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Hechos 2:41–47 presenta cinco “pruebas” que ayudan a determinar si una iglesia verdaderamente está centrada en el evangelio. Si se está predicando el evangelio bajo la unción del Espíritu Santo, entonces estas cinco cosas deberían manifestarse, cómo sucedió en la naciente iglesia de aquel momento:

1. Eficacia evangelística y profundidad doctrinal (Hechos 2:41-42, 47)

En Hechos 2:41 leemos que en un día se convirtieron y bautizaron 3,000 personas, y en el versículo 47 se nos dice que Dios agregaba diariamente a ese número aquellos que eran salvos. La iglesia primitiva creció de prisa. Al mismo tiempo, la gente “se dedicaba continuamente a la enseñanza de los apóstoles” y se maravillaban ante la gloria de Dios.

A menudo he escuchado que la profundidad no concuerda con la anchura de la iglesia. La iglesia primitiva claramente tuvo ambas. En realidad, la una no es posible sin la otra. Las iglesias que crecen a lo ancho sin crecer en profundidad no crean un crecimiento “sostenible”, solo generan un poco de entusiasmo temporal. Las iglesias que no crecen en número probablemente no alcanzan la profundidad que ellos creen. La profundidad casi siempre produce un evangelio fértil (Marcos 4:16-17). Al entender el evangelio percibimos qué tan perdida está la gente. Uno entiende la ira de Dios contra su pecado, qué tan inminente es Su juicio, y qué tan grande es su gracia para con ellos. Al entender el evangelio aprendemos humildad, porque nos damos cuenta que estábamos perdidos antes de que Dios nos salvara. Al entender el evangelio recibimos fe para creer las grandes cosas de Dios, porque el evangelio revela qué tan dispuesto y capaz es Dios para salvarnos. Muéstreme a alguien que se caracteriza por un sentido de urgencia, humildad, amor y audacia que procede de una gran fe, ¡y yo le mostraré a alguien que llegará a ser un evangelista eficaz!

Las iglesias saludables hacen las dos cosas (Colosenses 1:5-6). Ciertas iglesias que tratan de ser centradas en el evangelio sorprendentemente no se preocupan de si su evangelismo es efectivo o no.  Hablan mucho acerca de la “misión” y de “establecer iglesias” pero de alguna manera esto nunca se traduce en evangelismo. Llevan el ser pequeñas como una medalla de honor. Adoran criticar el evangelismo de los demás, pero hacen muy poco por el propio.  Charles Spurgeon —un gran teólogo— dijo: “prefiero traer un pecador a Cristo que desempacar todos los misterios de la Palabra de Dios, porque la salvación es la razón por la que vivimos”.

La mayoría del criticismo dirigido a las iglesias que crecen rápidamente me parece que es motivado por un 30% de preocupación teológica y 70% de celos, miedo y pereza. Esto no quiere decir que la preocupación teológica no tenga validez, solo que los que lo hacen deben poner atención a sus motivos. Nuestra arrogancia quizás nos aleje de recibir la gracia que Dios está obrando en medio de los errores teológicos. Debemos humillarnos por el celo de las almas presentes en los movimientos que no llegan, según nuestro punto de vista, a la plenitud centrada en el evangelio.  Como contestó D.L. Moody a un crítico reformado: “Está claro que no le gusta mi forma de evangelizar. Algunos puntos que ha señalado son buenos. Francamente, algunas veces a mí tampoco me gusta cómo evangelizo.  Pero me gusta más mi forma de evangelizar que la suya de no hacerlo”.

2. Las iglesias centradas en el evangelio se caracterizan por la presencia de Dios (Hechos 2:43)

La primera iglesia estaba llena del Espíritu. Hay algunas cosas en ese capítulo que probablemente no experimentemos en nuestras congregaciones, pero en el versículo 43 leemos una descripción clásica del efecto de la llenura del Espíritu: dice que “sobrevino temor” a toda persona. D. Martyn Lloyd-Jones dijo (yo lo parafraseo): “La presencia de Dios es un sentido de sentir los atributos de Dios revelados en el evangelio”. Su sentido de la “presencia de Dios” no era el resultado de un clímax musical o de un predicador emotivo. Simplemente fue por la predicación del evangelio de aquellos que realmente creían en él y sentían pasión dentro de sus almas.  Otro de mis teólogos favoritos, Jonathan Edwards, describe su sentido de la presencia de Dios así: “Algunas veces solo por mencionar el nombre de Cristo o un atributo de Dios causará que mi corazón arda dentro de mí… De repente Dios me parece glorioso. Cuando me gozo con esta dulzura pareciera que me lleva fuera de mí mismo. Aunque quisiera no podría dejar de mirar este Objeto Glorioso”.

Nótese que esta clase de experiencia no contradice a la doctrina, ni va más allá de la doctrina, pero fluye fuera de la doctrina. No es menos que la doctrina, es más. La belleza y majestad de Dios no solo se perciben con la mente: se debe sentir con el alma. Cuando esto sucede, se da el gozo que vemos en Hechos 2:46-47. Es difícil para mí creer que una iglesia realmente pueda tener el evangelio cuando sus servicios no se caracterizan por el gozo. Claro que hay momentos en la adoración para la melancolía y el duelo y el arrepentimiento, pero el motivo predominante de la adoración bíblica es el gozo. En muchos pasajes de las Escrituras se nos manda a aplaudir, a gritar con gozo y a cantar, y a deleitarnos en Dios. En la presencia de Dios es “plenitud de gozo” (Salmo 16:11). Entonces, ¿cómo podemos afirmar que nuestras iglesias están centradas en el evangelio si nuestros servicios no se caracterizan por un gozo exuberante?

3. Las iglesias centradas en el evangelio se caracterizan por una oración ferviente, llena de fe (Hechos 2:42)

El evangelio produce una fe en la iglesia que demanda de Jesús peticiones audaces. Podemos ver esto en Hechos 2 y aún más en Hechos 4:24-31. Ellos esperaban grandes cosas de Dios y luego intentaron grandes cosas para Dios.

La iglesia primitiva nació de la oración. Después que Jesús ascendió a los cielos, Hechos 1:14 dice que los discípulos “entregados de continuo a la oración”. Así pasaron durante 10 días hasta que llegó el día de Pentecostés y recibieron el Espíritu Santo. Estos creyentes oraron por 10 días, Pedro predicó 10 minutos y 3,000 personas fueron salvas. Hoy, probablemente oremos 10 minutos, predicamos por 10 días y tres personas son salvas.

Hechos nos muestra una conexión profunda entre la oración corporativa y el que nuestra comunidad perciba la gloria de Dios. Cuando oramos, nuestros ojos se abren a la gloria de Dios. Cuando nuestros ojos se abren a Su gloria, predicamos con valentía, pasión y poder (Hechos 4:24-31). En Hechos 7:55-56, vemos a Esteban levantando sus ojos al cielo en oración, tiene un atisbo de la gloria de Jesús, y en asombro empieza a proclamarlo a aquellos que estaban a su alrededor. Cuando esto sucede a gran escala, lo que resulta es un avivamiento espiritual. Tim Keller nos da un vistazo de cómo se ve esto:

“En Nueva York, en 1857, un hombre llamado Jeremías Lanphier fue contratado para dar su testimonio a un vecindario local.  Estaba frustrado ante su total incompetencia, por lo que desesperado se puso a orar.  Un día invitó a gente a orar con él – seis personas llegaron.  A la siguiente semana, llegaron 20.  A la siguiente, 40.  Dos meses después, cientos se reunían a orar.  Pronto toda el área del centro se llenó con hombres y mujeres que oraban.  Por toda la ciudad comenzaron a surgir reuniones evangelísticas, y en nueve meses, 50,000 personas llegaron a Cristo en una época en que la población de NY era de 800,000.  Esto se conoció como el gran avivamiento de oración de Manhattan”.

4. Las iglesias centradas en el evangelio se caracterizan por tener miembros fortalecidos (Hechos 8:1, 28:15)

Un tema persistente a través del libro de Hechos es que los instrumentos más eficaces de Dios son gente “común”. Consideren estos datos: 39 de los 40 milagros en Hechos ocurren fuera de las paredes de la “iglesia”, en el lugar de trabajo. El sermón más largo es el de Esteban, un hombre del pueblo. De ese sermón resultó el momento espiritual más importante de Hechos, la conversión de Saulo (Pablo). Hechos 8:1 señala que cuando la persecución se alzó contra la iglesia, la iglesia se esparció alrededor del mundo predicando el evangelio. Pero obsérvese que Lucas nos cuenta que este suceso mundial de Hechos 8:1 no incluyó a los apóstoles. Estos cristianos anónimos fueron tan eficaces en el ministerio que cuando Pablo llega a Roma a predicar el evangelio “donde nunca se había mencionado a Cristo”, fue recibido por “los hermanos” (Hechos 28:15). El historiador de la iglesia primitiva Stephen Neill señala que el anonimato de los movimientos principales del evangelio en el mundo antiguo es impresionante: “Pero, de hecho, pocas, si algunas, de las grandes iglesias fueron realmente fundadas por los apóstoles. Nada es más notable que el anonimato de estos primeros misioneros… Lucas no esquiva la mirada para mencionar el nombre de uno solo de esos pioneros que colocaron los cimientos. Pedro y Pablo quizás hayan organizado la iglesia en Roma. Pero, en realidad ellos no la fundaron…” (Historia de las misiones cristianas, 22).

Esto fluye de la misma naturaleza del evangelio. El evangelio no es acerca de reconocer a los dotados, sino acerca de dotar a los no reconocidos. Los líderes de la iglesia que entienden esto no tratan de construir su iglesia alrededor de un grupo de superestrellas superdotadas, sino de dedicarse a capacitar y liberar a la iglesia para el ministerio (Efesios 4:11-13). Se comprometen a levantar a otros líderes. Juzgan su éxito no tanto por la capacidad del lugar sino por la capacidad de enviar.

5. Las iglesias centradas en el evangelio se caracterizan por una generosidad extravagante (Hechos 2:45)

El evangelio es que Jesús “por amor a ustedes se hizo pobre, para que ustedes por medio de su pobreza llegaran a ser ricos” (2 Corintios 8:9). Cuando una iglesia llega a esta conclusión, se vuelve extravagantemente generosa hacia los demás. Los primeros cristianos no solo dieron de lo que les sobraba, voluntariamente vendieron sus cosas para que nadie tuviera necesidad de nada.

Con el tiempo, esta clase de generosidad colmó las calles. Pero empezó en la iglesia. Como Pablo dice en Gálatas: “Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10). Finalmente, el amor que los cristianos se muestran unos a otros es un testimonio profundo para un mundo incrédulo. Es por nuestro amor por los otros, dijo Jesús, que el mundo conocerá que somos Sus discípulos (Juan 13:35, cf. 1 Pedro 4:9). Como dijo Francis Schaeffer: “la apologética final que Jesús nos da es el amor observable de verdaderos cristianos hacia verdaderos cristianos”.

La eficacia evangelística y profundidad doctrinal; la oración ferviente llena de fe; un sentido de la presencia de Dios; miembros fortalecidos y generosidad extravagante son las cinco cosas que el evangelio produjo en la iglesia primitiva. ¿Están presentes en su iglesia? Si falta una de estas características, ¿será posible que no hemos entendido el evangelio tanto como afirmamos? Estas son las marcas permanentes de un movimiento del evangelio. Si faltan en su iglesia, la respuesta no es “vaya y esfuércese más”. Debemos preguntarnos: “¿Por qué será que el evangelio no está dando estos frutos?”.


Este artículo fue publicado originalmente en Church Leaders. Traducido por María Maldonado.
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