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¿Debe mi esposo rendirme cuenta de sus luchas sexuales?

La idea de casarse suena hermosa. Iniciamos esta etapa llenos de sueños y esperanzas, y si bien es cierto que el matrimonio es algo maravilloso, la realidad es que también requiere mucha intencionalidad y vulnerabilidad para poder cosechar los frutos esperados. La unión matrimonial no solo se trata de salir y desprenderse de la familia de origen, sino también de conectarse a otra persona; ser una sola carne.

“Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban”, Génesis 2:24-25.

En la Escritura vemos que en el diseño original de Dios para el matrimonio no había vergüenza, pecado, ni nada qué ocultar. La pareja existía en completa transparencia, lo cual es indispensable para la conexión. Pero cuando entró el pecado, Adán y Eva corrieron a cubrirse. Esto muestra una realidad que permanece desde Génesis 3: ¡el pecado avergüenza! El pecado nos separa, nos hiere, y nos hace herir a otros.

Compromiso y confianza

Uno de los pecados que más lastiman a los matrimonios es el pecado sexual, pues afecta el vínculo matrimonial y rompe la confianza del cónyuge. Ocultar este pecado crea las condiciones para un mal mayor. No en vano nos aconseja la Palabra de Dios: “El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia” (Pr. 28:13).

Para tener un matrimonio estable, donde la pareja esté conectada, se necesita compromiso y confianza. Compromiso con Dios y con el cónyuge, además de confianza, apertura, y transparencia. No debemos correr a escondernos, sino buscar juntos al Señor para ser transformados.

Muchos hombres cristianos están batallando con tentaciones sexuales. Aunque es muy lamentable, no debería extrañarnos. Somos parte de una sociedad muy erotizada que se esfuerza por celebrar la sensualidad y lo vulgar. Si tu esposo tiene luchas sexuales, es mi oración que Dios te dé la sabiduría para ofrecerle un espacio de confianza, vulnerabilidad, y seguridad donde él pueda ser transparente. Él no debe luchar solo con esos temas de inmoralidad, así existan solo en su mente.

¿Qué hacer como esposa?

  1. Ora, sin cesar. Pide a Dios gracia para perdonar y sabiduría para amar bien a tu esposo.
  2. No minimices el tema, pero tampoco lo exageres. No te conviertas en una policía obsesionada, demandando su ubicación constantemente y revisándole todas sus pertenencias.  
  3. Anímalo a buscar consejería bíblica. No hay que esperar a que la lucha lo venza para ir en búsqueda de auxilio. Un consejero piadoso puede ayudarles a ambos a manejar el tema de forma exitosa.
  4. Invita a la rendición de cuentas. Tu esposo debe rendir cuentas a su consejero de manera frecuente como parte del seguimiento. Además, es importante que también te rinda cuentas a ti, aunque quizá con menos frecuencia que al consejero. Las luchas sexuales de los hombres suelen ser muy diferentes a como nosotras nos imaginamos, y escucharlos nos permite ser parte de la solución. La rendición de cuentas debe ser una herramienta de crecimiento para el matrimonio, no un momento de tortura con señalamientos y culpabilidad.
  5. Evalúa la vida íntima de tu matrimonio. De ninguna manera esto se trata de culparte a ti por la situación. Cada uno es responsable de cómo responde a sus tentaciones. Simplemente ten siempre en mente que el placer sexual fue creado por Dios para que los cónyuges lo disfruten, no importa cuánto tiempo lleven de casados. Aunque es posible que se requiera hacer ajustes, el sexo puede seguir siendo gratificante.

Recuerda contra quién estamos luchando

Es importante recordar que no debemos ser simplistas en cuanto a este tema. Mira lo que nos enseña Efesios 6:12-14: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. Estén, pues, firmes”. ¡Necesitamos orar! Nuestra mejor arma en medio de esta lucha espiritual es la oración.

Muchas de nuestras luchas no son tan simples como parecen. Digo “nuestras” porque, si tu esposo está luchando, tú también estás en la batalla. Ustedes son una sola carne. Sus luchas son tuyas, y las tuyas son de él.

Evaluando nuestras luchas

Nunca debemos olvidar que ser transparentes facilita la honestidad e integridad en ambas vías. ¿Qué hay de ti? Nosotras también estamos en una batalla. ¿Eres transparente con tu esposo? ¿Le has hablado alguna vez de tus luchas?

En medio de la lucha junto a tu esposo, recuerda que tenemos esperanza por la obra de Cristo. El pecado ha sido vencido en la cruz y ya no tenemos que ser esclavos. En Él hay fortaleza para vencer la tentación; en Él hay esperanza de restauración y libertad.

Que Dios nos conceda ser esa ayuda oportuna que diseñó que fuéramos para nuestros esposos.

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