Cómo leer Apocalipsis

Mientras que algunos cristianos parecen tener una obsesión con los últimos tiempos, para muchos otros Apocalipsis es un libro confuso, tal vez incluso aterrador. Las imágenes vívidas son abrumadoras: dragones, bestias, langostas, pergaminos. ¿Qué debemos hacer con todo esto? ¿Cómo debemos leerlo? ¿Cómo entenderlo? En este breve artículo quiero ayudarte a hacer precisamente eso. Espero que veas que no es tan difícil entender el Apocalipsis como podrías creer inicialmente. Te darás cuenta que cuando comprendes su mensaje, serás alentado a perseverar en la fe durante estos tiempos difíciles.

Leer, leer, y leer de nuevo

El libro de Apocalipsis no tiene una sola cita del Antiguo Testamento. Es decir, no hay una cita directa de un texto o pasaje del Antiguo Testamento. Sin embargo, hay más de 500 referencias a textos o pasajes en el Antiguo Testamento. Eso significa que, si queremos leer y comprender Apocalipsis, necesitamos leer y comprender nuestro Antiguo Testamento. Entonces, si quieres entender Apocalipsis, lee, lee, y relee el Antiguo Testamento. 

Cuanto más te familiarices con el Antiguo Testamento, más fácil te será entender Apocalipsis. Por ejemplo, en Daniel 10:1-12, Daniel ve una visión muy similar a la visión de Juan en Apocalipsis 1:20. Mientras que en Daniel 10 es probable que sea un ángel, en Apocalipsis 1 es el Cristo resucitado. Aún así, el lenguaje es muy similar, y la reacción de Juan es la misma que la de Daniel: “Cuando Lo vi, caí como muerto a Sus pies”, y la reacción de Jesús es la misma que la del ángel: “Y Él puso Su mano derecha sobre mí, diciendo: ‘No temas…’” (Ap. 1:17; véase Dn. 10:9,12).

Además, en Daniel 12, el Señor le permite a Daniel ver una visión del último día: el día de la resurrección de todos los muertos y el juicio final de Dios (Dn. 12:1-4). A Daniel se le dice que esta profecía no se cumplirá en su vida, por lo que debe “callar las palabras y sellar el libro, hasta el tiempo del fin” (Dn. 12:4). Por otro lado, se dice que Jesús es el único digno de romper el sello del rollo y abrir el libro (Ap. 5:1-5). Presumiblemente, el pergamino contiene el plan eterno de Dios, que Jesús ahora tiene la autoridad de dirigir desde el cielo como el rey entronizado a quien se le otorga toda autoridad.

Estos son solo dos ejemplos de un libro del Antiguo Testamento. Hay muchos otros. Y cuanto más familiarizado estés con el Antiguo Testamento, más podrás comprender la Revelación.

Además de esto, hay varias realidades del libro de Apocalipsis que te ayudarán a comprenderlo. Veamos varias de ellas.

Es una epístola

Al hacer que Apocalipsis sea más complicado de lo que debería ser, perdemos el hecho de que es simplemente una carta.

Es cierto que una de las razones por las que nos resulta difícil entender Apocalipsis es porque lo nosotros lo hacemos complicado. Lo hacemos más difícil de lo que debería ser. Por ejemplo, la mayoría de los cristianos están acostumbrados a leer las epístolas del Nuevo Testamento. Son cartas y tienen una estructura consistente: una saludo, el cuerpo, y una conclusión. El saludo normalmente tiene un saludo a una audiencia específica, junto con una bendición, oración, o acción de gracias. Luego el autor escribe el cuerpo de la carta. Finalmente, la conclusión normalmente contiene un saludo de cierre, quizás con exhortaciones finales, y una bendición de despedida. Contrariamente a lo que pensamos, Apocalipsis es una carta sencilla. En el saludo, Juan se identifica a sí mismo e identifica su audiencia: “Las siete iglesias que están en Asia”, junto con una bendición: “Gracia a ti y paz…” (Ap. 1:4). Apocalipsis también concluye con exhortaciones finales y una bendición final (Ap. 22:14-21). El cuerpo de la epístola está escrito a las siete iglesias de los capítulos 2-3.

Al hacer que Apocalipsis sea más complicado de lo que debería ser, perdemos el hecho de que es simplemente una carta. Es una carta escrita por el apóstol Juan para alentar a las siete iglesias en Asia Menor a soportar el sufrimiento por la fe hasta el final. Y cuando comprendemos que Apocalipsis es una carta en forma típica, entenderemos mejor cómo leerla. Como carta, debe tener aplicación para su audiencia original.

Es una profecía

Por supuesto, Apocalipsis no es una carta nada más. También es una profecía que el Cristo resucitado le revela a Juan para que la comparta con las iglesias para su aliento (Ap. 1:1-3). Por esta razón, la carta concluye advirtiéndole a todos los que “oyen las palabras de esta profecía” que no agreguen ni quiten lo que el Cristo resucitado ha revelado en ella (Ap. 22:18). Saber que Apocalipsis es una profecía nos ayuda a saber qué herramientas hermenéuticas usar para interpretarlo fielmente.

Como muchas profecías están escritas en poesía, y dado que Apocalipsis refleja esa estructura poética en algunos lugares, necesitamos entender cómo interpretar la poesía y las imágenes poéticas. Pero la profecía también es repetitiva. Es decir, las profecías tienden a repetirse en ciclos. Considera las profecías en Daniel 7-12. Por ejemplo, Daniel recibió una visión que describía la historia del mundo que se desarrollaba y que se estaba moviendo hacia el día final en que los santos recibirían el reino eterno (Dn. 7). Esta historia en desarrollo se revisa nuevamente desde diferentes perspectivas, enfocándose en diferentes eventos y diferentes personas específicas, usando diversas imágenes en el resto de la profecía. 

Como muchas profecías, Apocalipsis le habla a la audiencia original y a los futuros lectores.

Estos ciclos proféticos en Daniel culminan en el capítulo 12, cuando el pueblo de Dios será resucitado y glorificado en el último día (Dn. 12:1-4). Del mismo modo, en Apocalipsis, es muy probable que haya ciclos proféticos en los siete sellos (6:1–8:5), las siete trompetas (8:6–11:19), y las siete copas llenas de la ira de Dios (16:1-20). En otras palabras, es posible que estos ciclos de siete se refieran al mismo desarrollo de la historia a medida que avanza hacia el último día del juicio de Dios. Y como muchas profecías, se refieren a la audiencia original y a los futuros lectores. 

Es literatura apocalíptica

Un aspecto de Apocalipsis que lo hace tan difícil de entender es que, si bien está escrito en un género de literatura que se entendía fácilmente en su día, nos alejamos de esa cultura por más de 2000 años. La literatura apocalíptica se utilizaba ampliamente en el primer siglo. Algunos dicen que se usaba como una forma de hablar sobre el gobierno y las autoridades en una especie de lenguaje en código. Eso puede ser cierto. Pero lo más importante es que la literatura apocalíptica contiene imágenes vívidas y números representativos que tienen como propósito aumentar la imaginación para que el mensaje sea memorable y se pueda transmitir a otros. Para entender cómo leer Apocalipsis, debemos familiarizarnos con la lectura de la literatura apocalíptica.

Apocalipsis: una descripción simple

Imagínate cómo era vivir como cristiano en el primer siglo, cuando había persecución desenfrenada. Los judíos estaban celosos de Jesús, aquel que los cristianos proclamaban como resucitado de entre los muertos. Por esto y otras razones, los judíos no apreciaban que los romanos vieran el cristianismo como una rama más del judaísmo. En consecuencia, los judíos entregaron a los cristianos a las autoridades gubernamentales para que fueran encarcelados, golpeados, e incluso asesinados. Además, el gobierno quería mantener el orden, por lo que sofocaba cualquier tipo de potencial sedición. Agrégale a esta realidad el que algunos cristianos se sintieron tentados a hacer concesiones a su fe para sobrevivir, mientras que otros buscaron permanecer fieles, y entonces tienes el contexto histórico de la carta profética que conocemos como Apocalipsis.

Apocalipsis se escribió a siete iglesias en Asia Menor. Por supuesto que no había solo siete iglesias en Asia Menor. Pedro escribe su primera carta a las iglesias en esa misma región, por lo que sabemos que había muchas más. Pero cuando entendemos que siete es el número de la perfección y que representa la plenitud, podemos entender que estas siete iglesias en los capítulos 2-3 representan a todas iglesias. Desde su perspectiva, el mundo se está desmoronando, y las autoridades religiosas y gubernamentales amenazan continuamente su existencia. Les parece que Dios ha perdido el control del mundo. Entonces, ¿qué harán? ¿Cómo perseverarán?

En Apocalipsis 4, Dios invita a Juan a su sala del trono para mostrarle, primero, que no importa cómo aparezcan las cosas “abajo”, Dios está en su trono, no será sacudido, y todavía sigue en control. En el capítulo 5, Dios entrega toda la autoridad al Cristo resucitado y exaltado, ahora sentado con Él y gobernando desde lo alto. Como rey de reyes y Señor de señores, Jesús ahora está desarrollando la historia hacia su designado día final. Apocalipsis 6–18 representa la historia que se desarrolla en ciclos de siete, y este ciclo abarca la historia desde el tiempo de las siete iglesias hasta el último día, cuando Jesús regresará para juzgar (Ap. 19) y destruir a todos sus enemigos, el último de los cuales es la muerte (Ap. 20). Finalmente, Apocalipsis termina pintando una imagen de los nuevos cielos y la tierra como el Edén restaurado y renovado, el templo y Jerusalén (Ap. 21–22).

Mientras leemos Apocalipsis, se nos alienta a mirar a Cristo y perseverar fielmente porque Dios está en su trono, y Él le ha entregado toda su autoridad al Hijo, el León de la tribu de Judá. Jesús está reinando desde lo alto, y está dirigiendo toda la historia, incluida nuestra historia. Por lo tanto, podemos perseverar fielmente hasta el final porque sabemos que Jesús ya ganó la victoria. Debemos esperar un poco más hasta que Jesús lleve la historia al fin designado por Dios. En ese día, todos los muertos serán resucitados de entre los muertos y serán juzgados. Los justos gobernarán con Cristo y habitarán en la presencia de Dios por toda la eternidad. Los injustos, por otro lado, enfrentarán el castigo eterno en el infierno. Este es nuestro futuro. Esta es nuestra esperanza. Aunque podamos sufrir ahora, estaremos con Jesús en el lugar que nos corresponde al final de los tiempos. A Dios sea la gloria.


Imagen: Lightstock.
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