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«¿Qué tal estuvo tu vuelo?».

Cuando me hacen esta pregunta, suelo responder diciendo que fue un buen vuelo. Hablo positivamente del vuelo por una razón. Aterrizó. Puede que no me haya gustado el asiento que me asignaron. Puede ser que no encontré espacio para mi maleta en el compartimento superior. Puede que el vuelo haya estado lleno de sacudidas durante todo el trayecto. Pero nada de eso importa realmente mientras el vuelo aterrice sin problemas.

Lo mismo ocurre con los sermones. Es posible que el comienzo sea difícil. Puede que tengas que hacer un esfuerzo para mantenerte dentro del tiempo previsto. Puede que a los asistentes no les guste el rumbo que lleva. Pero todo será perdonado si logras que el sermón llegue al destino previsto.

He aquí siete consejos para que el sermón aterrice de forma segura con una conclusión contundente.

Da una verdadera conclusión. No te detengas. No dejes que el sermón se desvíe. No prediques hasta llegar al límite de tiempo. No te vayas hasta que se te acabe el material. No termines simplemente orando o extendiendo una invitación. Concluye el sermón de forma intencional. Considera el sermón como una unidad con una introducción, un cuerpo y una conclusión. Trabaja para elaborar una conclusión que sea clara, convincente y culminante.

Considera el sermón como una unidad con una introducción, un cuerpo y una conclusión

Concluye solo una vez. Pablo dice «finalmente» varias veces en Filipenses. Pero Filipenses es divinamente inspirado. Tu sermón sobre Filipenses no lo es. Así que cuando digas «finalmente», dilo en serio. Evita las conclusiones en serie. Solo conseguirás poner nerviosa a la congregación si sigues dando vueltas a la pista de aterrizaje. Ningún piloto experto juega con el tren de aterrizaje. Además, los auxiliares de vuelo no prometen aterrizar antes solo porque los pasajeros parecen aburridos. Así que no entres en un patrón de retención innecesario introduciendo nuevo material al final. Aterriza cuando sea el momento de hacerlo.

Conoce tu destino. ¿A dónde va el sermón? ¿Cuál es el objetivo? ¿Cómo debe responder la congregación a la verdad del texto? Las respuestas a estas preguntas determinarán cómo terminar el mensaje. Una conclusión no puede llegar a donde el sermón no va. Debe despegar con un destino predeterminado. Los dispositivos de navegación del mensaje deben dirigirse en esa dirección y llevar a una conclusión lógica. Una buena conclusión es el resultado de un sermón con propósito, unidad y movimiento.

Repasa el mensaje. A menudo se dice que un orador debe decir a la audiencia lo que va a decir, decirlo, y luego decirles lo que ha dicho. Puede ser un cliché. Pero funciona. Una forma eficaz de concluir un sermón es repasar los puntos principales del mensaje. No te limites a repetir las ideas principales. Vuelve a exponerlas. Refuérzalas. Aplícalas. Ilumínalas. Celébralas. Considera la conclusión como la introducción al revés. Cierra repitiendo el punto.

Haz un llamado a la acción. La aplicación debe tener lugar a lo largo de todo el sermón. Pero la conclusión es un buen lugar para enfatizarla. Es un autoengaño escuchar la palabra sin hacer lo que dice (Stg 1:22). El objetivo de la predicación es la aplicación. Así que termina con ella. Desafía a la congregación a vivir las enseñanzas de la fe. Exhórtalos a ser hacedores de la Palabra. Explica por qué la obediencia es importante. Muéstrales cómo luce seguir a Jesús en términos prácticos.

Corre a la cruz. Jesús debería ser el héroe de cada sermón. La conclusión es un buen lugar para dirigir a tus oyentes hacia Cristo. Por supuesto, el mensaje debe estar saturado del evangelio. No se honra a Cristo cuando se le menciona al final de un mensaje que lo ignora en todo momento. Pero hay poder en concluir con una proclamación clara del evangelio. Ve a la cruz. Llama a los que oyen a arrepentirse y creer. Termina exaltando la suficiencia de la persona y la obra de Cristo.

Jesús debería ser el héroe de cada sermón. La conclusión es un buen lugar para dirigir a tus oyentes hacia Cristo

Deja una buena impresión. Las primeras impresiones son duraderas. Pero también lo son las impresiones finales. Un mensaje que comienza con una explosión pero termina con un murmullo pierde credibilidad. Una conclusión pobre puede superar una buena introducción y un cuerpo principal fuerte. Así que termina con fuerza. Practica la claridad. Usa la variedad. Haz que sea memorable. Esfuérzate por economizar palabras. No divagues. Escríbela. Familiarízate con ella. Piensa en la conclusión como el alegato final de un abogado. No dejes ninguna duda razonable. Predica para obtener un veredicto.


Publicado originalmente en For The Church. Traducido por Equipo Coalición
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