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Cuando predico los diez mandamientos, cada sermón tiene cuatro puntos, porque cada mandamiento hace cuatro cosas a la vez.

Primero, cada uno de los diez mandamientos es revelación. Cada uno nos da una idea del carácter de Dios. Por ejemplo, ¿qué tipo de persona increíble nos diría: “No robarás” (Éx. 20:15)? Solo una Persona justa y generosa en la que se puede confiar plenamente, que nunca nos robaría ni defraudaría, que nunca nos mentiría o nos engañaría, que nunca nos haría mal, que no piensa solo en sí misma, que no siente necesidad ni apetito sino desbordante amabilidad y abundancia. Este es Jesús.

Si vamos a Jesús para pedirle perdón y un corazón nuevo, Él nos lo dará gratuitamente, a nosotros quienes hemos violado la ley.

Segundo, cada uno de los diez mandamientos es confrontación. Cada uno nos da una idea de nuestro propio carácter. ¿A qué clase de personas se les necesita decir: “No robarás”? A personas que son injustas sin siquiera darse cuenta. Necesitamos que nos alerten de nuestros propios impulsos injustos y ambiciosos, los cuales tienen un profundo control sobre nosotros. Es difícil, pero curativo, darse cuenta de esto en nosotros mismos. Si vamos a Jesús para pedirle perdón y un corazón nuevo, Él nos lo dará gratuitamente, a nosotros quienes hemos violado la ley.

Tercero, cada uno de los diez mandamientos es instrucción. Cada uno nos muestra un nuevo camino a seguir por la gracia de Dios. Por lo tanto, “No robarás” nos guía hacia el camino de la generosidad, la imparcialidad, la honestidad, la moderación, la frugalidad, los pagos oportunos, los esfuerzos incondicionales, las promesas fieles, etc. En esta vida podemos recorrer este camino de manera imperfecta pero visible, no para ganarnos la aprobación de Dios, sino porque en Jesús hemos recibido libremente la aprobación de Dios.

Cuarto, cada uno de los diez mandamientos es una promesa, debido al nuevo pacto. Dios promete que escribirá su ley en nuestros corazones. Él dirigirá cada mandamiento de las páginas de la Biblia hacia los instintos más profundos de nuestras personalidades (Jer. 31:31-34; Heb. 8, 10). Gracias a la obra terminada de Cristo en la cruz y al poder infinito del Espíritu Santo, los que estamos en Cristo seremos transformados de tal manera en el cielo, en el núcleo de nuestros seres, que por siempre estaremos gozosos y daremos con la generosidad del octavo mandamiento. Finalmente seremos como Jesús.

Este es un ejemplo de una manera en que puedes predicar los diez mandamientos dentro del marco más amplio del evangelio, para la alabanza de la gloria de la gracia de Dios.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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