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Lectura de Hoy

Devocional: Números 30

Hace algunos años pasé un tiempo en un país del llamado “tercer mundo”, muy conocido por su terrible miseria. Lo que más me llamó la atención de la cultura de dicho país sin embargo no fue la extrema pobreza, ni la brecha entre los muy prósperos y los muy pobres –había leído tanto acerca de estos temas que no encontré nada en este aspecto que me sorprendiese, y había presenciado semejantes tragedias humanas en otras partes– sino su corrupción omnipresente y endémica.

Aquí en Occidente no somos nadie para señalar con el dedo a otros países en lo que se refiere a la corrupción; sin duda tenemos listas de precios publicadas para muchos servicios públicos que hacen que los sobornos y las recompensas ilícitas sean más difíciles de institucionalizar; sin duda el legado cristiano en nuestra cultura sigue siendo suficientemente sólido como para que reconozcamos, al menos en teoría, que la honestidad es buena, que la palabra de un hombre o una mujer debe constituir un compromiso firme, que la avaricia está mal –aunque también es cierto que estos valores se ven más honrados cuando se han desvirtuado que como patrón para la vida real. No obstante, somos con diferencia la sociedad más litigiosa del mundo entero. Formamos a muchos más abogados que ingenieros (lo contrario de Japón). El acuerdo más sencillo debe estar envuelto en un montón de lenguaje jurídico que proteja a los contratantes. Esto se debe en gran parte al hecho de que muchos individuos y muchas empresas son incapaces de mantenerse fieles a lo prometido, y de hacer lo justo, y harán lo posible para sacar alguna ventaja a la otra parte si lo pueden conseguir con impunidad. Una mentira sólo es embarazosa si te pillan los dedos. Las promesas y los compromisos públicos se convierten en herramientas para conseguir lo deseado, más bien que compromisos reales con la verdad. Los votos matrimoniales se descartan por un capricho, o se disuelven en el calor de la codicia. Y por supuesto, si abandonamos a la ligera los votos matrimoniales, los compromisos comerciales y personales, se vuelve mucho más fácil abandonar el pacto con Dios.

Decir la verdad y guardar las promesas en cualquier área de la vida tiene consecuencias para todas las demás áreas; la infidelidad en un área frecuentemente se desborda hacia otras áreas. Por tanto, anidadas dentro del pacto mosaico encontramos las palabras: “El Señor ha ordenado que cuando un hombre haga un voto al Señor, o bajo juramento haga un compromiso, no de­berá faltar a su palabra sino que cumplirá con todo lo prometido” (Números 30:1-2). El resto del capítulo reconoce que los votos en cuestión hechos por individuos a menudo no tendrán que ver únicamente con asuntos individuales; puede que sean compromisos matrimoniales o familiares. De modo que para el buen ordenamiento de una cultura, Dios mismo es quien afirma quien tiene derecho a ratificar o a descartar una promesa; este patrón tiene mucho que decir acerca del liderazgo y la responsabilidad en la familia. Pero la cuestión fundamental es la de la verdad y la fidelidad.

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen I, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

Devocional: 2 Pedro 3

Pedro insta a sus lectores a tener “un limpio entendimiento” (2 Pedro 3, especialmente v. 1), en particular acerca del regreso del Señor. Estas palabras presuponen que estaban circulando teorías malsanas sobre el mismo, algo que prolifera aún más en la actualidad que en el primer siglo. Pedro hace hincapié en que:

(1) En cada generación, existirán personas que se mofen de la idea del retorno de Cristo (3:3). Algunas veces, estas burlas tendrán su base en una visión del mundo profundamente anticristiana. En nuestros días, es obvio que el naturalismo filosófico no deja lugar a una visita sobrenatural definitiva en el planeta Tierra, ni siquiera para un final de la historia provocado por Dios mismo. La postura puede estar vinculada con alguna perspectiva que defienda la uniformidad (3:4). Nunca deberíamos olvidar que tales perspectivas tienen frecuentemente dimensiones morales. Negar el juicio final es mucho más conveniente para aquellos que aman su autonomía moral (3:3).

(2) No deberíamos pasar por alto el hecho de que Dios no se ha quedado sin testigos a su favor a este respecto. No sólo ha impuesto duros juicios sobre naciones e imperios poderosos (muchas veces, a través de medios “naturales”), sino que dos acontecimientos dan testimonio de su intervención cataclísmica en el transcurso en los anales de la existencia de la tierra: la creación y el diluvio (3:5-7). Aquí, nuestra sociedad suprime, por ejemplo, los argumentos extremadamente claros que demuestran su intervención: “ignoramos voluntariamente” lo que Dios ha hecho. Nuestra valoración de estos asuntos está vinculada a nuestro distanciamiento de Dios nuestro Hacedor.

(3) El retraso del retorno de Cristo no sólo refleja que Dios maneja los tiempos de forma muy diferente (3:8), sino su paciencia sin igual: “Él tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan” (3:9). Pablo dice algo parecido: “¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?” (Romanos 2:4).

(4) Cuando Cristo vuelva finalmente, sin embargo, su regreso será repentino, inequívoco y cataclísmico (3:10). Señalará el fin del universo tal como lo conocemos. Durante la década de los 50, en ocasiones se pidió a los residentes en Norteamérica que construyesen refugios nucleares para protegerse del holocausto que amenazaba. Pregunté a mi padre si debíamos construir uno. Él me dijo con calma: “¿Por qué? Cuando Jesús venga, todos los elementos serán destruidos [cp. 3:10, 12]. Prepárate para él, y no temas a ninguna otra cosa”.

(5) Este es el sentido. A la luz de todo ello, “¿No deberíais vivir como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?” (3:11-12). La prueba de la escatología es la ética.

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen II, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2016. Usado con permiso.

Números 30

La ley de los votos

30 Entonces Moisés habló a los jefes de las tribus de los israelitas: «Esto es lo que el SEÑOR ha ordenado. Si un hombre hace un voto al SEÑOR, o hace un juramento para imponerse una obligación, no faltará a su palabra; hará conforme a todo lo que salga de su boca. Asimismo, si una mujer hace un voto al SEÑOR, y se impone una obligación en su juventud estando en casa de su padre, y su padre escucha su voto y la obligación que se ha impuesto, y su padre no le dice nada, entonces todos los votos de ella serán firmes, y toda obligación que se ha impuesto será firme. Pero si su padre se lo prohíbe el día en que se entera de ello, ninguno de sus votos ni las obligaciones que se ha impuesto serán firmes. El SEÑOR la perdonará porque su padre se lo prohibió.

»Si ella se casa mientras está bajo sus votos o bajo la declaración imprudente de sus labios con que se ha atado, y su marido se entera de ello y no le dice nada el día en que lo oye, entonces su voto permanecerá firme, y las obligaciones que se ha impuesto, serán firmes. Pero si el día en que su marido se entera de ello, se lo prohíbe, entonces él anulará el voto bajo el cual ella está, y la declaración imprudente de sus labios con que se ha comprometido, y el SEÑOR la perdonará.

»Pero el voto de una viuda o de una divorciada, todo aquello por lo cual se ha comprometido, será firme contra ella. 10 Sin embargo, si hizo el voto en casa de su marido, o se impuso una obligación por juramento, 11 y su marido lo oyó, pero no le dijo nada y no se lo prohibió, entonces sus votos serán firmes, y toda obligación que se impuso será firme. 12 Pero si el marido en verdad los anula el día en que se entera de ello, entonces todo lo que salga de los labios de ella en relación con sus votos, o en relación con la obligación de sí misma, no será firme; su marido los ha anulado, y el SEÑOR la perdonará.

13 »Todo voto y todo juramento de obligación para humillarse a sí misma, su marido puede confirmarlo o su marido puede anularlo. 14 Pero si en verdad el marido nunca le dice nada a ella, entonces confirma todos sus votos o todas sus obligaciones que están sobre ella; las ha confirmado porque no le dijo nada el día en que se enteró de ello15 Pero si en verdad él los anula después de haberlos oído, entonces él llevará la culpa de ella».

16 Estos son los estatutos que el SEÑOR mandó a Moisés, entre un marido y su mujer, y entre un padre y su hija que durante su juventud está aún en casa de su padre.

   

Nueva Biblia de las Américas Copyright © 2005 por The Lockman Foundation, La Habra, California. Todos los derechos reservados. Para más información, visita www.exploranbla.com

Salmo 74

Plegaria en medio de la destrucción

Masquil de Asaf.

74 Oh Dios, ¿por qué nos has rechazado para siempre? ¿Por qué se enciende Tu ira contra las ovejas de Tu prado? Acuérdate de Tu congregación, la que adquiriste desde los tiempos antiguos, La que redimiste para que fuera la tribu de Tu heredad, Y de este monte Sión donde has habitado. Dirige Tus pasos hacia las ruinas eternas; Todo lo que hay en el santuario lo ha dañado el enemigo. Tus adversarios han rugido en medio de Tu lugar de reunión; Han puesto sus estandartes por señales. Parece como si alguien hubiera levantado El hacha en espeso bosque. Y ahora, toda su obra de talla Hacen pedazos con hachas y martillos. Han quemado Tu santuario hasta los cimientos; Han profanado la morada de Tu nombre. Dijeron en su corazón: «Arrasémoslos por completo». Han quemado todos los santuarios de Dios en la tierra. No vemos nuestras señales; Ya no queda profeta, Ni hay entre nosotros quien sepa hasta cuándo. 10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, blasfemará el adversario? ¿Despreciará el enemigo Tu nombre para siempre? 11 ¿Por qué retiras Tu mano, Tu diestra? ¡Sácala de dentro de Tu seno, destrúyelos!

12 Con todo, Dios es mi rey desde la antigüedad, El que hace obras de salvación en medio de la tierra. 13 Tú dividiste el mar con Tu poder; Quebraste las cabezas de los monstruos en las aguas. 14 Tú aplastaste las cabezas de Leviatán; Lo diste por comida a los moradores del desierto. 15 Tú abriste fuentes y torrentes; Tú secaste ríos inagotables. 16 Tuyo es el día, Tuya es también la noche; Tú has preparado la lumbrera y el sol. 17 Tú has establecido todos los términos de la tierra; Tú has hecho el verano y el invierno.

18 Acuérdate de esto, SEÑOR: que el enemigo ha blasfemado, Y que un pueblo insensato ha despreciado Tu nombre. 19 No entregues a las fieras el alma de Tu tórtola; No olvides para siempre la vida de Tus afligidos. 20 Mira el pacto, SEÑOR, Porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de moradas de violencia. 21 No vuelva avergonzado el oprimido; Alaben Tu nombre el afligido y el necesitado.

22 Levántate, oh Dios, defiende Tu causa; Acuérdate de cómo el necio te injuria todo el día. 23 No te olvides del vocerío de Tus adversarios, Del tumulto de los que se levantan contra Ti, que sube continuamente.

   

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Isaías 22

Profecía sobre el valle de la visión

22 Oráculo sobre el valle de la visión: «¿Qué te pasa ahora, que has subido en tu totalidad a los terrados? , llena de bulla, Ciudad alborotada, ciudad divertida. Tus muertos no fueron muertos a espada, Tampoco murieron en batalla. Todos tus gobernantes han huido juntos, Sin disparo de arco han sido capturados. Todos los tuyos que hallaron fueron capturados a una, Aunque habían huido lejos. Por tanto digo: “Aparten de mí la mirada, Déjenme llorar amargamente. No traten de consolarme por la destrucción de la hija de mi pueblo”. Pues hay un día de pánico, servidumbre y confusión de parte del Señor, DIOS de los ejércitos, En el valle de la visión, Un derribar de murallas Y un clamor al monte. Elam tomó la aljaba Con carros, infantería y jinetes, Y Kir desnudó el escudo. Tus mejores valles estaban llenos de carros, Y los jinetes tomaron posiciones a la puerta. Entonces cayó la defensa de Judá. Ustedes confiaron aquel día en las armas de la casa del bosque, Y vieron que eran muchas las brechas En la muralla de la ciudad de David, Y recogieron las aguas del estanque inferior. 10 Entonces contaron las casas de Jerusalén, Y derribaron casas para fortificar la muralla. 11 Hicieron un depósito entre las dos murallas Para las aguas del estanque viejo. Pero ustedes no confiaron en Aquel que lo hizo, Ni consideraron al que hace mucho tiempo lo planeó.

12 »Por eso aquel día, el Señor, DIOS de los ejércitos, los llamó a llanto y a lamento, A raparse la cabeza y a vestirse de cilicio. 13 Sin embargo, hay gozo y alegría, Matanza de bueyes y degüello de ovejas. Comiendo carne y bebiendo vino, dicen: “Comamos y bebamos, que mañana moriremos”. 14 Pero el SEÑOR de los ejércitos me reveló al oído: “Ciertamente esta iniquidad no les será perdonada Hasta que mueran”, dice el Señor, DIOS de los ejércitos».

15 Así dice el Señor, DIOS de los ejércitos: «Anda, ve a ese mayordomo, A Sebna, que está encargado de la casa real, y dile: 16 “¿Qué es tuyo aquí, Y a quién tienes aquí, Que te has labrado aquí un sepulcro, Como el que labra en alto un sepulcro, Como el que esculpe una morada para sí en la peña? 17 Oh hombre, el SEÑOR te arrojará con violencia. Te tomará firmemente, 18 Te enrollará bien como una pelota, Y te lanzará a una tierra muy espaciosa. Allí morirás y allí quedarán tus magníficos carros, Oh tú, vergüenza de la casa de tu Señor”. 19 Te destituiré de tu cargo, Y te derribaré de tu puesto. 20 Y sucederá en aquel día, Que llamaré a Mi siervo Eliaquim, hijo de Hilcías, 21 Lo vestiré con tu túnica, Con tu cinturón lo ceñiré, Tu autoridad pondré en su mano, Y llegará a ser un padre para los habitantes de Jerusalén Y para la casa de Judá. 22 Entonces pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; Cuando él abra, nadie cerrará, Cuando él cierre, nadie abrirá. 23 Lo clavaré como clavija en lugar seguro, Y será un trono de gloria para la casa de su padre.

24 Y colgarán de él toda la gloria de la casa de su padre, descendencia y vástagos, todas las vasijas menores, desde los tazones hasta los cántaros. 25 En aquel día», declara el SEÑOR de los ejércitos, «la clavija clavada en un lugar firme se aflojará, se quebrará y caerá, y la carga colgada de ella será destruida, porque el SEÑOR ha hablado».

   

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2 Pedro 3

La promesa de la venida del Señor

3 Amados , esta es ya la segunda carta que les escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en ustedes su sincero entendimiento, para que recuerden las palabras dichas de antemano por los santos profetas, y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por los apóstoles de ustedes. Ante todo, sepan esto: que en los últimos días vendrán burladores con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones, y diciendo: «¿Dónde está la promesa de Su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación».

Pues cuando dicen esto, no se dan cuenta de que los cielos existían desde hace mucho tiempo, y también la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios, por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado por el agua. Pero los cielos y la tierra actuales están reservados por Su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos.

El día del Señor

Pero, amados, no ignoren esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no se tarda en cumplir Su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas.

11 Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no deben ser ustedes en santa conducta y en piedad, 12 esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor! 13 Pero, según Su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.

Exhortación final

14 Por tanto, amados, puesto que ustedes aguardan estas cosas, procuren con diligencia ser hallados por Él en paz, sin mancha e irreprensibles. 15 Consideren la paciencia de nuestro Señor como salvación, tal como les escribió también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le fue dada. 16 Asimismo en todas sus cartas habla en ellas de esto; en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender, que los ignorantes e inestables tuercen, como también tuercen el resto de las Escrituras, para su propia perdición.

17 Por tanto, amados, sabiendo esto de antemano, estén en guardia, no sea que arrastrados por el error de hombres libertinos, caigan de su firmeza. 18 Antes bien, crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A Él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

   

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