Cuándo callar y cuándo hablar en el lugar de trabajo

Las Escrituras nos dicen que obedezcamos y nos sometamos a nuestros “amos”. Suponiendo que esto se aplica a nuestros jefes, ¿significa que no debería rechazar las malas ideas de la gerencia? ¿Nunca debería “pedir perdón en lugar de permiso” en actividades con las que sospecho que mi jefe no estará de acuerdo, si creo que el resultado será bueno para él o ella? Y en la misma línea de saber cuándo hablar y cuándo callarse, ¿dónde está la línea entre las discusiones que critican constructivamente los objetivos y actividades de la compañía, y la charla dañina que los cristianos deben evitar?


Todos los días, en nuestros lugares de trabajo, estamos rodeados de conversaciones disonantes, desde planear el día hasta chismes salaces, desde consultas útiles hasta la subversión abierta a la autoridad por colegas ambiciosos. Como seguidores de Jesús, probablemente estamos familiarizados con pasajes bíblicos que exigen respeto a los empleadores (“amos” en Ef. 6 y Col. 3), así como con las advertencias sobre el chisme y la comunicación malsana (Ef. 4)

Los desafíos surgen cuando nos enfrentamos a dilemas éticos con respecto a nuestro hablar, particularmente cuando se trata de nuestros jefes y compañeros de trabajo. Dejando a un lado los insultos obvios y la rebelión abierta, o las bromas y las celebraciones amistosas, ¿cómo discernimos cuándo guardar silencio y cuándo hablar?

Aquí hay siete ideas que pueden ayudarnos a escuchar y hablar sabiamente en nuestros lugares de trabajo.

  1. ¿Estamos reaccionando sin pensar, o estamos respondiendo con sabiduría? Cuando refrenamos nuestras lenguas y hacemos una pausa para considerar la situación, elegiremos nuestras palabras con más cuidado (Pr. 10:10; Stg. 3).
  2. Las bromas amistosas deben distinguirse de los chismes malos. “¡Qué traje tan colorido!” no debe dar paso a “¡Pareces un payaso!”. El motivo, la selección de palabras, y el tono contribuyen al gozo o al sarcasmo (Pr. 12:14).
  3. Pensar críticamente sobre los problemas es diferente a juzgar a las personas. Por ejemplo: “Creo que puede haber una mejor manera de elaborar el presupuesto” es bastante distinto de “La contabilidad está llena de tontos sin visión”. El primero permite el debate que conduce a la sabiduría; el último aleja a los departamentos y a las personas (Pr. 10:32).
  4. Cuando difiero con mis jefes en asuntos de importancia, nuestra misión compartida debe ser el enfoque de la crítica. Encontrar un punto de partida común aleja la conversación de las meras opiniones hacia las soluciones para el bien de la organización.
  5. Es saludable tener una ambición dirigida hacia los fines del reino. No es pecaminoso desear una promoción para tener un trabajo fructífero. Pero es una grave transgresión hacer maniobras políticas a expensas del carácter o la reputación de otro. “Realmente quiero la silla del director. Tengo algunas ideas que nos harán avanzar y creo que estoy listo”. Esta es una confianza aceptable. “Todos sabemos que es candidato porque su amigo es el CEO. No tiene lo que se necesita”. Incluso si eso es cierto, hablar palabras así envenena a la comunidad y abarata las aspiraciones piadosas (Pr. 11:3, 27).
  6. Si otros nos han atacado injustamente, sean subordinados o figuras de autoridad, hay que permanecer de lado de los hechos, usar palabras sin prejuicios, y documentarnos cuidadosamente. Eso nos ayudará a luchar por la justicia. Cuando nos defendemos bien, también abogamos por otros que podrían estar sujetos al mismo trato poco ético (Dn. 1–6).
  7. Antes de decir algo crítico sobre un compañero de trabajo o un jefe, ¿hemos hablado con ellos? Las advertencias de Jesús en Mateo 5 y 18 nos ayudan aquí: debemos hacer varios intentos de transmitir inquietudes o pensamientos divergentes en privado antes de llevar nuestra petición a una autoridad superior. Si se trata de eso, un buen registro de las conversaciones será esencial si debemos continuar la conversación con alguien más arriba (Pr. 12:22; 13:15).

Debemos hacer varios intentos de transmitir inquietudes o pensamientos divergentes en privado antes de llevar nuestra petición a una autoridad superior.

A medida que navegamos en nuestros lugares de trabajo, el Espíritu Santo nos ayudará a hacer una pausa y orar, reflexionar y responder, en lugar de reaccionar y lamentar nuestras palabras. Puede que no ganemos todas las batallas, pero podemos crecer en amor santo y paz interior.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Unsplash.
Compartir
CARGAR MÁS
Cargando