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En los Evangelios leemos un par de eventos en los que Jesús multiplicó panes y peces para alimentar a la multitud que lo seguía:

  • Mateo 14:13-21 y 15:32-39.
  • Marcos 6:33-46 y 8:1-9.

Al ver esto, pudiéramos pensar que se trata de una mera repetición del mismo episodio, y otras veces ni siquiera notamos que se relatan dos veces acontecimientos similares.

Vale preguntarnos: ¿cuántas veces multiplicó Jesús comida para la multitud?

¿Dos multiplicaciones?

Algunos comentaristas alegan que esta multiplicación corresponde a un solo acontecimiento, que fue solo un milagro y no dos. El argumento es que ambos relatos son muy similares. Aunque reconocen las diferencias entre ellos, argumentan que éstas son secundarias.

Otros argumentan totalmente lo contrario: que estas dos multiplicaciones son dos acontecimientos diferentes. Esto es lo más aceptado por los investigadores que se adhieren a la inerrancia bíblica, y es la postura que adoptaremos aquí, pues la evidencia bíblica que la respalda es contundente. Las multiplicaciones relatadas no pueden ser un solo acontecimiento, pues tienen características muy distintas. Comparemos:

Mateo 14:13-21

Mateo 15:32-39

5 panes y dos peces (14:19).

7 panes y algunos pececillos (15:34).

4.000 personas (14:21).

5.000 personas (15:38).

Tuvo lugar en la orilla oriental del Mar de Galilea (14:14).

Los hizo acostar en el suelo (15:35).

Sobran doce canastas.

Sobran siete canastas.

Al parecer y según el relato, la gente estuvo con Jesús
un solo día.

El texto nos informa que ya eran tres días que la gente estaba con Jesús.

Además de esto, en ambos relatos hay verbos distintos, por ejemplo: acostarse en tierra (15:35) y volver a sentarse (14:19); Jesús bendijo el pan (14:19); Jesús dio gracias (15:36).

Con todo, una de las evidencias más importantes está en Mateo 16:9-10, cuando el Maestro dice a sus discípulos: “¿Todavía no entienden ni recuerdan los cinco panes para los cinco mil, y cuántas cestas recogieron? ¿Ni los siete panes para los cuatro mil, y cuántas canastas recogieron?”. Esto nos muestra que ocurrieron dos milagros y relatos distintos, no uno solo.

Olvidadizos en manos de un Dios paciente

¿Por qué, antes de la segunda multiplicación, actuaron los discípulos como si Jesús nunca hubiera dado una solución a una problemática de esta naturaleza? (Mat. 15:33). ¿Acaso habían olvidado un acontecimiento tan glorioso sucedido poco tiempo atrás? ¡El texto nos enseña que sí!

Somos olvidadizos cuando se trata de recordar la bondad de Dios. Pero hay una buena noticia: ¡El Señor tiene paciencia con nosotros!

Esta actitud nos parece inexplicable. Pero examinémonos. ¿No hacemos lo mismo todo el tiempo? Tenemos poca memoria de las obras grandiosas que el Señor hace. Al poco tiempo dudamos nuevamente de su poder. ¿Cuántas veces nos hemos enfrentado a imposibilidades en nuestras vidas, y la providencia y gracia de nuestro Dios han estado presentes para sostenernos? ¿Cuántas veces nos ha faltado comida y el Señor ha provisto, y luego nos falta el gas y dudamos de su divina providencia?

Somos olvidadizos cuando se trata de recordar la bondad de Dios. Así es nuestra naturaleza, no sabemos esperar y confiar. Pero hay una buena noticia: ¡El Señor tiene paciencia con nosotros! “Pero Tú, Señor, eres un Dios compasivo y lleno de piedad, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad” (Sal. 86:15). Nuestro desafío, por lo tanto, es ponernos bajo la soberanía de nuestro Señor, confiando en Él.

Siempre que subo a un autobús y veo a los que duermen en el camino (entre ellos a veces yo), pienso en la confianza que ponemos en el chofer. ¿Cuánto más nuestro en Señor que nos guía? ¡Estamos en las mejores manos!

Jesús realizó dos milagros así de grandes para dejarnos claro que Él puede repetir sus obras asombrosas cuando lo deseé. Esta lección debe infundirnos fe en el Dios todopoderoso. Su poder no se agota.


Imagen: Lightstock.
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