4 lecciones importantes de la conversión de Charles Spurgeon

El 6 de enero de 1850, un joven de 15 años entró en la “Capilla Metodista Primitiva” de Colchester, Inglaterra. Una tormenta de nieve le impidió asistir a la iglesia con su padre. ¡Al parecer, la nieve era tan severa que el pastor de esta pequeña capilla metodista ni siquiera apareció ese día! Ese joven se metió dentro llevando aún su carga de pecado, sin darse cuenta que pronto le sería retirada. “Finalmente, un hombre de aspecto muy delgado, zapatero o sastre, o algo por el estilo, subió al púlpito para predicar”. Este hombre predicó el texto de Isaías 45:22 y exhortó a este adolescente, un tal Charles Haddon Spurgeon, a mirar a Cristo y ser salvo. Este “sermón” duró unos 10 minutos, pero mira cómo Spurgeon relata el impacto de lo que este hombre le dijo esa mañana:

Levantando sus manos, [el hombre] gritó, como solo un metodista primitivo lo podía hacer: “Joven, mira a Jesucristo. ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! No tienes nada que hacer más que mirar y vivir”. Vi de inmediato el camino de la salvación. No sé qué más dijo, no lo noté, estaba tan poseído con ese único pensamiento. Como cuando la serpiente de bronce fue levantada, la gente solo miró y fue sanada, y así fue conmigo. Había estado esperando hacer cincuenta cosas, pero cuando escuché esa palabra, “¡Mira!”, ¡qué palabra tan encantadora me pareció! ¡Oh! Miré hasta ya no poder. Allí y entonces la nube desapareció, la oscuridad se disipó, y en ese momento vi el sol; y podría haber resucitado en ese instante, y cantado con el más entusiasta de ellos de la preciosa sangre de Cristo, y la fe sencilla que solamente mira a Él. Oh, ya alguien me había dicho esto antes: “Confía en Cristo, y serás salvo”. Sin embargo fue, sin duda, todo sabiamente ordenado, y ahora puedo decir: “Desde que aquella fuente ví, mi tema solo fue tu compasivo amor, y así cantando moriré”.

Es probable que hayas escuchado esta historia de conversión antes, ya que se ha escrito muchas veces y Spurgeon habló de ella en sus sermones y obras. Pero cuando considero esta maravillosa historia de nuevo, pienso en 4 lecciones importantes que podemos sacar de ella para aplicarlas a nuestras propias vidas y ministerios hoy.

La persistencia de las impresiones divinas

Si bien es cierto que Spurgeon atribuye su conversión a un solo momento —el 6 de enero de 1850—, también es cierto que él da crédito a las impresiones divinas que sucedieron mucho antes de llevarlo a ese punto de arrepentimiento y fe en esa fría mañana nevada. Particularmente, él da crédito al impacto de su madre en sus primeros años. Ella oró por él, lo instruyó en las Escrituras, e imploró para que él y sus hermanos entregaran sus almas a Jesús.

Creemos en el llamado de gracia de Dios, pero también que Dios obra por medios.

¡Qué estimulante es esto para los padres y otras personas que comparten fiel y persistentemente el evangelio con los demás! La persistencia vale la pena. Es posible que no siempre seamos testigos del fruto de nuestras labores, pero podemos creer que es importante compartir con quienes nos rodean la verdad del evangelio, e implorarles que busquen la misericordia de Cristo para el perdón de sus pecados. Tal vez lo has hecho 9,999 veces. ¿Pero quién sabe si la próxima vez será el momento en que el pecador se vuelva a Jesús?

Indudablemente creemos en la necesidad del llamado de gracia de Dios en la vida de un pecador, pero también sabemos que Dios obra por medios. Y esos años en que su madre lo llamó al arrepentimiento y a la fe prepararon a Spurgeon para ese día en que la luz del evangelio finalmente se abrió paso. ¡No te desanimes! Persiste confiando en las impresiones divinas de los que te rodean. Es crucial.

La providencia de la gran inconveniencia

Yo creo en la meticulosa providencia de Dios, que no cae ni un solo copo de nieve sino bajo su soberana voluntad y guía. ¡Una tormenta de nieve! ¡Qué inconveniente! ¡Cuánto trabajo se detuvo ese día! ¡A cuántas almas se les impidió asistir a su lugar de adoración ese domingo! Y sin embargo, a través de este gran inconveniente, el mayor predicador bautista en la historia del cristianismo fue llevado a la fe en Cristo.

¿El punto? Estemos siempre listos para ver la mano de Dios en las cosas cotidianas de nuestras vidas. Desde las tormentas de nieve hasta los neumáticos pinchados. ¿Has considerado cómo un “inconveniente” te podría colocar en una situación “para una ocasión como ésta” (Est. 4:14)? Aquel pobre zapatero (así lo llamó Spurgeon) no se despertó ese domingo preparado para dar un sermón, y sin embargo, tomó la batuta y exhortó a sus oyentes a mirar a Cristo y ser salvos. ¡Increíble! No sabes lo que viene hoy, lo que viene el fin de semana, lo que viene el próximo mes. Pero, ¿estarás listo para ponerte a la altura de las circunstancias mientras Dios te de la oportunidad y, en particular, estás listo para apuntar a los pecadores a Jesús?

Dios no tiene inconvenientes, solo planes. Por tanto, ¿qué podrías hacer con el tiempo extra que tienes esperando con en el mecánico? ¿O el último día en el trabajo? ¿O en la larga cola del supermercado porque solo tienen a dos damas trabajando? Considera que la mano de Dios está en estas cosas y confía en su providencia.

La instrucción inspirada por el poder de Dios

Imagina que no es 1850, sino el 6 de enero de 2016. Es imposible llegar al lugar de culto al que va Spurgeon normalmente porque está nevado, y se adentra en una iglesia latinoamericana (¡lo sé, un largo viaje a través del Atlántico!). ¿Qué escucha? ¿5 pasos para ser un mejor tú? Algunas bromas, un par de ilustraciones, y luego algunos buenos consejos. Quizá el ambiente esté “mejor” estructurado, con música y asientos cómodos. Tal vez el sermón es “mejor”, es elocuente y pulido.

Pero la verdad es que el poder de Dios no está en ninguna de estas cosas. El poder de Dios se basa en su propia instrucción inspirada por Dios, en su Palabra. En la Biblia, de Génesis a Apocalipsis. Aquel primitivo metodista no estaba seguro de qué hacer esa mañana detrás del púlpito, por lo que hizo todo lo que sabía: abrir la Biblia y hablar directamente, abriendo las corrientes vivas en ella. No hubo tiempo para preparar el sermón. No tenía un título interesante. No tenía puntos aliterados. Fue solo una exhortación de la misma Palabra santa de Dios.

La clave está en la Biblia. Léela. Conócela. Úsala más en tus conversaciones cotidianas.

Obviamente creo que el estudio es importante, y en ocasiones soy fanático de la aliteración. Pero recordemos que en estas cosas no se encuentra el poder de Dios para llamar a los pecadores al arrepentimiento. El seminario tiene su lugar. Pero cualquier creyente puede llamar a una persona al arrepentimiento simplemente usando la propia instrucción inspirada por Dios. La clave está en la Biblia. Léela. Conócela. Úsala más en tus conversaciones cotidianas. La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Cristo. Las presentaciones creativas del evangelio tienen su lugar. Pero también el simplemente citar lo que dice la Biblia. Compartirla en el trabajo, o durante el almuerzo, o el café, y mostrar la verdad del evangelio. ¿Qué entrenamiento necesitas para abrir la Biblia y leerla? Puedes hacer esto con tus hijos. Puedes hacer esto con tus compañeros de trabajo. ¡Puedes hacer esto con cualquiera que te escuche! ¡Sí, tú! Puedes hacerlo porque el poder no descansa en ti, sino en la Palabra de Dios.

La apologética tiene su lugar, y también me entusiasman los descubrimientos arqueológicos que respaldan la Biblia. Pero al final del día, los hechos científicos no cambian los corazones de los pecadores. Es el Espíritu Santo a través de la Palabra de Dios. Por lo tanto, mantente fiel. Permanece firme en el Libro. Sigue confiando en que Dios lo usará.

La prioridad de la invitación al evangelio

Si no hemos invitado a los pecadores a venir a Cristo, no hemos predicado el evangelio. Tenemos un maravilloso ejemplo en esta historia de conversión de una verdadera invitación al evangelio. ¡Este metodista primitivo exhortó a sus oyentes a mirar a Cristo y ser salvos!

No cantaron 15 versos de “Tal como soy”. No hizo que nadie cerrara los ojos y levantara la mano. No pidió que nadie firmara una tarjeta, o que pasara al frente. ¡Simplemente invitó, suplicó, y exhortó a sus oyentes a que miraran a Cristo y se salvaran!

En la actualidad, hay ministros que creen que si no se realiza una “llamado al altar”, en realidad no se ha extendido una invitación. Spurgeon estaría en desacuerdo. La invitación al evangelio no es invitar a alguien a un altar, sino invitarlos a que vengan a Cristo. El peligro de un llamado al altar es organizar todo el servicio en torno a este “evento principal”. De hecho, he leído y oído hablar de pastores conocidos que dicen esto. Pero cuando sucede, la manipulación emocional a menudo se desenfrena. Ninguno de nosotros tiene control sobre quién toma las decisiones. Pero sí tenemos control sobre compartir fielmente las Escrituras y emitir exhortaciones sinceras desde ella.

¿Qué pasaría si en lugar de hacer servicios en torno al altar, hiciéramos prioridad la invitación al evangelio con la exhortación de la Escritura? Si en lugar de construir un crescendo hacia el llamado al altar, invitamos a las personas en ese momento a venir a Cristo en fe? Mi punto principal aquí es que no confiemos en el buen humor o en la música para llamar a los pecadores al arrepentimiento. ¡Hazlo en tus exhortaciones desde el evangelio! Diles, ruega con ellos, mándales a que se arrepientan y crean en el evangelio. ¡Mira a Cristo y sé salvo! Puedes exhortar a esa persona que Dios ha puesto en tu corazón en este momento. Puedes pedirle que confíe en Jesús hoy. Puedes enviarles un mensaje de texto, o llamarlos, o visitarlos. Ellos no necesitan un altar. Necesitan a Jesús.

Mientras el mundo giraba ese frío día nevado de enero, Dios estaba ordenando cada momento para salvar gentilmente a Charles Haddon Spurgeon. Este pecador miserable, que solo merecía el infierno y la ira, fue llevado a Cristo cuando Dios emitió su llamado eficaz a través de la proclamación de su propia Palabra. Spurgeon tristemente falleció solo 42 años más tarde, a la temprana edad de 57 años. Pero cualquier persona con un poco de conocimiento de su vida diría que su corta vida fue una vida bien vivida. Fue un árbol plantado junto a corrientes de agua que da su fruto a su tiempo. Y con un hombre como Spurgeon, ese tiempo aún no ha terminado. Su vida todavía está dando fruto. Todavía hay muchas cosas maravillosas que podemos aprender de él hoy, incluyendo estas 4 lecciones importantes de su conversión.

A Dios sea la gloria.


Publicado originalmente en For the Church. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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