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He estado trabajando en el ministerio de jóvenes durante unos ocho años y una de las preguntas más comunes que he recibido de jóvenes cristianos es: «¿Cómo podemos (insertar nombre de novio/novia) y yo tener una relación de pareja cristiana? ¿Cómo podemos mantenerla centrada en Cristo?». Por más que lo haya escuchado, me encanta el corazón detrás de la pregunta. Una pareja de jóvenes llega a tener una relación de pareja y quieren «hacerlo bien». Se han dado cuenta de que a Dios le conciernen todos los aspectos de nuestras vidas, incluyendo nuestras relaciones románticas, así que han resuelto tener una relación de pareja «cristiana» y buscan orientación.

Al comprender que los pasos prácticos son importantes, la mayoría de las veces quieren consejos o pasos que puedan dar para edificar su relación en Cristo. «¿Debemos llamarnos y orar diariamente? ¿Qué tal un devocional? ¿Debemos comprar un devocional y leerlo juntos? ¿Tal vez tener un estudio bíblico semanal?». Si el joven es de tendencia teológica, se presenta con una posible serie de predicación de diez semanas ya bosquejada (consejo: este último definitivamente no es un enfoque ganador).

En ese momento, una de las primeras cosas que suelo decirles es que realmente no hay una «teología bíblica» del noviazgo escondida en el libro de Relaciones 4:5-20. Hay algunos consejos bastante obvios, como orar el uno por el otro en sus devociones diarias, animar al otro a leer las Escrituras, establecer límites apropiados (emocionales, espirituales, etc.) y buscar la santidad sexual. Pero, aparte de eso, no hay reglas reales y estrictas sobre este tipo de cosas.

Sin embargo, a lo largo de los años he llegado a ver que hay una marca clave de una relación madura enfocada y continuamente centrada en Cristo: ambos están absolutamente comprometidos con la participación del otro en la iglesia local.

4 razones para estar entre los asistentes de la iglesia

«¿Ir a la iglesia? ¿De verdad? ¿Este es tu gran consejo para las relaciones?». Exacto.

Es importante que tu pareja tenga comunión con el cuerpo de Cristo fuera del ámbito de tu propia relación

Para algunos, este punto puede parecer contraproducente. Como ya he mencionado, las parejas suelen tener la idea de que para ser verdaderamente «espirituales» deben empezar a entrelazar sus vidas espirituales en una sola. Esto puede convertirse en un problema, especialmente porque no están casados. Estos devocionales juntos pueden convertirse en una espiritualidad centrada en la pareja que comienza a reemplazar la relación con Dios centrada en la iglesia que establece realmente el Nuevo Testamento.

No, si quieres que tu pareja realmente crezca con Cristo, se animarán el uno al otro a adorar regularmente porque tú quieres que:

1. Reciba predicación verdadera. No tengo el espacio necesario para hablar de los múltiples beneficios de sentarse bajo una predicación regular, pero enumeraré algunos. Primero, nos convence del pecado y nos humilla ante Cristo. Un corazón que no se somete a escuchar la ley se endurecerá ante cualquier llamado al arrepentimiento; esa es la señal de muerte de cualquier relación piadosa. En segundo lugar, nos recuerda el evangelio. A menos que se nos recuerde regularmente la gracia de Cristo, el corazón empezará a hundirse en el pecado, a esconderse y a encontrar su afirmación más profunda en otras cosas que no sean Cristo, como, por ejemplo, un enfoque idólatra en su relación. En tercer lugar, la Palabra de Dios predicada verdaderamente nos lleva por el poder del Espíritu a la presencia de Cristo. Finalmente, necesitamos escuchar una palabra externa que no podamos racionalizar, torcer, distorsionar o ignorar con rapidez.

2. Se reúna con otros creyentes. Es importante que tu pareja tenga comunión con el cuerpo de Cristo fuera del ámbito de tu propia relación. Algo está fallando si tu relación se convierte en el centro de su fe, el principal y único estímulo que tiene en Cristo. ¿Quién está presente para apoyar y animar cuando tienes un mal día o cuando tu relación necesita una revisión porque se ha descarrilado en el pecado? ¿Qué pasa si terminan? Incluso las mejores parejas casadas necesitan otras voces piadosas que hablen con sabiduría, convicción, consuelo y gracia sanadora en sus vidas. De hecho, no conozco una sola pareja piadosa que te diga lo contrario.

3. Reciba la Cena del Señor. Ya seas bautista, anglicano o presbiteriano, necesitas que se te recuerde con regularidad que solo Cristo es la fuente de vida espiritual: murió, resucitó y nuestra unión con Él es el único alimento verdadero para tu alma. Necesitamos alimentarnos de esta verdad con regularidad o nos veremos tentados a obtener fuerzas de otras fuentes inferiores, como tu propia relación.

4. Adore solo a Dios. Nuestras almas necesitan adoración. Sí, todo lo que hacemos bajo el sol es adoración. El trabajo es adoración. El juego es adoración. Dormir es adoración. Al mismo tiempo, es importante reconocer que la reunión corporativa del pueblo de Dios, al recibir la cena y elevar nuestras voces en el canto, prepara y da forma a los deseos de nuestros corazones para centrarse en Dios durante toda la semana. Si no es por otra razón que la de evitar el peligro de que tu pareja convierta tu propia relación (¡o a ti!) en un ídolo, querrás que semanalmente derramen sus corazones en alabanza a su verdadero Redentor y Salvador.

¿Notaste la tendencia de desarrollo de los cuatro puntos anteriores? Los cuatro se sostienen por sí mismos como razones sólidas para comprometerse a reunirse (y ser miembro) de un cuerpo local. Sin embargo, las cuatro desempeñan una función importante con respecto a tu relación con los demás. En primer lugar, hacen el trabajo negativo de prevenir el mayor peligro en cualquier relación de pareja «cristiana», que no es el pecado sexual, sino la tendencia humana de hacer un ídolo del ser amado. Normalmente, esta idolatría justifica el pecado sexual y tantas otras patologías relacionales. En segundo lugar, hacen el trabajo positivo de poner tus ojos en Cristo y Su obra completa en tu vida. De hecho, se evita la idolatría relacional al poner los ojos en Cristo mediante las prácticas y relaciones en el cuerpo local.

Advertencia y ánimo

Para terminar con mis consejos sobre las relaciones, me gustaría ofrecer una advertencia y algo de ánimo. Primero la advertencia: Si al iniciar la relación dejas de ir a la iglesia, oras menos y lees menos la Biblia, probablemente sea una señal de que no vas en una dirección piadosa. De hecho, me arriesgaré a decir que si tu relación es un serio obstáculo para tu compromiso de obedecer los mandatos de Cristo de reunirte con el cuerpo, está matando tu relación con Jesús y, por lo tanto, por definición, no es una relación «cristiana».

¿Significa esto que debes romper inmediatamente? Tal vez. Tal vez no. Significa que tienes motivos para pensarlo bien. Ciertamente, hay espacio para el arrepentimiento.

Finalmente, el ánimo: Hombres, sean los primeros en animar a su pareja a participar en la comunión con otros creyentes y los últimos en alimentar cualquier deseo de apartarse de la adoración corporativa. Sean tan diligentes en reservar tiempo para la adoración corporativa como lo son en reservar «tiempo a solas» (los beneficios de los cuales probablemente también deberían ser objeto de debate). Mujeres, ustedes anhelen un hombre que tenga relaciones sólidas y saludables con otros hombres en el cuerpo de Cristo. Sean tan celosas por su tiempo con el cuerpo de Cristo como lo son por su tiempo con ustedes.

En última instancia, recuerda que tú no eres el punto de la relación: Jesús lo es. Señala al otro a Cristo y deja que Cristo les una como Él considere apropiado.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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