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Lectura de Hoy

Devocional: 2 Corintios 2

En estas breves reflexiones es imposible suplir toda la historia de las complicadas visitas y las dolorosas cartas que generaron emociones profundas en la relación del apóstol con los corintios. En los primeros capítulos de 2 Corintios, parecen estar mejorando las relaciones entre Corinto y Pablo, pero aún son un tanto ásperas.

En este contexto, Pablo dedica bastante atención a explicar la naturaleza de su ministerio: por un lado, sus características a gran escala y, por el otro, las decisiones discretas que él ha tomado. Por ejemplo, en 2 Corintios 1, es bastante obvio que los corintios habían acusado a Pablo de ser inconstante. Él había prometido ir, pero luego varió de criterio y no fue. Pablo reconoce que ciertamente cambió el plan, pero insiste en que esto no refleja inconstancia (1:15-17). En su conducta, intenta imitar la firme fidelidad de Dios (1:18-22). Y luego les da la verdadera razón por la cual no fue: quiso ahorrarles tristeza a los corintios, pues sabía que, si les hubiera visitado en ese momento, habría tenido que tomar ciertas acciones que les provocarían aún más angustia (1:23-2:2).

En 2 Corintios 2, Pablo todavía está explicando varios elementos de su ministerio. Aquí veremos dos.

Primero, Pablo entiende que su ministerio es semejante a un instrumento que distribuye la fragancia del conocimiento de Dios (2:14). Visto de otra manera, ante Dios el mismo Pablo es un aroma, “el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden” (2:15). “Para estos, somos olor de muerte que los lleva a la muerte; para aquellos, olor de vida que los lleva a la vida” (2:16). En otras palabras, Pablo afirma que no cambia de acuerdo a su audiencia. Él es el mismo aroma; proclama el mismo evangelio, el mismo discipulado, el mismo Cristo, la misma manera de vivir. Si a veces se le percibe como un dulce aroma y otras veces como un terrible hedor, ello no se debe a ciertos cambios en él, sino a las personas que se enfrentan a él. De manera implícita, los corintios deben reconocer que cualquier rechazo hacia el apóstol surge de un corazón no reformado. “¿Y quién es competente para semejante tarea?” (2:16).

Segundo, muchos corintios (esto queda claro más adelante en la epístola) pensaban que los maestros debían exigir sueldos sustanciales y, si no lo hacían, no valían mucho. En este tipo de atmósfera, sería fácil despreciar incluso a un dotado maestro apostólico, si este rehusaba el dinero que se le ofrecía. No obstante, puesto que estaba enseñando un evangelio de gracia, Pablo evangelizaba gratuitamente. (Aceptaba dinero de apoyo de otros lugares). A largo plazo, no quería ganarse la reputación de alguien que trafica con la palabra de Dios por ganancia; más bien, deseaba que se le conociera como un hombre enviado por Dios (2:17).

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen 1, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

2 Samuel 8–9

Victorias de David

8 Después de esto, David derrotó a los filisteos y los sometió, y David tomó el mando de la ciudad principal de mano de los filisteos. También derrotó a Moab, y los midió con cordel, haciéndolos tenderse en tierra. Midió dos cordeles para darles muerte, y un cordel entero para dejarlos vivos. Y los moabitas fueron siervos de David, trayéndole tributo.

David derrotó también a Hadad Ezer, hijo de Rehob, rey de Soba, cuando este iba a restaurar su dominio en el Río. David le tomó 1,700 hombres de a caballo y 20,000 soldados de a pie. David desjarretó los caballos de los carros, pero dejó suficientes de ellos para 100 carros. Cuando vinieron los arameos de Damasco en ayuda de Hadad Ezer, rey de Soba, David mató a 22,000 hombres de los arameos. Entonces David puso guarniciones entre los arameos de Damasco, y los arameos fueron siervos de David, trayéndole tributo. Y el Señor ayudaba a David dondequiera que iba. David tomó los escudos de oro que llevaban los siervos de Hadad Ezer, y los trajo a Jerusalén. Y de Beta y de Berotai, ciudades de Hadad Ezer, el rey David tomó una gran cantidad de bronce.

Cuando Toi, rey de Hamat, oyó que David había derrotado a todo el ejército de Hadad Ezer, 10 Toi envió a su hijo Joram al rey David, para saludarlo y bendecirlo, porque había peleado contra Hadad Ezer y lo había derrotado; pues Hadad Ezer había estado en guerra con Toi. Y Joram trajo consigo objetos de plata, de oro y de bronce, 11 que el rey David dedicó también al Señor, junto con la plata y el oro que había dedicado de todas las naciones que él había sometido: 12 de Aram y Moab, de los amonitas, de los filisteos y de los amalecitas, y del botín de Hadad Ezer, hijo de Rehob, rey de Soba.

13 Y David se hizo de renombre cuando regresó de derrotar a 18,000 arameos en el valle de la Sal. 14 Puso guarniciones en Edom; por todo Edom puso guarniciones, y todos los edomitas fueron siervos de David. Y el Señor daba la victoria a David dondequiera que iba.

Oficiales de David

15 David reinó sobre todo Israel, y administraba justicia y derecho a todo su pueblo. 16 Joab, hijo de Sarvia, era jefe del ejército, y Josafat, hijo de Ahilud, era cronista; 17 Sadoc, hijo de Ahitob, y Ahimelec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes, y Seraías era secretario; 18 Benaía, hijo de Joiada, era jefe de los cereteos y peleteos; y los hijos de David eran ministros principales.

Bondad de David hacia Mefiboset

9 Entonces David dijo: «¿Hay todavía alguien que haya quedado de la casa de Saúl, para que yo le muestre bondad por amor a Jonatán?». había un siervo de la casa de Saúl que se llamaba Siba, y lo llamaron ante David. Y el rey le dijo: «¿Eres tú Siba?». «Su servidor», respondió él. Y el rey le preguntó: «¿No queda aún alguien de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios?». Y Siba respondió al rey: «Aún queda un hijo de Jonatán lisiado de ambos pies». «¿Dónde está él?», le preguntó el rey. Y Siba respondió al rey: «Está en casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lodebar».

Entonces el rey David mandó traerlo de la casa de Maquir, hijo de Amiel, de Lodebar. Y Mefiboset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, vino a David, y cayendo sobre su rostro, se postró. Y David dijo: «Mefiboset». «Su siervo», respondió él. David le dijo: «No temas, porque ciertamente te mostraré bondad por amor a tu padre Jonatán, y te devolveré toda la tierra de tu abuelo Saúl; y tú comerás siempre a mi mesa». Él se postró de nuevo, y dijo: «¿Quién es su siervo, para que tome en cuenta a un perro muerto como yo?».

Entonces el rey llamó a Siba, siervo de Saúl, y le dijo: «Todo lo que pertenecía a Saúl y a su casa, lo he dado al nieto de tu señor. 10 Y tú, tus hijos y tus siervos cultivarán la tierra para él, y le llevarás los frutos para que el nieto de tu señor tenga alimento. Sin embargo, Mefiboset, nieto de tu señor, comerá siempre a mi mesa». Siba tenía quince hijos y veinte siervos. 11 Respondió Siba al rey: «Conforme a todo lo que mi señor el rey mande a su siervo, así hará su siervo». Y Mefiboset comió a la mesa de David como uno de los hijos del rey. 12 Mefiboset tenía un hijo pequeño que se llamaba Micaía. Todos los que moraban en la casa de Siba eran siervos de Mefiboset. 13 Pero Mefiboset moraba en Jerusalén, porque siempre comía a la mesa del rey. Estaba lisiado de ambos pies.

   

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2 Corintios 2

Problemas en la iglesia de Corinto

2 Pero en mí mismo decidí esto: no ir otra vez a ustedes con tristeza. Porque si yo les causo tristeza, ¿quién será el que me alegre sino aquel a quien yo entristecí? Y esto mismo les escribí, para que cuando yo llegue no tenga tristeza de parte de los que debieran alegrarme, confiando en todos ustedes de que mi gozo sea el mismo de todos ustedes. Pues por la mucha aflicción y angustia de corazón les escribí con muchas lágrimas, no para entristecerlos, sino para que conozcan el amor que tengo especialmente por ustedes.

Pero si alguien ha causado tristeza, no me la ha causado a mí, sino hasta cierto punto, para no exagerar, a todos ustedes. Es suficiente para tal persona este castigo que le fue impuesto por la mayoría; así que, por el contrario, ustedes más bien debieran perdonarlo y consolarlo, no sea que en alguna manera este sea abrumado por tanta tristeza.

Por lo cual les ruego que reafirmen su amor hacia él. Pues también con este fin les escribí, para ponerlos a prueba y ver si son obedientes en todo. 10 Pero a quien perdonen algo, yo también lo perdono. Porque en verdad, lo que yo he perdonado, si algo he perdonado, lo hice por ustedes en presencia de Cristo, 11 para que Satanás no tome ventaja sobre nosotros, pues no ignoramos sus planes.

De Troas a Macedonia

12 Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, y se me abrió una puerta en el Señor, 13 no tuve reposo en mi espíritu al no encontrar a Tito, mi hermano. Despidiéndome, pues, de ellos, salí para Macedonia.

Triunfantes en Cristo

14 Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta la fragancia de Su conocimiento en todo lugar. 15 Porque fragante aroma de Cristo somos para Dios entre los que se salvan y entre los que se pierden. 16 Para unos, olor de muerte para muerte, y para otros, olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién está capacitado? 17 Pues no somos como muchos, que comercian la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, hablamos en Cristo delante de Dios.

   

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Ezequiel 16

Orígenes de Jerusalén

16 Entonces vino a mí la palabra del Señor: «Hijo de hombre, haz saber a Jerusalén sus abominaciones, y di: “Así dice el Señor Dios a Jerusalén: ‘Por tu origen y tu nacimiento eres de la tierra del cananeo, tu padre era amorreo y tu madre hitita. En cuanto a tu nacimiento, el día que naciste no fue cortado tu cordón umbilical, ni fuiste lavada con agua para limpiarte; no fuiste frotada con sal, ni envuelta en pañales. Ningún ojo se apiadó de ti para hacer por ti alguna de estas cosas, para compadecerse de ti; sino que fuiste echada al campo abierto, porque fuiste aborrecida el día en que naciste.

’Yo pasé junto a ti y te vi revolcándote en tu sangre. Mientras estabas en tu sangre, te dije: “¡Vive!”. Sí, te dije, mientras estabas en tu sangre: “¡Vive!”. Te hice tan numerosa como la hierba del campo. Y creciste, te hiciste grande y llegaste a la plenitud de tu hermosura. Se formaron tus pechos y creció tu pelo, pero estabas desnuda y descubierta. Entonces pasé junto a ti y te vi, y tu tiempo era tiempo de amores; extendí Mi manto sobre ti y cubrí tu desnudez. Te hice juramento y entré en pacto contigo, y fuiste Mía’, declara el Señor Dios. ‘Te lavé con agua, te limpié la sangre y te ungí con aceite. 10 Te vestí con tela bordada y puse en tus pies sandalias de piel de marsopa; te envolví con lino fino y te cubrí con seda. 11 Te engalané con adornos, puse brazaletes en tus manos y un collar a tu cuello. 12 Puse un anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas y una hermosa corona en tu cabeza. 13 Estabas adornada con oro y plata, y tu vestido era de lino fino, seda y tela bordada. Comías flor de harina, miel y aceite; eras hermosa en extremo y llegaste a la realeza. 14 Entonces tu fama se divulgó entre las naciones por tu hermosura, que era perfecta, gracias al esplendor que Yo puse en ti’, declara el Señor Dios.

Infidelidad de Jerusalén

15 ‘Pero tú confiaste en tu hermosura, te prostituiste a causa de tu fama y derramaste tus prostituciones a todo el que pasaba, fuera quien fuera. 16 Tomaste algunos de tus vestidos y te hiciste lugares altos de varios colores, y te prostituiste en ellos, cosa que nunca debiera haber sucedido ni jamás sucederá. 17 Tomaste también tus bellas joyas de oro y de plata que Yo te había dado, y te hiciste imágenes de hombres para prostituirte con ellas. 18 Tomaste tu tela bordada y las cubriste, y ofreciste ante ellas Mi aceite y Mi incienso. 19 También te di Mi pan, la flor de harina, el aceite y la miel con que Yo te alimentaba, y lo ofrecías ante ellas como aroma agradable. Así sucedió’, declara el Señor Dios. 20 ‘Tomaste además a tus hijos y a tus hijas que habías dado a luz para Mí, y se los sacrificaste como alimento. ¿Acaso eran poca cosa tus prostituciones, 21 para que mataras a Mis hijos y se los ofrecieras a los ídolos, haciéndolos pasar por fuego22 Y en todas tus abominaciones y prostituciones no te acordaste de los días de tu juventud, cuando estabas desnuda y descubierta y revolcándote en tu sangre.

23 ’Y después de toda tu maldad (“¡Ay, ay de ti!”, declara el Señor Dios), 24 te edificaste un santuario y te hiciste un lugar alto en todas las plazas. 25 En toda cabecera de camino te edificaste tu lugar alto, e hiciste abominable tu hermosura. Te entregaste a todo el que pasaba y multiplicaste tu prostitución. 26 También te prostituiste a los egipcios, tus vecinos de cuerpos robustos, y multiplicaste tu prostitución para provocarme a ira. 27 Y Yo extendí Mi mano contra ti y disminuí tus raciones. Y te entregué al deseo de las que te odiaban, las hijas de los filisteos, que se avergonzaban de tu conducta deshonesta. 28 Además, te prostituiste a los asirios porque no te habías saciado; te prostituiste a ellos y ni aun entonces te saciaste. 29 También multiplicaste tu prostitución en la tierra de los mercaderes, Caldea, y ni aun con esto te saciaste’”».

30 «¡Qué débil es tu corazón», declara el Señor Dios, «cuando haces todas estas cosas, las acciones de una ramera desvergonzada! 31 Cuando edificaste tu santuario en toda cabecera de camino y te hiciste tu lugar alto en cada plaza, al despreciar la paga, no eras como la ramera. 32 ¡Mujer adúltera, que en lugar de su marido recibe a extraños! 33 A todas las rameras les dan regalos, pero tú dabas regalos a todos tus amantes y los sobornabas para que vinieran a ti de todas partes para tus prostituciones. 34 En tus prostituciones eras distinta de las otras mujeres: nadie te solicitaba para fornicar; tú dabas la paga, pero a ti ninguna paga se te daba. Eras distinta».

35 Por tanto, ramera, oye la palabra del Señor. 36 Así dice el Señor Dios: «Por cuanto fue derramada tu lascivia y descubierta tu desnudez en tus prostituciones con tus amantes y con todos tus detestables ídolos, y a causa de la sangre de tus hijos que les ofreciste, 37 por tanto, Yo reuniré a todos tus amantes con quienes te gozaste, a todos los que amaste y a todos los que aborreciste; los reuniré de todas partes contra ti, descubriré tu desnudez ante ellos y ellos verán toda tu desnudez. 38 Te juzgaré como son juzgadas las adúlteras y las que derraman sangre, y traeré sobre ti sangre de furor y de celos. 39 También te entregaré en manos de tus amantes y ellos derribarán tus santuarios, destruirán tus lugares altos, te despojarán de tus vestidos, te quitarán tus bellas joyas y te dejarán desnuda y descubierta. 40 Provocarán contra ti a una multitud, y te apedrearán y te harán pedazos con sus espadas. 41 Prenderán fuego a tus casas y ejecutarán juicios contra ti a la vista de muchas mujeres. Entonces haré que dejes de ser ramera y no darás más paga a tus amantes42 Desahogaré Mi furor en ti; Mis celos se apartarán de ti, me apaciguaré y no me enojaré más. 43 Por cuanto no te has acordado de los días de tu juventud, sino que me has irritado con todas estas cosas, también Yo haré recaer tu conducta sobre tu cabeza», declara el Señor Dios, «para que no cometas esta lascivia con todas tus otras abominaciones».

Jerusalén comparada con Sodoma y Samaria

44 «Todo aquel que cita proverbios repetirá este proverbio acerca de ti: “De tal madre, tal hija”. 45 Eres hija de tu madre que aborreció a su marido y a sus hijos, y hermana de tus hermanas que aborrecieron a sus maridos y a sus hijos. Su madre era hitita y su padre amorreo. 46 Tu hermana mayor es Samaria que con sus hijas habita al norte de ti, y tu hermana menor es Sodoma que habita al sur de ti con sus hijas. 47 Pero no solo has andado en sus caminos y has hecho según sus abominaciones, sino que, como si eso fuera muy poco, te has corrompido más que ellas en todos tus caminos.

48 »Vivo Yo», declara el Señor Dios, «que tu hermana Sodoma y sus hijas no han hecho como tú y tus hijas han hecho. 49 Pues esta fue la iniquidad de tu hermana Sodoma: arrogancia, abundancia de pan y completa ociosidad tuvieron ella y sus hijas; pero no ayudaron al pobre ni al necesitado, 50 y se enorgullecieron y cometieron abominaciones delante de Mí. Y cuando lo vi, las hice desaparecer. 51 Ni aún Samaria ha cometido ni la mitad de tus pecados, pues tú has multiplicado tus abominaciones más que ellas, y has hecho aparecer justas a tus hermanas con todas las abominaciones que has cometido. 52 También tú, carga con tu ignominia ya que has hecho que se hagan juicios favorables de tus hermanas. A causa de tus pecados, en los que obraste en forma más abominable que ellas, ellas son más justas que tú. Tú pues, avergüénzate también y carga con tu ignominia, ya que hiciste que tus hermanas parecieran justas.

53 »Y cambiaré su suerte, la suerte de Sodoma y de sus hijas, la suerte de Samaria y de sus hijas, y junto con ellas, tu propia suerte, 54 para que cargues con tu humillación y te avergüences de todo lo que has hecho cuando seas consuelo para ellas. 55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán a su estado anterior; también tú y tus hijas volverán a su estado anterior. 56 El nombre de tu hermana Sodoma no era mencionado en tu boca el día de tu soberbia, 57 antes que fuera descubierta tu maldad. Como ella, tú has venido a ser el oprobio de las hijas de Edom, de todas sus vecinas y de las hijas de los filisteos que te desprecian por todos lados. 58 Llevas sobre ti el castigo de tu lascivia y de tus abominaciones», declara el Señor. 59 Porque así dice el Señor Dios: «Yo haré contigo como has hecho tú, que has despreciado el juramento violando el pacto.

60 »Sin embargo, Yo recordaré Mi pacto contigo en los días de tu juventud, y estableceré para ti un pacto eterno. 61 Entonces te acordarás de tus caminos y te avergonzarás cuando recibas a tus hermanas, las mayores que tú y las menores que tú; y te las daré por hijas, pero no por causa de tu pacto. 62 Estableceré Mi pacto contigo; y sabrás que Yo soy el Señor; 63 para que recuerdes y te avergüences, y nunca más abras la boca a causa de tu humillación, cuando Yo te haya perdonado por todo lo que has hecho», declara el Señor Dios.

   

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Salmos 58–59

Plegaria pidiendo el castigo de los malos

Para el director del coro; según tonada de «No destruyas». Mictam de David.

58 ¿Hablan ustedes en verdad justicia, oh poderosos? ¿Juzgan rectamente, hijos de los hombres? No, pues en el corazón cometen iniquidad; La violencia de sus manos reparten en la tierra. Desde la matriz están desviados los impíos; Desde su nacimiento se descarrían los que hablan mentiras. Tienen veneno como veneno de serpiente; Son como una cobra sorda que cierra su oído, Que no oye la voz de los que encantan, Ni siquiera al más diestro encantador.

Oh Dios, rompe los dientes de su boca; Quiebra las muelas de los leoncillos, Señor. Que se diluyan como las aguas que corren; Cuando disparen sus flechas, que sean como si estuvieran sin punta. Que sean como el caracol, que se disuelve según se arrastra, Como los que nacen muertos, que nunca ven el sol. Antes que las ollas de ustedes puedan sentir el fuego de los espinos, Tanto los verdes como los que arden, los barrerá Él con torbellino.

10 El justo se alegrará cuando vea la venganza, Se lavará los pies en la sangre de los impíos; 11 Entonces los hombres dirán: «Ciertamente hay recompensa para el justo, Ciertamente hay un Dios que juzga en la tierra».

Oración pidiendo ser librado de los enemigos

Para el director del coro; según tonada de «No destruyas». Mictam de David, cuando Saúl envió hombres y vigilaron la casa para matarlo.

59 Líbrame de mis enemigos, Dios mío; Ponme a salvo en lo alto, lejos de los que se levantan contra mí. Líbrame de los que hacen iniquidad, Y sálvame de los hombres sanguinarios. Porque han puesto emboscada contra mi vida; Hombres feroces me atacan, Pero no es por mi transgresión, ni por mi pecado, Señor. Sin culpa mía, corren y se preparan contra mí. Despierta para ayudarme, y mira. Tú, Señor, Dios de los ejércitos, Dios de Israel, Despierta para castigar a todas las naciones; No tengas piedad de ningún malvado traidor. (Selah) Regresan al anochecer, aúllan como perros, Y rondan por la ciudad. Mira, echan espuma por la boca; Hay espadas en sus labios, Pues dicen: «¿Quién oye?». Pero Tú, oh Señor, te ríes de ellos; Te burlas de todas las naciones.

A causa de su fuerza esperaré en Ti, Porque Dios es mi baluarte. 10 Mi Dios en Su misericordia vendrá a mi encuentro; Dios me permitirá verme victorioso sobre mis enemigos. 11 No los mates, para que mi pueblo no se olvide; Dispérsalos con Tu poder, y humíllalos, Oh Señor, escudo nuestro. 12 Por el pecado de su boca y la palabra de sus labios, Sean presos en su orgullo, Y a causa de las maldiciones y mentiras que profieren. 13 Acábalos en Tu furor, acábalos, para que ya no existan; Para que los hombres sepan que Dios gobierna en Jacob Hasta los confines de la tierra. (Selah) 14 Regresan al anochecer, aúllan como perros, Y rondan por la ciudad; 15 Merodean buscando qué devorar, Y si no se sacian, gruñen.

16 Pero yo cantaré de Tu poder; Sí, gozoso cantaré por la mañana Tu misericordia; Porque Tú has sido mi baluarte Y refugio en el día de mi angustia. 17 Oh fortaleza mía, a Ti cantaré alabanzas; Porque mi baluarte es Dios, el Dios que me muestra misericordia.

   

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