¿Son los cristianos libres de hacer lo que quieran?

Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de Caminando con Jesús: Empieza a ser un fiel discípulo (Poiema Publicaciones, 2018), de Stephen Smallman. Puedes ver una muestra gratuita visitando este enlace.

“¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde?”, Romanos 6:1 (NVI).

Es importante que respondamos esta pregunta. Si Dios, por Su gracia, nos declara justos aunque no lo somos, ¿por qué no seguir pecando? De hecho, entre más pequemos, más evidente se hace la gracia de Dios. ¿Cierto? ¡Piénsalo!

Cuando llego a esta parte del estudio de Romanos, me gusta contestar la pregunta planteando lo siguiente: “Sí, debido a que hemos sido justificados somos libres de hacer lo que queramos”. Pero ¿qué es lo que estoy diciendo realmente?

Si estoy con un grupo, usualmente hay una breve discusión, pero después más y más personas ven el punto. La clave está en que uso la palabra queramos: “… somos libres de hacer lo que queramos”. A medida que vamos entendiendo el poder del evangelio, nos damos cuenta de que nuestros deseos han ido cambiando.

Al leer Romanos 6, podemos notar cómo Pablo contesta su pregunta en el versículo 2: “Hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” (NVI). Como veremos más adelante, Pablo comienza a explicar el beneficio que el creyente recibe de la resurrección. Si hemos muerto con Cristo, también hemos sido resucitados con Él a una nueva vida.

El llamado eficaz y la santificación son aspectos de la obra interna y misteriosa que el Espíritu Santo lleva a cabo en nuestras almas.

La santificación entonces podría definirse como el crecimiento que sigue a la conversión, parecido al crecimiento del bebé recién nacido. El llamado eficaz y la santificación son aspectos de la obra interna y misteriosa que el Espíritu Santo lleva a cabo en nuestras almas.

Leamos lo que Pablo nos enseña:

“¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él? ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva.

En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado;  porque el que muere queda liberado del pecado.

Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él. Pues sabemos que Cristo, por haber sido levantado de entre los muertos, ya no puede volver a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a su vida, vive para Dios.

De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos. No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia. Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley, sino bajo la gracia”, Romanos 6:1-14 (NVI).

Es importante que en la lectura notes que Pablo está describiendo lo que un creyente experimenta en el presente por su unión al Cristo resucitado. Se refiere a que así como a Cristo se le dio una nueva vida en su resurrección, así también nosotros tenemos una vida nueva. La frase se lee literalmente “caminar en novedad de vida”.

Pablo dice que viviremos con Él, pero lo que quiere decir es que esto es completamente cierto, no que esto va a suceder en el futuro. (Hay una resurrección futura, pero eso no es lo que Pablo está explicando aquí). Así como Jesús murió y ahora está vivo, así nosotros debemos “considerarnos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús”.

¿Por qué es tan importante este concepto? Porque Pablo quiere dejar claro que vivir la nueva vida del discipulado es mucho más que un llamado a hacer nuestra parte porque Dios ya hizo la suya justificándonos. El Espíritu ha hecho Su obra en nuestro interior, así que hemos muerto y resucitado en Cristo. El regalo de la salvación es lo que Dios hace en nosotros así como lo que hace por nosotros.


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Imagen: Lightstock.
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