Por qué los reformados deben ser evangelistas

Hace algunos años, después de haber votado en las elecciones presidenciales, llevamos a nuestros hijos a una sección infantil del local electoral, donde les enseñaban la importancia de ejercer el voto. Noté entonces la mirada penetrante de uno de los encargados del local electoral. Me puse alerta, le hice una señal a mi esposa, y nos sorprendimos cuando repentinamente esta persona ya estaba frente a nosotros.

—¿Le puedo ayudar en algo? —le pregunté intentando sonar valiente.

—¡Sí! —respondió de inmediato—. ¡Ustedes tienen algo!

Pensé que nos habíamos llevado algo sin permiso, pero no. Esta persona insistió: “¡Ustedes tienen algo que un compañero de trabajo me ha dicho y me insiste en que conozca!”.

Comprendimos a qué se refería. El hombre nos relató que un compañero de oficina le había hablado del amor de Dios por medio de Cristo, y que con frecuencia le invitaba a un estudio bíblico y a la iglesia los domingos. Aprovechamos para hablarle de Jesús, y nos aseguró que asistiría a la iglesia pronto.

El evangelismo es vital

Este episodio me ha dado la oportunidad de meditar sobre el lugar que ocupa el evangelismo en la vida de todo cristiano, pero en lo particular en el mundo evangélico reformado. ¿Existe una frontera sin paso entre la teología reformada y el evangelismo? ¿Puede la teología reformada ser un motor de evangelismo en mi vida y en la de la iglesia?

Yo amo la teología reformada. Sin embargo, a veces parece que hemos construido una frontera infranqueable entre ella y el evangelismo. Por un tiempo de mi vida ministerial me dediqué de tiempo completo al ministerio evangelístico, y en cierta ocasión me dijeron: “¿Qué hace un cristiano reformado en un ministerio evangelístico?”.

Me temo que a veces no tenemos tiempo de anunciar la fe solo en Cristo a aquellos que no creen porque estamos muy ocupados en un estudio disciplinado de las cosas de Dios. Algunos llegan a la conclusión de que es mejor no llamar a las personas al arrepentimiento para salvación, pues no sabemos —dicen— si son predestinados. O por temor a despertar un sentimentalismo que confunda a la grey.

Preguntas importantes

Podrá sonar justificado, pero representa un peligro. Durante una conferencia reciente de pastores y líderes del Bethlehem College & Seminary escuché a uno de los conferencistas decir: “Amados hermanos, quiero decirles con amor y mucho cuidado lo siguiente: ustedes corren el peligro de ahogarse en su erudición teológica reformada…”.

¿Son nuestras convicciones teológicas tan rígidas que nos impiden ver la urgente necesidad del evangelismo?

Esto me sacudió. Pero me ayudó a hacerme varias preguntas que me ayudaron a meditar en esto, y espero que a ti también:

  1. ¿Son nuestras convicciones teológicas tan rígidas que nos impiden ver la urgente necesidad del evangelismo?
  2. Nuestros estudios teológicos sistemáticos ¿nos impulsan a compartir el evangelio a una humanidad perdida?
  3. Nuestros encuentros con la Escritura ¿nos dirigen a orar de manera humilde y constante por quienes no conocen de la fe solo en Cristo?
  4. Nuestro estudio profundo y teológico ¿es evidencia para quienes no creen, de tal manera que están oyendo del amor de Dios solo por gracia por medio de nuestra voz y vida?
  5. ¿Somos cristianos que estamos anunciando con nuestra boca y nuestra vida diaria la esperanza y salvación solo en Cristo?

Mi deseo es que todo cristiano ajuste su propia vida y encuentre la importancia del evangelismo en el diario vivir.

La necesidad apremiante

Hasta el día de hoy no sé qué fue lo que vio en nosotros aquella persona en el local electoral. Pero aprendí que Dios en su gracia le abrió los ojos de su entendimiento para pedir ayuda ante la necesidad de un salvador.

Y me pregunto: ¿cuántas personas más hay así en este mundo? Estamos convencidos de que la teología reformada no es el problema, sino nuestro corazón, que de manera rápida pierde la sensibilidad ante la necesidad.  

Piensa en Hechos 8:26-37. Estoy seguro que Felipe era una persona capaz y con profundidad doctrinal y teológica. Quizá tuvo el privilegio de aprender de Jesús mismo; ¡imagínate! Sin embargo, eso no fue ningún impedimento para que fuera guiado por un ángel para anunciar el evangelio al eunuco etíope. De hecho, su teología hizo posible llevar al hombre etíope desde Isaías hasta Cristo.

La petición reverente del eunuco fue atendida: “Te ruego que me digas” (Hch. 8:34). No me queda duda que hay personas que no conocen a Cristo que hacen la misma petición: “Te ruego me digas”.

5 solas indispensables

No podemos guardar silencio porque solo por la fe anunciamos el objeto de nuestra fe

Quiero terminar considerando cinco puntos con los que podemos destruir la barrera entre el evangelismo y ser reformado:

  1. Nuestra fe es evangelística. Hemos sido llamados a hacer discípulos a todas las naciones solo por las Escrituras (Mt. 28:19).
  2. No podemos guardar silencio porque solo por la fe anunciamos el objeto de nuestra fe (Ef. 2:8).
  3. Nuestra exposición bíblica debe ser un medio de evangelismo solo por la gracia de Dios.
  4. Nuestra teología debe estar calibrada por el evangelismo, al anunciar solo a Cristo, para que todo aquel que crea no se pierda (Jn. 3:16).   
  5. Nuestro conocimiento teológico debe ser un motor que nos lleve al evangelismo porque está impulsado por el amor a Dios y es solo para la gloria de Dios.

Oremos para tener encuentros como el que tuvo Felipe con el eunuco, o como aquella persona que nos miraba en el local electoral, para que nuestra teología salga de nuestra boca y sea anunciada por toda nación, para la gloria de Dios y el cumplimiento de su propósito redentor en Cristo.


IMAGEN: LIGHSTOCK.
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