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El cáncer de Amy apareció de manera agresiva. Ella era una esposa fiel y madre amorosa de tres niños pequeños. Su diagnóstico era grave, pero su fe era grande. Ella sabía que Dios es bueno y que Él podía sanarla. Así que ella oró. Su esposo oró. Sus hijos oraron. Nuestra iglesia oró. Rogamos a Dios que librara su vida. Pero una fría mañana de enero, Amy falleció.

Su muerte no es la única vez que he visto a Dios negar plegarias de ayuda. Mi esposa oró para que su padre creyera en Cristo antes de su muerte. No parece que él lo haya hecho. He suplicado a Dios para que Él sane a miembros de mi familia de situaciones de salud mental y Él no lo ha hecho. 

¿Alguna vez has orado fervientemente por algo, solo para que Dios diga que no? ¿Qué debemos hacer cuando Dios dice no a nuestras oraciones fervientes?

Un apóstol herido

El apóstol Pablo enfrentó numerosas pruebas durante su ministerio (2 Co. 11:23-28). Sin embargo, un dolor permanente pareció destacarse. Una misteriosa espina que lo atormentaba y que lo llevó a suplicarle a Dios que se la quitara. Pero Dios dijo que no.

“Para impedir que me enalteciera, me fue dada una espina en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca. Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí. Y Él me ha dicho: ‘Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad’”, 2 Corintios 12:7-9.

Mucho se ha dicho sobre los detalles de este pasaje. Algunos sugieren que la espina de Pablo fue una lucha secreta con el pecado. Otros (como yo) sospechan que era una condición ocular que incesantemente lo afectaba (cf. Gá. 4:13-15). Podemos especular, pero no sabemos qué era esa espina.

La petición de Pablo no fue del todo rechazada. En vez de aliviar su dolor, el Señor le prometió gracia

Pero Pablo sí lo sabía. A él le parecía que Satanás le estaba clavando esa espina retorcidamente en su carne. Pablo sufrió tanto con esto que él rogó al Señor en varias ocasiones para que se lo quitara, creyendo que Dios podía concederle su petición.

Una oración ferviente, sin embargo, no sería suficiente esta vez. Pablo tendría que soportar su espina que le provocaba dolor, exponía su debilidad, y lo llevaba a orar.

Un apóstol ayudado

Sin embargo, la petición de Pablo no fue del todo rechazada. En vez de aliviar su dolor, el Señor le prometió gracia (2 Co. 12:8). La espina profundizaría su dependencia, y la gracia lo ayudaría a no darse por vencido en el Dios que dijo que no a su oración. Pablo incluso aprendería a jactarse en su debilidad mientras la fortaleza divina brillaba a través de ella (2 Co. 12:10).

Estas son 4 verdades llenas de gracia que nos guardan de la desesperación cuando el Señor dice que no a nuestras oraciones fervientes.

1. Ten cuidado con las mentiras de Satanás

Satanás es un mentiroso y un acusador del pueblo de Dios (Jn. 8:44; Ap. 12:10; cf. Jon 1-2). Cuando Dios no responde a tus oraciones, puedes estar seguro de que Satanás te ofrecerá una razón por la cual Él no las ha contestado. “Dios es cruel; no puedes confiar en Él”. “No eres digno de amor; claro que Dios rechazaría tu oración”. “Tu fe es débil y tu pecado vergonzoso; Dios no te ama”.

Sigue orando al Señor, aún cuando parezca inútil

Debemos levantar el escudo de la fe para apagar estos dardos encendidos del maligno. Llama a amigos que puedan hablarte verdad y así ayudarte a levantar tu escudo. Sumérgete en los Salmos e involúcrate con las oraciones inspiradas de los santos sufrientes. Sigue orando al Señor, aún cuando parezca inútil.

Satanás te asegurará que Dios no te está escuchando. Para probarlo, él te señalará tu perpetuo vientre vacío o a tu recién cavada tumba. Esta es la razón por la cual Pedro advirtió a las iglesias sufrientes de Asia Menor: “Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar” (1 P. 5:8). Huye al Buen Pastor. El Señor pudo haber dicho que no a una de tus peticiones, pero Él nunca rechazará tu súplica pidiendo su gracia.

2. Confía en la sabiduría de Dios

Cuando el padre incrédulo de mi esposa murió, ella estaba profundamente confundida. Ella no podía entender por qué Dios pondría carga en ella de orar por él para no salvarlo. Sabiendo que Dios es sabio, ella encontró consuelo en las verdades del Salmo 131. En vez de quedarse paralizado por “las grandezas, ni en cosas demasiado difíciles para [él]” David decía que había “calmado y acallado [su] alma” al confiar en la sabiduría del Señor.

Cuando Dios niega aún nuestras oraciones más genuinas, debemos confiar que: “Mis caminos son más altos que sus caminos, y Mis pensamientos más que sus pensamientos” (Is. 55:8-9). Su plan sabio puede requerir que Él niegue nuestras súplicas.

Las oraciones no contestadas pueden confundirnos, pero no lo confunden a Él. Él sabe lo que nosotros no sabemos y ve lo que no podemos ver. Y en el último día, cuando sepamos lo que Él sabe, no lo acusaremos de otra cosa que de ser fiel.

3. Descansa en la bondad de Dios

Pocas cosas pueden llevarnos a cuestionar el carácter de Dios como las oraciones no contestadas. Podríamos hacer eco de la pregunta del salmista: “¿Ha olvidado Dios tener piedad, o ha retirado con Su ira Su compasión?” (Sal. 77:9). Si soy honesto, puedo identificarme con preguntas como estas cuando veo ciertas oraciones que no son contestadas. A veces puedo ser tentado a dudar de la bondad de Dios hacia mí.

Pero las palabras de Jesús me han traído gran consuelo:

“¿O qué hombre hay entre ustedes que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?”, Mateo 7:9-11.

Jesús quiere que sepamos que nuestro Padre celestial solo nos da cosas buenas. Él nunca nos dará una serpiente cuando pedimos pescado, o piedras cuando pedimos pan

Jesús quiere que sepamos que nuestro Padre celestial solo nos da cosas buenas (Sal. 84:11). Él nunca nos dará una serpiente cuando pedimos pescado, o piedras cuando pedimos pan. Puede que Él no nos dé el pan o el pescado, pero nunca retendrá el bien para nosotros. Como dijo John Piper una vez: “[Dios] nos da lo que pedimos, o algo mejor (no necesariamente más fácil), si confiamos en Él”.

4. Confía en que Dios te contestará pronto

En Apocalipsis 4-5, encontramos al Señor Jesús resucitado abriendo el rollo que contiene el plan de Dios para redimir a su pueblo y destruir a sus enemigos. Entre los muchos seres angelicales, encontramos a algunos sosteniendo “copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos” (Ap. 5:8).

Estas copas están llenas con las oraciones del pueblo de Dios que tanto han clamado a Él para que Él haga venir su reino. Son las oraciones para que sean vencidos los efectos de la caída. Y hasta ese punto, las oraciones no han sido contestadas.

De este lado de la gloria, nosotros soportamos las oraciones no contestadas. Pero un día no muy lejano, el Señor contestará las oraciones de su pueblo con un fuerte .

Ese día, el Señor contestará nuestras oraciones por Amy y resucitará su cuerpo glorificado. Ese día, nuestro Padre celestial consolará a mi esposa sobre el destino eterno de su padre terrenal. Ese día, Dios nos librará de todas las espinas por las cuales le suplicamos.

Y hasta ese día, su gracia será suficiente para sostenernos.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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