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Sé que es una locura, pero desearía que los viajes en el tiempo estuvieran disponibles. ¿Por qué? Porque tengo algunas cosas que realmente me gustaría decirle a la versión más joven de mí. Le diría a mí mismo que las computadoras no son una moda pasajera, y luego mencionaría que sería prudente invertir en una pequeña empresa llamada Google. Ah, y me diría que comiera menos pizza y más ensaladas. Bueno, en realidad, probablemente no me diría eso para nada.

Pero me encantaría decirle a mi yo más joven algunas cosas sobre el ministerio pastoral. He estado en esto por más de 28 años. A lo largo de las décadas, he aprendido algunas cosas que desearía haber sabido cuando comenzaba como pastor.

1. El pastoreo se trata principalmente de las personas

Para ser un pastor fiel, debes cuidar de las ovejas.

Yo era impaciente, motivado, extrovertido, que no necesariamente tenía tiempo para las personas y sus problemas. Era fácil pensar que el pastoreo era más sobre liderazgo, programas, y predicación, en lugar de involucrarse con la gente. Pero la realidad es que el pastoreo se trata de estar íntimamente involucrado en las vidas de las personas, de ser un pastor de sus almas. Pedro dijo: “Pastoreen el rebaño de Dios que está entre ustedes” (1 Pe. 5:2). Pablo dijo: “Tengan cuidado de sí mismos y de toda la congregación, en medio de la cual el Espíritu Santo les ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con Su propia sangre” (Hch. 20:28).

Para ser un pastor fiel, debes cuidar de las ovejas.

Me perdí de eso al principio. Recuerdo cuando un miembro dejó una cita de consejería conmigo sintiéndose más administrado que pastoreado. Su retroalimentación me dio una lección. Él vino buscando un pastor que lo cuidara; lo que consiguió fue un mecánico de almas buscando reparar algo.

Martyn Lloyd-Jones dio en el clavo: “Amar predicar es una cosa, pero amar a las personas a quienes le predicas es otra”. Si pudiera tomarme un café con mi yo más joven, le hablaría sobre lo que significa “amar a las personas a quienes le predicas”.

2. Eres llamado a pastorear personas quebrantadas

Jesús dijo: “Los que están bien no necesitan de médico, sino los que están enfermos” (Mt. 9:12). Quisiera decirle a mi yo más joven que cuando las personas acuden a los pastores en busca de ayuda, traen sus problemas pasados con ellos. Vivimos en un mundo roto donde el pecado y la enfermedad degradan la imagen de Dios y defraudan a los seres humanos. El pecado se mete con la gente y la arruina. El ministerio pastoral no ocurre en el Edén. Sucede en las trincheras desordenadas de un mundo caído. Las personas acuden a los pastores manchados por los efectos del pecado.

No lo entendía, al menos no al principio. Pero Dios fue fiel, y la realidad destruyó mi burbuja pastoral. Me parece recordar que esto sucedió cuando una mujer deprimida no mejoró con los pasajes que le dije que memorizara. Afortunadamente para mí, los pastores mayores estuvieron allí para ayudarla. Comencé a ver que las complejidades del quebrantamiento no son tan simples, ni tan fáciles de catalogar, ni tan convenientes. Comencé a entender que por eso Dios hizo a los pastores.

Es un momento esclarecedor cuando un líder se da cuenta: “Oh, este es el ministerio. De esto se trata realmente el ministerio”. No solemos pensar en pastorear de esta manera. Romantizamos el rol, viéndonos a nosotros mismos en una sala de estar o detrás de un púlpito, con música suave de fondo mientras palabras elocuentes brotan de nuestros labios.

Pero en realidad, el ministerio es desordenado. ¿Cómo podría no serlo? Aún no somos lo que seremos. Sé que no lo soy. Por eso necesito el evangelio todos los días. Por eso necesito pastores; todos los necesitamos.

Ojalá hubiera aprendido eso antes.

3. Pastorear es sufrir

2 Corintios 4:7–12 nos da una fotografía instantánea de la realidad del sufrimiento en el ministerio. Pablo describe su trabajo en términos de estar afligido, perplejo, perseguido, y golpeado. No es exactamente “tu mejor vida ahora”. Y sin embargo, Pablo también deja en claro que Dios no solo obró todas las cosas para su bien, sino también para el bien de la gente a la que Pablo servía (2 Co. 1:7).

El ministerio es difícil. No es para los de corazón débil. Solo un sirviente sufriente puede verdaderamente servir a las personas que sufren.

Para los pastores jóvenes es fácil creer que el camino será diferente; pensar solo en los aspectos glamorosos y públicos. Pero el ministerio es difícil. No es para los de corazón débil. Solo un sirviente sufriente puede verdaderamente servir a las personas que sufren. Cuando un pastor toca la oscuridad, aprende a encontrar la luz. Luego aprende a ayudar a otros.

En algún punto del camino comencé a ver eso más claramente. Comencé a comprender que si quería experimentar el poder de su resurrección, tendría que compartir sus sufrimientos (Fil. 3:10).

Creo que esa ha sido la lección más difícil. Probablemente la más sorprendente también.

Llamado a gastarse

A menos que un condensador de flujo (si tienes que preguntar, mira Volver al futuro) se convierta en una realidad pronto, no tendré la oportunidad de hablar con mi yo más joven. Pero puedo hablar contigo, y tú puedes, tal vez, aprender más rápidamente de alguien que fue demasiado lento en aprender. Espero que te ayude a ver el ministerio de manera más sobria.

Pero aún más, espero que te ayude a ver a un Salvador que redime nuestras faltas, para que incluso los tipos lentos como yo puedan gastarse con gusto (2 Co. 12:15) por aquellos que estamos llamados a amar.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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