#CoaliciónLee: “Predica a Cristo desde toda la Escritura” #1

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Cuántas veces hemos arrastrado nuestros pies hasta la mesa o la cama, abierto pesadamente la Biblia, y empezado a leer un versículo tras otro sin poner atención, hasta casi quedarnos dormidos en ese mismo lugar.

La Biblia, al ser la Palabra misma del Dios del universo, debería asombrarnos. Pero a veces no nos asombra. El problema —por supuesto— está en nosotros, no en las Escrituras. ¿Qué estamos haciendo mal?

Podríamos dar muchas razones para nuestra falta de asombro al acercarnos a la Biblia, pero quizá una de las más comunes es que hemos perdido de vista el propósito principal de la misma. Nos estamos perdiendo al Cristo de toda la Escritura.

Como nos dice Clowney, “la Biblia es la historia de cómo Dios descendió para nacer de la virgen María, para vivir y morir por nosotros, y para resucitar triunfante de la tumba” (p. 17). Pero esa historia no comenzó en los Evangelios del Nuevo Testamento. Esa historia comenzó mucho antes:

“En el principio Dios…” (Génesis 1:1).

Este Dios trino está plenamente presente en cada página de la Escritura.

Toda la Biblia se trata de Jesús

En el primer capítulo de “Predica a Cristo desde toda la Escritura” entramos a un sorprendente remolino de la riqueza de la revelación de Dios en Cristo. Y sabemos que esto es verdad porque Jesús mismo nos enseñó que toda la Escritura se trata de Él (Lucas 24: 25-27).

La venida del Mesías no nos lleva al pasado para restaurar la gloria de una era de oro pasada, sino que la venida de Cristo trae el cumplimiento, la materialización de lo que ya habían anunciado los siervos de Dios, los salvadores, los profetas, los reyes, los sacerdotes y los jueces del antiguo pacto” (p. 33).

Sin Cristo, el Antiguo Testamento simplemente no existiera. ¿Cómo entonces podemos predicar cualquier pasaje de la Biblia ignorando a Jesús y su venida?

“La historia de la redención y de la revelación existe por la venida de Cristo. Si Jesucristo no hubiera sido escogido como parte del plan eterno de Dios, no habría habido historia de la humanidad. Adán y Eva habrían caído muertos al pie del árbol del conocimiento del bien y del mal” (p. 55).

Como dice el autor, cuando se trata de Jesucristo, “nos hallamos ante una amplitud que no podemos llegar a comprender” (p. 66). En esta vida no alcanzaremos a descubrir toda la riqueza de la revelación de Cristo que la Palabra nos ofrece. Sin embargo, una vez que hemos empezado a estudiar nuestras Biblias y a encontrarnos con Él en cada página, no podremos evitar adorarle y desearle cada vez más.

“El testimonio que las Escrituras dan de Cristo es la razón por la que estas se escribieron; porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él” (p. 66).

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