Cómo ser jefa en mi trabajo y respetar mi diseño

Esta una pregunta muy interesante y retadora porque la Biblia da instrucciones específicas a las mujeres en relación a su rol en el hogar y en la iglesia, pero no tanto en su ámbito laboral. Al igual que en muchos otros casos, necesitamos la guía del Espíritu para usar sabiamente los principios bíblicos que nos permitan discernir la respuesta a esta pregunta.

Es evidente desde el principio de la creación que la mujer fue creada como una ayuda idónea (ezer), sin implicar inferioridad con respecto a sus facultades ni con respecto a su dignidad. Desde el mismo momento en que ella fue creada, la mujer ha tenido la misma dignidad del hombre (Génesis 1:26-27 y Gálatas 3:28-29). Desafortunadamente, con la caída, el mundo ha distorsionado el glorioso diseño de Dios, por lo que la gran mayoría malinterpreta los roles como superior e inferior, algo que Dios no ha revelado.

En respuesta a esa cosmovisión, las mujeres, reconociendo que no son inferiores, pero creyendo el resto de la cosmovisión mundana, han distorsionado aún más el diseño divino. Muchas se han rebelado en contra de su diseño y han llegado a creer que ellas pueden desempeñar todos y cada uno de los roles que Dios ha asignado al hombre.  Así se han ido borrando los roles diseñados por Dios. La igualdad de géneros (dignidad, capacidad intelectual) no implica igualdad de roles. El resultado final es un mundo confundido y difícil (2 Timoteo 3:1-5).

Ejemplos en la Palabra

Como la Palabra no nos instruye sobre el liderazgo en el trabajo, ¿cómo podemos arribar a una conclusión?  Una primera manera pudiera ser indagando para ver si hay algunas mujeres “profesionales” en la Biblia.

La primera que me viene a la mente es Débora (Jueces 4) y aunque reconocemos que ella fue la excepción y no la regla, el Señor dejó su vida plasmada con un propósito. Sabemos que ella era una jueza y profetiza, y el Señor la usó para salvar a Su pueblo. Es verdad que era un tiempo muy oscuro en la historia judía, sin embargo, en un sentido muy real, no es muy diferente a los tiempos que estamos viviendo en nuestros días, donde cada cual parece hacer lo que le parece bien ante sus propios ojos.

Podemos aprender mucho de la vida de Débora en la forma que ella interactuó con Barac, el jefe del ejército judío. Aunque ella era la profetisa, dejándonos saber que probablemente tuvo una relación con Dios más estrecha que Barac, ella lo trató con humildad y respeto. Ella se comportó como su ayuda, ayudándolo a oír la voz de Dios para completar la obra que el Señor le había pedido.

Es importante recalcar que Barac no fue su esposo, sino Lapidot (Jueces 4:4) confirmando que nuestro rol de ayudadora, no es solamente en el matrimonio, sino en toda nuestra vida. Es una actitud de sumisión hacia Dios y hacia las autoridades y luego hacia el sexo masculino, según el grado de cercanía de la relación. Desde entonces Débora ha sido recordada como una mujer que demostró el poder que la mujer tiene para influenciar cuando ejerce el rol femenino dado por Dios.

Otra mujer que debemos estudiar es la de Proverbios 31. Allí aprendemos que debemos ser hacendosas, con nuestra prioridad en el hogar y familia, sin olvidar a los necesitados (v21). En varios pasajes es evidente que su trabajo incluye tareas fuera de la casa (v 14, 16, 24), pero, el trabajo tiene como propósito ayudar a su esposo y familia, y no para su propia autoestima, alcanzar fama, por la codicia de dinero, ni para acumulación de posesiones o poder.

Tampoco el trabajo profesional tiene más valor que el trabajo en el hogar. Sus actividades comerciales eran el medio para un fin, no un fin en sí mismo, y es importante notar que el trabajo que desempeñaba no disminuyó su labor efectiva en el hogar.

Es interesante que, aunque su esposo era el líder, ella era capaz de liderar y estaba organizando y ejecutando lo que era necesario para su familia. Para tener la capacidad de hacer todo lo que ella hizo requería, una vida ordenada, con dominio propio y con las prioridades apropiadas. Y lo mismo podemos decir de nosotras.

Efesios 2:10 nos recuerda que Dios nos ha preparado con habilidades y dones para hacer la obra que Él ha planificado de antemano para nosotras. No obstante, Él espera que las realicemos de una forma que le glorifique. Todo lo que hacemos debe ser explícitamente con el propósito de glorificarle a Él (1 Corintios 10:1).

Una de las maneras de glorificarle es reflejando el carácter de Cristo, como nos instruye el apóstol Pablo en Colosenses 3:12: “revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia” en lo que hacemos.  

Como hay diferentes etapas en la vida y diferentes llamados, cada mujer necesita evaluar las necesidades del momento y buscar la voluntad de Dios para esta etapa, lo cual requerirá el estudio de la Palabra, la oración, la espera en el Señor, y el consejo de líderes espirituales. Nuestro llamado es específico y exclusivo, lo que hace necesario buscar Su voluntad y ser obediente a este llamado.

Ejerciendo un liderazgo Bíblico

Entonces, si nuestro Dios nos ha colocado en una posición de liderazgo como parte del trabajo de nuestra profesión, ¿cómo podemos liderar a hombres de una forma que glorifique a Dios con nuestro diseño de ayuda idónea?  

Lo primero que tenemos que recordar, es que necesitamos hacer el trabajo de una forma diferente a como el mundo lo hace. Nuestra meta no es imitar a los líderes masculinos, sino imitar a Cristo con un liderazgo de servicio, pero con las características femeninas que Él nos ha dado.

Un error frecuente es trabajar con la misma actitud y disposición de muchos de los hombres (agresividad, siendo demandantes, adoptando su lenguaje) para ganar su respeto. Vivir tu diseño femenino, aún en tu posición de liderazgo, es contracultural. Y esto es importante, especialmente porque vivimos en una época no solamente donde los roles han sido borrados, sino que aún la distinción entre los sexos es considerada como algo “fluido”.

Hay formas de hablar con los hombres, (no sensuales) donde estamos afirmando su masculinidad mientras dirigimos el trabajo. Es necesario que el hombre se sienta apreciado y fortalecido en su rol y al mismo tiempo entender cuál es el trabajo requerido.

Ser humilde, recibir y reconocer sus ideas y sugerencias enriquece el trabajo mientras ganamos un aliado. Cuando se requiera corrección, una posibilidad es ver si hay otro hombre en posición de autoridad que pueda hacer la corrección, y la otra es hacer la corrección en privado, durante las horas de trabajo, y de una forma correspondiente con nuestro diseño y el suyo, con respeto y empatía, recordando que “la lengua apacible es árbol de vida, mas la perversidad en ella quebranta el espíritu” Proverbios 15:4.

El trabajo es más eficiente y exitoso cuando es hecho en equipo y ya que como mujeres somos seres relacionales, podemos mantener un equipo trabajando eficientemente mientras estimulamos y nutrimos a los demás.

Todo esto requiere sabiduría, y la única fuente de esta sabiduría es Dios. Entonces, el estudio bíblico, la aplicación de lo aprendido y la oración son vitales para tener una vida que represente a nuestro Dios.  

La autoevaluación bíblica es muy importante porque no hay modelos para seguir. Nuestro trabajo es un campo misionero para mostrarle al mundo cómo luce el carácter de Cristo. No olvidemos que de alguna manera lo representamos a Él, y haz esto con tus acciones pero no olvides testificarles de la obra de Cristo, compartiendo las buenas nuevas de que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a pecadores.

Dios es soberano y las dificultades en las que nos encontramos deben ser vistas como oportunidades de brillar para Él. Debemos preservar nuestra actitud, nuestra forma de hablar y nuestras acciones porque realmente al servir a los hombres servimos a Cristo, como nos instruye Pablo al escribir a los Efesios: “servid de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (6:7).

Como servimos a un Dios perfecto, aunque nosotras no lo somos, nuestro trabajo debe ser hecho con excelencia y de manera humilde incluyendo el pedir perdón cuando fallamos. La calidad de nuestro trabajo, incluyendo la dinámica en cómo nos relacionamos con los hombres, demuestra nuestro carácter. Un carácter probado por el Señor debe mostrar la madurez que necesitamos para honrar a Cristo en un mundo de tinieblas.

No eres jefa en el hogar

No quiero terminar sin mencionar un área donde las cristianas casadas en posiciones de liderazgo muchas veces fallan, y es seguir como “jefas” cuando llegan a la casa. El esposo es el líder del hogar (Efesios 5:22-24) y debemos someternos en todo lo que no sea pecaminoso. Cuando rehusamos hacer esto, el hombre usualmente responde en dos diferentes formas: la pasividad, dejando toda la responsabilidad a su esposa, o con agresividad, contestando en forma áspera y/o contenciosa.

Dios es un Dios de orden y Él creó un mundo perfecto con un diseño perfecto y cuando trabajamos como Él ha diseñado, nuestra vida es menos complicada y llena de gozo. La obediencia nos lleva a tener una relación más cercana con Él (Juan 14:21) y recordemos que Él es quien controla las circunstancias. Unas palabras finales para recordar: “Cuando los caminos del hombre son agradables al SEÑOR, aun a sus enemigos hace que estén en paz con él”, Proverbios 16:7.

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