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Uno de mis gozos más grandes cuando tengo la oportunidad de viajar a lo largo del mundo hispanohablante es conocer a jóvenes que desean servir en el ministerio pastoral. Hay muchos jóvenes que desean esparcir el evangelio de Jesucristo y liderar iglesias evangélicas saludables en Latinoamérica, y ese es uno de los indicadores más alentadores de la Nueva Reforma. En lo personal, después de haber estado en el ministerio por más de treinta años, no me imagino un privilegio mayor que formar parte de un equipo de pastores que cuidan del rebaño de Dios bajo el liderazgo de Jesús, el Príncipe de los pastores. Aun así, después de ser padre, ser pastor ha sido el rol más difícil que he tenido que afrontar en mi vida. Es por eso que creo que es mi deber advertir a los jóvenes que, aunque el llamado pastoral es digno y noble, también es muy difícil. Pero, por la gracia de Dios, al igual que ser padre, ser pastor es muy galardonador. Entonces, ¿cómo debes prepararte para el ministerio? Mi propuesta es que si deseas entrar al ministerio pastoral, debes hacerte varias preguntas vitales.

Antes de considerar el llamado pastoral, considera tu llamado a seguir a Cristo. Si has respondido al llamado de seguir a Cristo, entonces perseverarás y crecerás en Cristo, dando fruto en el poder del Espíritu Santo. En otras palabras, si has respondido al llamado de seguir a Cristo, por consecuencia amarás a Cristo y tu amor por Él será evidenciado en una vida gastada para la gloria de Dios. Las Escrituras nos recuerdan que siempre habrá aquellos que “predican a Cristo (El Mesías) aun por envidia y rivalidad” (Fil 1:15). ¿Qué razón tienes para predicar a Cristo? Asegúrate de que tus motivaciones sean puras, no sea que seas tentado a predicar a Cristo por razones egoístas. Al contrario, compórtate “de una manera digna del evangelio de Cristo” (Fil 1:27).

Los pastores para nada son perfectos, pero debemos vivir vidas irreprensibles. Ser irreprensible significa vivir tu vida de tal forma que cuando vengan las acusaciones, la gente no se preguntará si son ciertas, debido a que tales acusaciones no caracterizan la forma en que has vivido tu vida. Los hombres calificados para el ministerio pastoral son aquellos que, antes que nada, son irreprensibles en su vida personal (carácter), es decir, hombres cuyas vidas evidencian buen fruto. Esto no nos debe sorprender, porque la Biblia siempre enfatiza el carácter de una persona por encima de su capacidad. Entonces, si deseas entrar al ministerio pastoral, tu vida debe estar marcada primordialmente por “frutos dignos de arrepentimiento” (Mt 3:8). En otras palabras, tu vida debe estar marcada por un odio hacia el pecado y por una disposición a reconciliarte con aquellos contra los que pecaste.

Los pastores también deben ser irreprensibles en su vida familiar. Eso significa que si estás casado, debes amar y pastorear a tu esposa como Cristo ama y pastorea a su iglesia (Ef 5:25-33) y si tienes hijos, entonces debes pastorearlos con el mismo cuidado que tu Padre celestial pastorea a Sus hijos. Después de todo, si no puedes gobernar tu propia casa, pues, ¿cómo vas a ser capaz de gobernar la casa de Dios?

Los pastores también deben ser irreprensibles en su vida doctrinal. En otras palabras, debemos tener un entendimiento claro del evangelio, ya que es el fundamento sobre el cual Cristo ha construido su iglesia (Ef 2:20-21; 1 P 2:4-8). Los pastores deben ser capaces de enseñar y explicar la sana doctrina (1Ti 3:6; Tit 1:9), y también deben ser capaces de refutar malas doctrinas, ya que los pastores son responsables de proteger al rebaño de Dios de los lobos que están dentro y fuera de la iglesia (Hch 20:28-31).

Finalmente, los pastores deben ser irreprensibles en su vida pública. Dios llama a ser pastores a aquellos que continuamente están creciendo en amor por Cristo, amor que es evidenciado en una vida de santidad. Cuando vives una vida que es digna del evangelio ante un mundo incrédulo, serás un testigo atractivo y serás un testigo fiel a la gracia de Dios que está en tu vida.

Debido a que el apóstol Pablo llama a la iglesia a indagar todas estas áreas de la vida de un hombre antes de afirmarlo como pastor o anciano (1Ti 3:1-7; Tit 1:5-9), dedica tiempo a leer y estudiar estos pasajes junto con Hechos 20:17-35 y 1 Pedro 5:1-5. Mientras estudias estos pasajes de la Escritura, pídele a Dios que exponga cualquier pecado en tu vida que te descalifique del ministerio pastoral. Como parte de esta preparación, también te será útil leer algunos libros que te ayudarán a discernir tu llamado personal al ministerio pastoral. También es buena idea pedirles a algunos creyentes maduros y sabios que examinen tu vida a la luz de estas cualidades pastorales descritas en el Nuevo Testamento. Tu vida debe reflejar a los demás la genuinidad de tu amor por Cristo y tu santidad.


Nota del editor: Este artículo es un fragmento de uno de los capítulos de Gracia Sobre Gracia, un nuevo libro de Poeima Publicaciones sobre la nueva reforma y el redescubrimiento de las doctrinas de la gracia en América Latina. Puedes adquirirlo a través de su portal o en versión digital a través de Amazon.

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