Cómo criar hijos que tienen miedo

¿Cómo puedes ayudar cuando tu hijo tiene miedo de ir por el tobogán por sí solo? ¿O no quiere jugar con otros niños en el parque? ¿O llora incontrolablemente ante la idea de que lo dejes en el aula de la escuela dominical? ¿O no se queda en la cama durante una tormenta eléctrica?

El miedo viene en muchas formas y tamaños, pero hay un tema común subyacente. En cada caso, los niños temerosos perciben una amenaza a algo que es importante para ellos: encajar, ser aceptados, ser competentes, sentir que su mundo es predecible, mantenerse a salvo, tener experiencias placenteras. Por lo tanto, para salvaguardar lo que quieren, retroceden ante la vida en lugar de abrazar algo nuevo o algo que no han probado.

Esta reacción puede ser frustrante para un padre, ya que es difícil ayudar a tu hijo a hacer algo bien cuando se niega a siquiera intentarlo. Es aun más frustrante cuando su reacción se convierte en un patrón de estilo de vida.

Una vida de temor

El temor tiene una forma de generar una estrategia que se refuerza a sí misma. La lógica implícita de los niños temerosos es algo como esto: “Si no pruebo nada nuevo, entonces nada malo me puede pasar. ¡Mira! No hice nada y estoy bien. Mi enfoque de vida está funcionando; por lo tanto, continuaré sin intentar nada”.

Aquí es cuando te das cuenta que tu objetivo como padre no es erradicar el mal comportamiento en un área pequeña de la vida. Más bien, tienes que ayudarlos a entender que algo malo les está sucediendo al no intentar hacer cosas nuevas: entorpecen su crecimiento y desarrollo como seres humanos. Se están consignando a un mundo pequeño, cuando fueron creados para gobernar y cuidar un mundo grande. El temor les está costando su potencial como portadores de la imagen de Dios.

Tienes que ayudar a los niños temerosos a ver lo bueno que es desarrollarse como seres humanos para que comiencen a valorar el crecimiento en lugar de una vida con percepción de seguridad.

Ayudando a los niños temerosos a vencer

Primero, por favor no les digas que no hay nada que temer. Ellos lo saben bien. Ellos saben que pueden fallar o lastimarse. Decirles que no hay nada que temer solo los convencerá de que entienden el mundo mejor que tú. Si ellos creen que ves menos que ellos, solo los convencerás de que no tienes nada que ofrecer.

Más bien reconoce que están asustados, y pregunta o adivina qué los asusta. Luego, en la medida que puedas, diles que lo entiendes. Hazles saber que entiendes el por qué eso les da miedo. Al mismo tiempo, sin embargo, recuérdeles que no están solos. Diles que estás allí con ellos y que no tienen que luchar solos contra su temor.

Comparte que sabes lo que es tener miedo. ¿Puedes recordar un momento en el que tenías miedo de lo mismo, o de algo similar? Usa tu experiencia para establecer una conexión.

Y luego ve más allá de la empatía. Habla sobre cómo estás aprendiendo a manejar tus miedos con fe. Diles que puedes enfrentar cosas que te asustan porque sabes que no estás solo. Jesús ha prometido estar contigo en cada cosa buena o atemorizante que enfrentes. Es bueno que tus hijos te tengan, pero finalmente necesitarán más de lo que les puedes dar. Este es un gran momento para enseñarles que no fuimos destinados a vivir separados del Dios que nos hizo. Aliéntelos a creer que si Jesús no abandona a sus padres en sus luchas, entonces pueden confiar en que Él tampoco los abandonará.

Ahora tómate el tiempo para trabajar con ellos anticipando los momentos de temor. Una vez que hayas visto a tu hijo con miedo un par de veces, puedes anticipar cuándo puede volver a surgir el miedo. Comienza a prepararlos para vivir por fe diciendo algo así: “Mira, más tarde hoy iremos a la escuela dominical. Sé que eso ha sido difícil para ti antes. Pero también sé que Jesús estará con nosotros. Vamos a pedirle que te ayude hoy”. Asegúrate de elegir una pequeña acción que los ayude a dar un paso en una dirección más proactiva. Quieres ensanchar su fe, no romperla. “¿Podrías subir hasta arriba de la escalera del tobogán sin detenerte antes de que te baje?”.

Asegúrate de no solo observar los pequeños pasos que da, sino de celebrarlos verbalmente.

Por último, y esto es crítico, asegúrate de no solo observar los pequeños pasos que da, sino de celebrarlos verbalmente. No pierdas la oportunidad de ayudarlos a vivir su fe. Tómate 30 segundos para orar juntos, agradeciendo a Jesús por el valor que les está dando para ejercitar una mayor confianza.

Paciencia en la lucha

¿Sientes que este proceso necesitará muchas conversaciones pacientes y potencialmente frustrantes? Criar hijos es mucho más que simplemente identificar con qué están luchando. También es un compromiso con encontrar al pasar de los años un millón de maneras para decir: “Estoy aquí para ti. Te amo y, porque te amo, no puedes quedarte donde estás. Pero iremos juntos”.

No he sido más paciente con mis hijos de lo que Jesús ha sido conmigo.

¿Qué te mantiene con esperanza y comprometido con niños temerosos cuando te das cuenta de que desentrañar el temor es un proceso que puede llevar años, no horas? Para mí es el darme cuenta de que no he tenido que ser más paciente con ninguno de mis tres hijos de lo que Jesús ha sido, y sigue siendo, conmigo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Alicia Ferreira.
Imagen: Lightstock.
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