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Lectura de Hoy

Devocional: Levítico 11–12

En esta meditación, quiero juntar dos pasajes: “Yo soy el SEÑOR vuestro Dios, así que santificaos y manteneos santos, porque yo soy santo. No os hagáis impuros por causa de los animales que se arrastran. Yo soy el SEÑOR, que os sacó de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:44-45); “Dice el necio en su corazón: «No hay Dios»” (Salmo 14:1).

¿Qué quiere decir santo? Cuando los ángeles dicen “Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso” (Isaías 6:3; ver Apocalipsis 4:8), ¿acaso quieren decir “Moral, moral, moral es el Señor Todopoderoso”? Incluso plantear una pregunta así demuestra hasta qué punto son inadecuadas semejantes definiciones comunes de la palabra santo.

En su esencia, santo es casi un adjetivo cuyo sustantivo correspondiente es Dios. Dios es Dios; Dios es santo. Es único; no hay ningún otro. Por lo cual, por consecuencia, todo aquello que le pertenece a él exclusivamente puede designarse santo. Podría tratarse tanto de personas como de objetos: ciertos incensarios eran santos, no porque fuesen morales, y evidentemente tampoco porque fuesen divinos, sino porque, en un sentido derivativo, su uso está limitado a lo que tiene que ver con Dios y sus propósitos, y por tanto separados de cualquier otro uso. Cuando se refiere a ciertas personas como santas, lo son en el mismo sentido: pertenecen a Dios, le sirven y en cada área funcionan con respecto a sus propósitos. (Ocasionalmente, en el Antiguo Testamento, hay otra acepción de la palabra para hablar del dominio de lo sagrado, de modo que incluso los sacerdotes paganos pueden designarse santos. Pero este no es el significado que nos ocupa aquí)

Si alguien se comporta de cierta manera porque pertenece a Dios, podríamos decir que su comportamiento es moral. Cuando Pedro cita estas palabras, “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16), lo que implica es que sus lectores se arrepientan de sus “malos deseos” (1:14) para vivir “con temor reverente” (1:17). Pero no es ningún accidente que estas palabras de Levítico 11 no ocurran en un contexto de mandamientos y prohibiciones morales sino de restricciones ceremoniales relativas a los alimentos limpios y otros que no lo son. En lo que se refiere a pertenecer a Dios, vivir según sus condiciones, manteniéndonos apartados para él, deleitándonos en él, obedeciéndole a él, honrándole a él – estas restricciones son más fundamentales que las normas específicas de la obediencia que llamamos moral o ceremonial.

De hecho, esta posición es tan básica en el universo de Dios, que sólo el necio dice: “No hay Dios” (Salmo 14:1). Esta mentalidad es precisamente lo contrario de la santidad, siendo su manifestación más fundamental y patente el hecho de que: “Están corrompidos, sus obras son detestables; ¡no hay uno solo que haga lo bueno!” (14:1).

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen 1, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

Levítico 11–12

Animales limpios e inmundos

11 El SEÑOR habló de nuevo a Moisés y a Aarón: «Digan a los israelitas: “Estos son los animales que pueden comer de entre todos los animales que hay sobre la tierra. De entre los animales, todo el que tiene pezuña dividida, formando así cascos hendidos, y rumia, este comerán. Sin embargo, de los que rumian o tienen pezuña dividida, no comerán estos: el camello, porque aunque rumia no tiene pezuña dividida; será inmundo para ustedes. El damán, porque aunque rumia, no tiene pezuña dividida; será inmundo para ustedes. El conejo, porque aunque rumia, no tiene pezuña dividida; será inmundo para ustedes. Y el cerdo, porque aunque tiene pezuña dividida, formando así un casco hendido, no rumia; será inmundo para ustedes. No comerán de su carne ni tocarán sus cadáveres; serán inmundos para ustedes.

”De todos los animales que hay en las aguas, podrán comer estos: todos los que tienen aletas y escamas, en las aguas, en los mares o en los ríos, podrán comer. 10 Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en los mares y en los ríos, entre todo lo que se mueve en las aguas y entre todas las criaturas vivientes que están en el agua, serán abominación para ustedes; 11 les serán abominación, no comerán de su carne y abominarán sus cadáveres. 12 Todo lo que en las aguas no tenga aletas ni escamas, les será abominación.

13 ”Además, estas abominarán de entre las aves, no se comerán, son abominación: el águila, el buitre y el buitre negro, 14 el milano y el halcón según su especie; 15 todo cuervo según su especie; 16 el avestruz, la lechuza, la gaviota y el gavilán según su especie; 17 el búho, el somormujo, el búho real, 18 la lechuza blanca, el pelícano, el buitre común, 19 la cigüeña, la garza según su especie; la abubilla y el murciélago.

20 ”Todo insecto alado que ande sobre cuatro patas les será abominación. 21 Sin embargo, estos pueden comer de entre todos los insectos alados que andan sobre cuatro patas: los que tienen, además de sus patas, piernas con coyunturas para saltar con ellas sobre la tierra. 22 De ellos pueden comer estos: la langosta según sus especies, la langosta destructora según sus especies, el grillo según sus especies y el saltamontes según sus especies. 23 Pero todos los demás insectos alados que tengan cuatro patas les serán abominación.

24 ”Por estos animales, pues, serán inmundos; todo el que toque sus cadáveres quedará inmundo hasta el atardecer, 25 y todo el que levante parte de sus cadáveres lavará sus vestidos y quedará inmundo hasta el atardecer. 26 En cuanto a todo animal de pezuña dividida, pero que no forma pezuña hendida, o que no rumian, serán inmundos para ustedes; todo el que los toque quedará inmundo. 27 De entre los animales que andan sobre cuatro patas, los que andan sobre sus garras son inmundos para ustedes; todo el que toque sus cadáveres quedará inmundo hasta el atardecer, 28 y el que levante sus cadáveres lavará sus ropas y quedará inmundo hasta el atardecer; les son inmundos.

29 ”Entre los animales que se arrastran sobre la tierra, estos serán inmundos para ustedes: el topo, el ratón y el lagarto según sus especies; 30 el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija de arena y el camaleón. 31 Estos serán inmundos para ustedes de entre todos los animales que se arrastran; todo el que los toque cuando estén muertos quedará inmundo hasta el atardecer. 32 También quedará inmunda cualquier cosa sobre la cual caiga muerto uno de ellos, incluso cualquier artículo de madera, ropa, piel, saco, o cualquier utensilio de trabajo; será puesto en el agua y quedará inmundo hasta el atardecer; entonces quedará limpio.

33 ”Respecto a cualquier vasija de barro en la cual caiga uno de ellos, lo que está en la vasija quedará inmundo y quebrarán la vasija. 34 Todo alimento que se come, sobre el cual caiga de esta agua, quedará inmundo, y todo líquido que se bebe, que esté en tales vasijas quedará inmundo. 35 Todo aquello sobre lo cual caiga parte de sus cadáveres quedará inmundo; el horno o fogón será derribado; son inmundos y seguirán siendo inmundos para ustedes. 36 Sin embargo, una fuente o cisterna donde se recoge agua será limpia, pero lo que toque sus cadáveres quedará inmundo. 37 Y si parte de sus cadáveres cae sobre cualquier semilla que se ha de sembrar, quedará limpia. 38 Pero si se pone agua en la semilla, y una parte de sus cadáveres cae en ella, será inmunda para ustedes.

39 ”Si muere uno de los animales que ustedes tienen para comer, el que toque su cadáver quedará inmundo hasta el atardecer. 40 Y el que coma parte de su cadáver lavará sus vestidos y quedará inmundo hasta el atardecer; y el que levante el cadáver lavará sus vestidos y quedará inmundo hasta el atardecer.

41 ”Todo animal que se arrastra sobre la tierra es abominable; no se comerá. 42 Todo lo que anda sobre su vientre, todo lo que camina sobre cuatro patas, todo lo que tiene muchos pies, con respecto a todo lo que se arrastra sobre la tierra, no los comerán porque es abominación. 43 No se hagan abominables por causa de ningún animal que se arrastra; y no se contaminen con ellos para que ustedes no sean inmundos. 44 Porque Yo soy el SEÑOR su Dios. Por tanto, conságrense y sean santos, porque Yo soy santo. No se contaminen, pues, con ningún animal que se arrastra sobre la tierra. 45 Porque Yo soy el SEÑOR, que los he hecho subir de la tierra de Egipto para ser su Dios; serán, pues, santos porque Yo soy santo”».

46 Esta es la ley acerca de los animales, de las aves, de todo ser viviente que se mueve en las aguas y de todo animal que se arrastra sobre la tierra, 47 para hacer distinción entre lo inmundo y lo limpio, entre el animal que se puede comer y el animal que no se puede comer.

Purificación de la mujer después del parto

12 Entonces el SEÑOR habló a Moisés: «Di a los israelitas: “Cuando una mujer dé a luz y tenga varón, quedará impura por siete días; como en los días de su menstruación, será impura. Al octavo día la carne del prepucio del niño será circuncidada. Y ella permanecerá en la sangre de su purificación por treinta y tres días; no tocará ninguna cosa consagrada ni entrará al santuario hasta que los días de su purificación sean cumplidos. Pero si da a luz una niña, quedará impura por dos semanas, como en los días de su menstruación; y permanecerá en la sangre de su purificación por sesenta y seis días.

”Cuando se cumplan los días de su purificación por un hijo o por una hija, traerá al sacerdote, a la entrada de la tienda de reunión, un cordero de un año como holocausto, y un pichón o una tórtola como ofrenda por el pecado. Entonces él los ofrecerá delante del SEÑOR y hará expiación por ella, y quedará limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley para la que da a luz, sea hijo o hija. Pero si no le alcanzan los recursos para ofrecer un cordero, entonces tomará dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y el otro para la ofrenda por el pecado; y el sacerdote hará expiación por ella, y quedará limpia”».

   

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Salmos 13–14

Plegaria de un afligido

Para el director del coro. Salmo de David.

13 ¿Hasta cuándo, oh SEÑOR? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás de mí Tu rostro?
¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma,
Teniendo pesar en mi corazón todo el día?
¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí?

Considera y respóndeme, oh SEÑOR, Dios mío;
Ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte;
No sea que mi enemigo diga: «Lo he vencido»;
Y mis adversarios se regocijen cuando yo sea sacudido.

Pero yo en Tu misericordia he confiado;
Mi corazón se regocijará en Tu salvación.
Cantaré al SEÑOR,
Porque me ha llenado de bienes.

El hombre necio y malvado

Para el director del coro. Salmo de David.

14 El necio ha dicho en su corazón: «No hay Dios».
Todos se han corrompido, han cometido hechos abominables;
No hay quien haga el bien.
El SEÑOR ha mirado desde los cielos sobre los hijos de los hombres
Para ver si hay alguien que entienda,
Alguien que busque a Dios.
Pero todos se han desviado, a una se han corrompido;
No hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno.

¿No tienen conocimiento todos los que hacen iniquidad,
Que devoran a mi pueblo como si comieran pan,
Y no invocan al SEÑOR?
Allí están temblando de miedo,
Pues Dios está con la generación justa.
Del consejo del afligido ustedes se burlarían,
Pero el SEÑOR es su refugio.

¡Oh, si de Sión saliera la salvación de Israel!
Cuando el SEÑOR restaure a Su pueblo cautivo,
Se regocijará Jacob y se alegrará Israel.

   

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Proverbios 26

26 Como nieve en el verano y como lluvia en la siega,
Así la honra no es apropiada para el necio.
Como el gorrión en su vagar y la golondrina en su vuelo,
Así la maldición no viene sin causa.
El látigo es para el caballo, la brida para el asno,
Y la vara para la espalda de los necios.
No respondas al necio de acuerdo con su necedad,
Para que no seas tú también como él.
Responde al necio según su necedad se merece,
Para que no sea sabio ante sus propios ojos.
Se corta los pies y bebe violencia
El que envía recado por mano de un necio.
Como las piernas que penden del lisiado,
Así es el proverbio en boca de los necios.
Como el que ata la piedra a la honda,
Así es el que da honor al necio.
Como espina que se clava en la mano de un borracho,
Así es el proverbio en boca de los necios.
10 Como arquero que a todos hiere,
Así es el que toma a sueldo al necio o a los que pasan.
11 Como perro que vuelve a su vómito
Es el necio que repite su necedad.
12 ¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio?
Más esperanza hay para el necio que para él.
13 El perezoso dice: «Hay un león en el camino;
Hay un león en medio de la plaza».
14 Como la puerta gira sobre sus goznes,
Así da vueltas el perezoso en su cama.
15 El perezoso mete la mano en el plato,
Pero se fatiga de llevársela a la boca.
16 El perezoso es más sabio ante sus propios ojos
Que siete que den una respuesta discreta.
17 Como el que toma un perro por las orejas,
Así es el que pasa y se entremete en pleito que no es suyo.
18 Como el enloquecido que lanza
Teas encendidas, flechas y muerte,
19 Así es el hombre que engaña a su prójimo,
Y dice: «¿Acaso no estaba yo bromeando?».
20 Por falta de leña se apaga el fuego,
Y donde no hay chismoso, se calma la discusión.
21 Como carbón para las brasas y leña para el fuego,
Así es el hombre rencilloso para encender pleitos.
22 Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
23 Como vasija de barro revestida de escoria de plata,
Así son los labios ardientes y el corazón perverso.
24 El que odia, disimula con sus labios,
Pero en su corazón acumula engaño.
25 Cuando su voz sea agradable, no lo creas,
Pues hay siete abominaciones en su corazón.
26 Aunque su odio se cubra con engaño,
Su perversidad será descubierta en la asamblea.
27 El que cava un hoyo caerá en él,
Y el que hace rodar una piedra, sobre él volverá.
28 La lengua mentirosa odia a los que oprime,
Y la boca lisonjera causa ruina.

   

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1 Tesalonicenses 5

Preparados para el día del Señor

5 Ahora bien, hermanos, con respecto a los tiempos y a las épocas, no tienen necesidad de que se les escriba nadaPues ustedes mismos saben perfectamente que el día del Señor vendrá así como un ladrón en la noche; que cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», entonces la destrucción vendrá sobre ellos repentinamente, como dolores de parto a una mujer que está encinta, y no escaparán.

Pero ustedes, hermanos, no están en tinieblas, para que el día los sorprenda como ladrón; porque todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino estemos alerta y seamos sobrios. Porque los que duermen, de noche duermen, y los que se emborrachan, de noche se emborrachan.

Pero puesto que nosotros somos del día, seamos sobrios, habiéndonos puesto la coraza de la fe y del amor, y por casco la esperanza de la salvación. Porque no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, 10 que murió por nosotros, para que ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos junto con Él. 11 Por tanto, confórtense los unos a los otros, y edifíquense el uno al otro, tal como lo están haciendo.

Deberes prácticos de la vida cristiana

12 Pero les rogamos hermanos, que reconozcan a los que con diligencia trabajan entre ustedes, y los dirigen en el Señor y los instruyen, 13 y que los tengan en muy alta estima con amor, por causa de su trabajo. Vivan en paz los unos con los otros. 14 Les exhortamos, hermanos, a que amonesten a los indisciplinados, animen a los desalentados, sostengan a los débiles y sean pacientes con todos. 15 Miren que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino que procuren siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos.

16 Estén siempre gozosos. 17 Oren sin cesar. 18 Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús. 19 No apaguen el Espíritu. 20 No desprecien las profecías. 21 Antes bien, examínenlo todo cuidadosamente, retengan lo bueno. 22 Absténganse de toda forma de mal.

Pablo ora por la santificación de los tesalonicenses

23 Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24 Fiel es Aquel que los llama, el cual también lo hará.

Saludos y bendición final

25 Hermanos, oren por nosotros.

26 Saluden a todos los hermanos con beso santo. 27 Les encargo solemnemente por el Señor que se lea esta carta a todos los hermanos.

28 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con ustedes.

   

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