca de la importancia suprema de Cristo y de su salvación– entonces todas las diferentes partes de la Biblia tienen sentido. Gracias a Cristo, se derogó la ley ceremonial. Gracias a Cristo, la iglesia ya no es un estado-nación que impone sanciones civiles. Todo cae en su lugar. Sin embargo, si usted rechaza la idea de Cristo como Hijo de Dios y Salvador, entonces la Biblia sería en el mejor de los casos una mezcolanza conteniendo un poco de inspiración y sabiduría, pero la mayor parte tendría que ser tomada como tonterías erradas.

Entonces, ¿dónde nos deja esto? Solo hay dos posibilidades. Si Cristo es Dios, entonces este modo de leer la Biblia tiene sentido. La otra posibilidad es rechazar la tesis básica del cristianismo –usted no cree que Jesús sea el Hijo de Dios resucitado– y por ende la Biblia no es una guía segura para usted acerca de casi nada. Pero de manera justa no se puede decir que los cristianos son incompatibles con sus creencias cuando ellos siguen los enunciados morales en el Antiguo Testamento a la vez que no practican otros.

Una forma de responder a esta acusación de incoherencia puede ser realizando una contra-pregunta: “¿Me estás pidiendo que niegue el corazón mismo de mis creencias cristianas?”. Si le preguntan, “¿Por qué dices eso?”, usted podría responder: “Si yo creo que Jesús es el Hijo de Dios resucitado, no puedo seguir todas las leyes de limpieza, de dieta y de práctica, y no puedo ofrecer sacrificios de animales. Todo eso sería negar el poder de la muerte de Cristo en la cruz. Y así los que de verdad creen en Cristo deben seguir algunos textos del Antiguo Testamento y otros no”.


Este articulo fue publicado originalmente el 9 de julio 2012 para The Gospel Coalition. Traducido por Omar Jaramillo.
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