×

Cancelado: Cómo la mentalidad oriental de honor-vergüenza viajó a Occidente

Cancelado. En las primeras semanas de cuarentena debido al coronavirus, esta palabra era casi tan omnipresente como la frase sin precedentes. Estrenos de películas, conciertos, e incluso temporadas deportivas enteras, todas han sido canceladas mientras elaboramos una estrategia para combatir la propagación del COVID-19.

Pero esa palabra, cancelado, lleva otra connotación en nuestro léxico social contemporáneo. Se usa cuando cancelamos a las personas, no solo los eventos.

Érase una vez que las diferentes opiniones, incluyendo las que desafiaban costumbres culturalmente aprobadas, eran debatidas con hechos y argumentos sólidos. Ahora, cuando una persona hace o dice algo que entra en conflicto con las preferencias culturales actuales, cancelamos a esa persona. La silenciamos con nombres, apodos, y ataques ad hominem. Si es músico, hacemos un boicot de su música. Si es atleta, nos deleitamos en quemar su camiseta y publicarlo en las redes sociales. Ahora subimos a un monte a los socialmente culpables para que todos los vean retorcerse, mereciendo justamente lo que obtienen por haber ofendido al colectivo. Sé advertido: no participaremos de tus ideas; a ti sí te vamos a involucrar y a avergonzar hasta dejarte sin existencia. Serás cancelado.

La cultura de cancelación y la cultura oriental

Como alguien que es bicultural, veo cuán oriental es realmente este fenómeno occidental. Nací y crecí en los Estados Unidos, pero mi herencia y crianza están empapados del aceite de oliva de la cultura del Medio Oriente. Históricamente, Occidente ha defendido el derecho del individuo a decir, creer, y actuar como él o ella elija. Los méritos del discurso, las creencias, y las acciones de esa persona son debatidos aún mientras se defiende su derecho a mantenerlos.

En Oriente y Medio Oriente (llamaré a ambas regiones “Oriente”), prima el colectivo. Cada persona en Oriente debe considerar el efecto que su discurso, creencias, y acciones tienen en el colectivo. Las culturas orientales son “culturas de honor-vergüenza”. Los individuos hablarán, actuarán, y creerán de maneras que traigan honor a sus comunidades y eviten la vergüenza. La verdad es importante, pero debe ser desechada si abrazarla (o aún considerarla) traería vergüenza. Actualmente, a través de Occidente y Oriente existe una mezcla de inocencia-culpa y honor-vergüenza. En Occidente, la individualidad y el paradigma de inocencia-culpa han sido los dominantes, mientras que el paradigma colectivista de honor-vergüenza ha existido en un estado recesivo. Pero, con el auge de la cultura de cancelación, el paradigma de honor-vergüenza del compromiso social se está volviendo cada vez más dominante en Occidente. La cultura de cancelación de hoy es la versión occidental del siglo XXI del paradigma oriental de honor-vergüenza. Los orientales son mejores solo porque han tenido siglos de práctica. Pero los occidentales están tratando de ponerse al día.

La cultura de cancelación de hoy es la versión occidental del siglo XXI del paradigma oriental de honor-vergüenza

Abundan los ejemplos de la cultura de cancelación. Un estudiante de secundaria fue aceptado en Harvard, pero finalmente su aceptación fue anulada debido a mensajes inapropiados que escribió cuando tenía 16 años. El estudiante expresó su arrepentimiento, comentando: “veo el mundo a través de ojos diferentes y me avergüenza el niño mezquino y poco serio representado en esas capturas de pantalla”. El comité de admisiones de Harvard votó para mantenerlo fuera de dicha universidad. Ciertamente, los comentarios del estudiante fueron extremadamente inapropiados. Aunque se disculpó, fue “cancelado” por Harvard y, lo que es más significativo, por innumerables otros en Twitter. La respuesta del meme lo captó bien: “Estoy a punto de poner fin a la carrera de este hombre”.

Me pregunto si un destino similar tendrán los estudiantes universitarios que viajaron a Miami durante las vacaciones de primavera, a pesar del auge de la pandemia del COVID-19. Los medios noticieros identificaron algunos por su nombre. ¿Los comentarios inmaduros y egoístas (por ejemplo: “Si me da coronavirus, que me dé coronavirus”) resultarán en que estos estudiantes sean “cancelados” de futuros trabajos cuando los empleadores los descubran?

En la cultura de cancelación, un solo error es perpetuamente imperdonable porque no es simplemente un acto culpable. Más bien, el error define la identidad del individuo, convirtiéndolo en una persona que trae vergüenza, alguien que puede ser “cancelado”. ¡Qué oriental! Juliet November resumió lo que solía ser las diferencias entre las culturas occidental y oriental: En una estructura occidental, me sentiría culpable porque “he hecho algo malo”; en una estructura oriental de honor-vergüenza, sería culpable porque “soy malo” a los ojos de la sociedad. Convertirse en alguien malo significa que la redención no viene a arreglar el error. Una disculpa no es suficiente.

Jesús y la cultura de cancelación

En Occidente, a veces vemos a Jesús como bien intencionado, pero casi irrelevante. El hecho de que el Occidente moderno esté llegando a parecerse a la antigua cultura en que vivió Jesús, sugiere que Él no ha pasado de moda. De hecho, Jesús es tan relevante hoy como lo ha sido siempre. La historia de un ciego rechazado por sus padres y expulsado por los líderes religiosos nos provee un ejemplo conmovedor.

Convertirse en alguien malo significa que la redención no viene a arreglar el error. Una disculpa no es suficiente

En Juan 9, leemos que Jesús encontró a un joven que había nacido ciego. El motivo que encendió una confrontación entre Jesús y los fariseos fue que Jesús sanó la vista del joven haciendo barro y aplicándolo a sus ojos (Jesús “trabajó” en el día de reposo). Cuando fueron interrogados por los fariseos, los padres del joven tenían tanto miedo de admitir que Jesús lo sanó que hicieron que los fariseos preguntaran a su hijo. “Sus padres dijeron esto porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya se habían puesto de acuerdo en que si alguien confesaba que Jesús era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga” (Jn 9:22), la mayor vergüenza pública de todas.

Su hijo, que por primera vez podía ver, no se dejaría intimidar socialmente. Se enfrentó a los fariseos y francamente (y sarcásticamente) respondió que Jesús lo sanó. Incapaces de manejar el desafío público a su sentido del honor, los fariseos entregaron el golpe de vergüenza echando al joven fuera de la sinagoga. Eso definiría su identidad. En resumen, los fariseos lo cancelaron.

El radar de Jesús que identifica la vergüenza injustificada lo llevó a buscar al joven. Con tierna autoridad, Jesús reveló que Él era el Mesías prometido. Le dio al joven no solo el honor de la vista física, sino también el honor superior de la vista espiritual (Jn 9:39). Jesús transformó su identidad desvergonzada en una marcada por el honor. Sustituyó un honor social temporal otorgado por hipócritas por el honor trascendente que solo es otorgado por Dios.

Jesús ama a los cancelados

Jesús sustituyó un honor social temporal otorgado por hipócritas por el honor trascendente que solo es otorgado por Dios

En la cultura de cancelación, estamos definidos por nuestro último error. La recuperación social es rara. Pero ser cancelado no tiene por qué definir a esas víctimas. Jesús, después de todo, aceptó a personas “canceladas” entre sus discípulos: recaudadores de impuestos, zelotes, y prostitutas. Jesús no estaba dispuesto a “cancelar” a un dudoso Tomás (Jn 20:27), a Pedro que le negó tres veces (Jn 18:27), o a su hermanastro Santiago que durante mucho tiempo se negó a creer (Jn 7:5).

El himno de Isaac Watts describe bellamente cómo nuestra culpa y nuestra vergüenza, nuestra inocencia y nuestro honor, se reconcilian en Cristo:

El Señor es justo y bueno,
los mansos aprenderán sus caminos.

Y cada humilde pecador encuentra
las formas de su gracia.

Por su propia bondad,
salva mi alma de la vergüenza.

Él perdona, aunque mi culpa sea grande,
a través del nombre de mi Redentor.

Cuando otros responden a nuestra vergüenza con indignación, Jesús responde con amor, perdón, y gracia. Muchos están buscando redimir o recuperar su identidad. La cultura no se lo dará. Pero Jesús puede. En nuestra esnobismo temporal y cultural, haríamos bien en aprender del itinerante predicador oriental de Nazaret.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Sol Acuña Flores.
Recibe cada día los artículos, podcasts, y vídeos más recientes.
CARGAR MÁS
Cargando