La suficiencia de la Palabra en la consejería bíblica

La suficiencia de la Palabra en la consejería bíblica

El consejero bíblico debe tener una lealtad a la Palabra de Dios y una cosmovisión bíblica.

La relación entre ciertos aspectos de la doctrina de las Escrituras y el ministerio de consejería bíblica es inseparable. La consejería bíblica no es nada aparte de las Escrituras y lo que dicen sobre el hombre y sus problemas. Por lo tanto, el consejero bíblico debe tener una lealtad a la Palabra de Dios y una cosmovisión bíblica.

La Escritura es autoritativa

La Biblia es literalmente “exhalada por Dios” (2 Ti. 3:16-17) y es la única fuente autorizada donde encontramos verdad inherente. Es importante que el consejero entienda esto, porque igual como en el tiempo de los jueces de Israel, vivimos en una cultura donde cada persona hace lo que es correcto ante sus propios ojos, y la sabiduría del hombre se eleva por encima de todo lo demás. La afirmación que hace el consejero bíblico de que tiene una fuente autorizada de cómo uno debe vivir la vida y resolver los problemas es algo que está fuera del pensamiento típico en la filosofía de consejería.

La Biblia habla de todos los aspectos de la vida, incluso cuando no aborda directamente un tema. Algunos asuntos se tratan en principio en lugar de como un mandamiento. Por ejemplo, no hay un mandato en las Escrituras a leer la Biblia. Sin embargo, sabemos que las Escrituras contienen sabiduría para la vida y la piedad que ayudarán a una persona a crecer en su fe cristiana y evitar muchas caídas pecaminosas (Sal. 19:7-11; 119:11; Ro. 15:4).

La persona que acude a un consejero bíblico en busca de ayuda puede estar seguro de que el consejo que se le brindará no viene de la opinión o preferencia del consejero, sino que se toma de la Santa Palabra de Dios, y esto en sí mismo hace que el consejo tenga autoridad (Jn. 16:13). Dicho consejo tiene un peso muy diferente al de un sistema psicológico. A diferencia de los sistemas psicológicos, la consejería que se basa en la Palabra de Dios inmutable sigue siendo la misma. Si bien la cultura puede dictar que diversos comportamientos y prácticas (por ejemplo, la homosexualidad o la inmoralidad sexual) son normales de acuerdo con la sabiduría de los hombres, la verdad bíblica con respecto a esas prácticas ha permanecido igual a lo largo de la historia, llamándolas pecaminosas e idólatras (Is. 40:8; Col. 3:5; 1 Co. 6:18).

Cuando el consejero deriva su autoridad de la Palabra de Dios, elimina la mayor probabilidad de que se vuelva arrogante en su consejo.

Cuando el consejero deriva su autoridad de la Palabra de Dios, elimina la mayor probabilidad de que se vuelva arrogante en su consejo (Pr. 11:2). El consejero reconoce que él no es la autoridad final, sino que pone toda la autoridad de la Palabra de Dios en las circunstancias de la persona aconsejada. Esto se suma a la confianza que obtiene el aconsejado a través del proceso de consejería, pues puede con entusiasmo y sin reservas obedecer las directivas del consejero, viendo por sí mismo que no son meramente la opinión subjetiva de un ser humano falible, sino que, en cambio, se extraen directamente de la Palabra de Dios.

La Escritura da el poder para cambiar

La consejería bíblica es el único método de cambio que tiene el poder para cambiar (2 Ti. 3:15-16). 2 Pedro 1:3 dice que en Cristo al cristiano se le ha dado todo lo necesario para la vida y la piedad. El conocimiento de qué y cómo cambiar proviene de leer y colocar en su interior las palabras de la Biblia. El Espíritu Santo le da vida a la verdad y le permite al cristiano realizar los cambios a nivel del corazón. Estos cambios internos se hacen evidentes a medida que cambia la vida.

Esto es muy diferente del consejo que una persona recibiría en otro lugar. La consejería bíblica es diferente por diseño. Tenemos algo que podemos ofrecer que es diferente a lo que ofrecen los consejeros seculares e incluso los consejeros cristianos que trabajan para el gobierno, donde las normas les prohíben evangelizar; y esa es precisamente la diferencia, poder dar el mensaje del evangelio. Queremos mostrarle a nuestros aconsejados algo diferente a lo que han visto antes. Isaías 9:6 habla de nuestro maravilloso consejero. Nuestro maravilloso Consejero y sus maravillosos consejos son rutinariamente opuestos al mensaje de consejería humanista (1 Co. 12:3; Col. 2:16; Ro. 12:2). La consejería humanista proclama que el hombre es dios y tiene el poder dentro de sí mismo para cambiar. La consejería bíblica exalta a Dios y entiende que la persona aconsejada no tiene capacidad dentro de sí misma (aparte del Espíritu Santo) para cambiar para la gloria de Dios. Esta es otra distinción que hay al aconsejar con las Escrituras (Jn. 14:6; Pr. 4:1-27).

La Escritura revela la voluntad de Dios

No hay absolutamente ninguna manera de conocer la voluntad de Dios y determinar lo que es bíblico aparte de las Escrituras.

Es cierto: hay muchas cuestiones de las que las Escrituras hablan directamente, y también hay cuestiones que las Escrituras tratan de manera indirecta. Muchos consejeros siguen una teología orientada a los sentimientos que va más allá de lo que dice la Biblia. Están contentos creyendo que Dios les habla en sus sueños o por circunstancias que interpretan como Dios abriendo puertas y cerrando ventanas. Estos métodos a menudo se ven como algo mejor que aprender lo que la Biblia realmente dice sobre un asunto. Algunos aconsejados dicen que es demasiado difícil, laborioso, e incluso inconveniente tener que buscar lo que las Escrituras dicen sobre un tema en específico, por lo que recurren a lo que “sienten”, pues creen que eso será más fácil y más confiable en lugar de tomarse el tiempo de leer y estudiar. El consejero debe ayudar al aconsejado a comprender que no hay absolutamente ninguna manera de conocer la voluntad de Dios y determinar lo que es bíblico aparte de las Escrituras (Heb. 4:12; Sal. 78; R. 12:2). Se debe instar a la persona aconsejada a que estudie la Biblia, pues es la única manera en la que podrá obtener sabiduría y podrá comprender los problemas que comúnmente se enfrentan en la vida. Además, se podrá convencer de cuándo un curso de acción es correcto (1 Co. 7:22).

Para reflexionar

La consejería teológica no puede basarse en la sabiduría humana o en las teorías humanistas que socavan y descartan la verdad bíblica. Debemos recordarle a los consejeros y unos a otros que todo lo que dice verdad ser no proviene de Dios, y que la satisfacción se encuentra solo en Dios. Si tienes un ministerio de consejería, ¿refleja estas verdades?


Publicado originalmente en Biblical Counseling Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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