Haz música para Dios: Entrevista a Rogers Peralta

Es difícil imaginar la vida sin música. La habilidad para crear y ejecutar melodías es un regalo de Dios para el hombre. Sin embargo, a veces los creyentes no entendemos el valor de este regalo, ni cómo podemos glorificar a Dios con él.

Pensando en esto, aquí una entrevista a Rogers Peralta sobre este tema. Él tiene una licenciatura en teoría y educación musical realizada en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Cuenta con una amplia experiencia y formación en diferentes áreas de la música que va desde el trabajo con orquestas sinfónica infantiles y juveniles, agrupaciones corales, y arreglista, hasta el trabajo pedagógico y curricular en materia de educación artística.

Hace poco terminó una maestría en teología con el Southeastern Baptist Theological Seminary, y sirve desde el 2006 como director musical de la Iglesia Bautista Ozama (IBO), en Santo Domingo, República Dominicana, donde ha desarrollado importantes proyectos en el área de la música y arte con impacto global.

Además, Rogers trabaja para el Ministerio de Educación de la República Dominicana en la dirección de currículo en el área de Educación Artística. También produce y dirige el programa radial Más que música con audiencia de diferentes países. Está casado con Noemí Guerrero y juntos tienen dos hijos.


Para empezar, ¿cómo conociste el evangelio y el valor del regalo de la música?

No nací en una familia cristiana. De hecho, mi padre era gnóstico, mi madre pasó por un sincretismo de “iglesias” o sectas, y gran parte de mi educación primaria y secundaria la recibí en escuelas católicas.

Por la influencia del evangelio en nuestra cultura tuve contacto con iglesias evangélicas en diferentes etapas de mi niñez y adolescencia. Sin embargo, puedo decir que fue a los 16 años cuando el Señor usó una escuela de música y personas muy especiales no solo para formarme en el conocimiento de la música (cosa que venía haciendo desde mis 11 años) sino para llevarme a visitar una iglesia, luego llamarme a salvación en esa misma iglesia, y luego a servir en ella, la Iglesia Bautista Ozama.

No tengo duda del llamado que Dios me dio con la música, pues Él usó esa vía para permitirme conocerlo como Salvador.

¿De qué forma puede la música glorificar a Dios y testificar de su imagen en nosotros?

La música, como todo lo demás que tenemos, es un don de Dios. Somos responsables del buen uso que le damos y la manera en cómo la llevamos para gloria de Dios o para exaltación nuestra.

Las personas tienden a sobrevalorar a los músicos y los músicos muchas veces nos sobrevaloramos también, y es que la música tiene un encanto que podemos apreciar incluso aunque no seamos cristianos. De hecho, no hay que creer en Dios para tener afinidad por este arte.

Sin embargo, podemos glorificar a Dios a través de la música de diversas maneras, comenzando por la excelencia. Este fue uno de los consejos que me dió mi pastor, hace 18 años, cuando yo estaba en plena crisis sobre elegir una carrera universitaria: “Sea lo que sea que estudies, debes ser excelente en ello”.

Si los impíos buscan la excelencia con ímpetu, los cristianos debemos buscarla con mayor ímpetu para la gloria de Dios. Recuerdo una frase que nos decía nuestro líder de alabanza en mis inicios tocando en la iglesia: “Si los músicos de la sinfónica ensayan con esmero por un salario para sus conciertos, nosotros tenemos que prepararnos con más empeño para nuestros tiempos de alabanza de los domingos”. 

En segundo lugar, podemos glorificar a Dios en la música aprendiendo música de manera formal y profesional a fin de llegar a lugares a los que no llegaríamos de otra manera. Las iglesias son una fuente de músicos. De hecho, es interminable la lista de artistas seculares famosos cuyos inicios se remontan a un ministerio musical en una iglesia. Sin embargo, la mayoría de los músicos en nuestras iglesias se quedan en la esfera de tocar en sus cultos de manera empírica y prefieren seguir otras profesiones por temor a “morirse de hambre”.

La música no es una plataforma para la exaltación propia o de mero desarrollo artístico, sino un medio para glorificar el nombre del Señor.

En nuestra cultura latinoamericana tenemos una imagen distorsionada de lo que significa ser un músico. Por eso muchos eligen desarrollarse en profesiones que les sean rentables aunque no les apasione como la música. Otros, en cambio, dejan de desarrollar sus dones musicales por falta de oportunidad, pereza, o temor a lo formal. 

Tengamos en cuenta que cada vez más se levantan instituciones que ayudan y brindan oportunidad para el estudio formal de la música. Entendamos también que la música es un medio de alcance evangelístico e impacto social mucho más efectivo que otras profesiones que se nos presentan como opciones académicas.  

Al estudiar de manera formal, puedo dar una gloria más alta a Dios en escenarios donde nunca tendría cabida si no fuese por la llave del estudio académico. La gente te escucha con más atención y generas credibilidad en lo que haces. Dios te abre puertas en las que sabes que estás allí únicamente por su gracia, para ser útil en algo que llevará gloria a Su nombre. Nuestras carreras son un medio para llevar gloria a Dios a tal punto que los impíos vean, pregunten, y se interesen en la fe.

Por último, podemos glorificar a Dios al usar la música como un medio para servir a su pueblo. No conozco la realidad de otros países, pero en República Dominicana es alta la población de estudiantes de música que son cristianos. Tristemente, la mayoría de esos estudiantes no tienen una visión de servir a Dios y a su pueblo con esta profesión, sino hacer un nombre o simplemente satisfacer su ego. 

Es necesario recordar que la música no es una plataforma para la exaltación propia o de mero desarrollo artístico, sino un medio para glorificar el nombre del Señor.

Los dones que tenemos nos fueron dados para glorificarle y edificar a su iglesia (Ef. 4:12) Nuestras profesiones, al igual que nuestros dones, deben estar en total disponibilidad para el cuerpo de Cristo (1 Co. 12:12-27). Y nadie debe tener ningún privilegio especial o trato diferente por tener cierta habilidad; todos somos iguales ante Dios aunque los hombres no siempre lo vean así. 

¿Cómo describirías la forma en que el evangelio moldea tu trabajo como profesor de música?

Los profesores tenemos el privilegio de influir en la vida de nuestros estudiantes. Todos recordamos aquel maestro que nos marcó, que nos decía aquella frase que nos impacta, o que con su estilo nos hizo reflexionar más allá del aula de clase.

Necesitamos creyentes haciendo arte, no artistas que simplemente piensen que son creyentes.

Necesitamos profesionales que modelen el evangelio en todas sus esferas de acción. Médicos que lo hagan en sus consultas y en el quirófano, publicistas y diseñadores en sus propuestas creativas, artistas en sus propuestas artísticas… y profesores que honren a Dios en respuesta a su evangelio. Necesitamos creyentes haciendo arte, no artistas que simplemente piensen que son creyentes; necesitamos ser primero creyentes y luego profesionales; necesitamos primero fidelidad a Dios que a nuestras profesiones. Esto es vital para ser profesores que honren a Dios.

Solo así mostraremos la grandeza de Dios a través de una profesión para el bien de una nación, para el crecimiento profesional de un creyente, y para gloria de un Dios que ama.

¿Es permitido que un creyente trabaje usando sus talentos musicales en otros espacios que no sea la iglesia local?

Claro que sí. Necesitamos más creyentes músicos en las aulas de clases, en la sinfónica, y en los departamentos estatales elaborando proyectos de alcance masivo para el bien de sus naciones como un estandarte de su fe.

Sin embargo, al igual que cualquier profesional que tiene acceso al trabajo legal y legítimo, no debemos deshonrar a Dios en nuestro trabajo. En la música hay oportunidades laborales que no nos llevarán a glorificar a Dios como Él espera. En esas ocasiones, debemos ser fieles a Dios y elegir en fe aquellas cosas que sí glorifiquen el nombre del Señor por encima de una necesidad económica.

Esto pasa en cualquier profesión. No todos los casos jurídicos les convienen al creyente abogado aunque les proporcione una suma de dinero. No todas las propuestas clínicas son oportunas para el creyente médico. De igual manera, no todas las áreas de acción de la música son convenientes para los creyentes músicos. Es oportuno guardar nuestro corazón (Pr. 4:23), al igual que un constante examen espiritual sobre nuestras motivaciones (Sal. 139:23-24).

Esto requiere madurez y deseo por la santificación, ya que a veces la tentación no es primeramente el beneficio económico, sino una una motivación cancerígena llamada ego, que es aún más dañina. Nos hace capaces de faltar abiertamente a nuestro Dios por un sorbo de gloria terrenal, por tan solo vivir la experiencia como artista. 

¿Por qué es importante que los creyentes desarrollen un entendimiento bíblico de la vocación artística?

Cuando los creyentes tienen una cosmovisión bíblica, las cosas cambian en todos los sentido porque Dios estará presente a nuestros ojos y formará parte de nuestras decisiones (Col. 3:23). Una fuente correcta de valores me dará creencias correctas y ellas me serán una fuente correcta de decisiones. Mis valores forman mis pensamientos, y ellos forman lo que creo y lo que decido.

Nuestra cosmovisión es esencial para mantener un compromiso sólido con nuestro Creador en medio de tanta corrupción moral que nos rodea.

Nuestra sociedad está en una crisis de valores. Por eso vemos tantas decisiones locas y erradas en nuestra cultura, quizá como nunca antes en la historia de la humanidad. Como creyente, tengo un compromiso con Dios por encima de cualquier salario. Eso será evidente a los que me rodean, no en mi discurso, sino en mi práctica, en la coherencia que debe existir entre lo que predico y lo que hago.

Nuestra cosmovisión es esencial para mantener un compromiso sólido con nuestro Creador en medio de tanta corrupción moral que nos rodea (Ro. 12:2). Nuestra comprensión de lo que significa vivir para Su gloria nos llevará a poner nuestras vocaciones al servicio de la causa de Cristo. 

¿Qué es lo más valioso que has aprendido en tu trayectoria musical, y cómo ha impactado tu caminar con el Señor?

Muchas enseñanzas me han acompañado en mi caminar. Si tuviese que mencionar la más valiosa, sería: no negocies los principios de la fe bajo ninguna circunstancia, independientemente del prestigio que puedas ganar, lo atractiva que sea la oportunidad, el dinero que puedas adquirir, o las consecuencias humanas.

He tenido que aplicar esta lección muchas veces. Confieso que puede ser muy difícil. Desde arriesgar oportunidades profesionales por no dejar de congregarme los domingos, hasta dejar de ganar dinero por no renunciar a un principio que considero fundamental de la fe, por ejemplo. Pero cuando el mensaje del evangelio va acompañado de obediencia, y la gracia de Dios es evidente en las decisiones, todo lo que aparenta ser oscuro y gris es un oasis de paz en medio de la hostilidad. 

He recibido muchas bendiciones de Dios en momentos de decisiones radicales por Dios. Le doy gracias por permitirme tener el valor de darle el primer lugar. Por otro lado, me lamento de las ocasiones en que he actuado de manera contraria, pues entonces he vivido mis peores pesadillas.

Exhorto a mis hermanos profesionales y artistas a nunca vender sus principios por un plato de lentejas, ni a prostituir su arte por un aplauso o un contrato humano y pasajero. Recordemos 2 Timoteo 2:11-13:

“Palabra fiel es ésta:
Que si morimos con Él, también viviremos con Él;
Si perseveramos, también reinaremos con Él;
Si Lo negamos, Él también nos negará;
Si somos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse Él mismo”.


Imagen: Unsplash.
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