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Anhelamos verte: Una petición pastoral para valorar las reuniones presenciales

Será un recuerdo colectivo en la mente de muchos pastores. ¿Dónde estuviste la primera vez que predicaste a un auditorio vacío e hiciste contacto visual con una cámara sin vida? Debo confesar que quedé impresionado por el impacto que podríamos tener en línea, pero al mismo tiempo supe que algo andaba mal. Predicar en un salón vacío a una cámara inerte era como leer una postal de un ser querido. Hasta cierto punto, consigue algo, pero solo me hace desear ver, sentir y tocar algo concreto aún más. Las reuniones presenciales logran esto de una manera que las realidades virtuales simplemente no pueden. Creo que hay un precedente bíblico para valorar el ministerio físico y presencial sobre las ventajas de la tecnología. Considera las palabras de Pablo y su deseo de superar la gracia tecnológica de la escritura de cartas y su deseo lleno del Espíritu de estar en persona con los santos:

“Pero nosotros, hermanos, separados de ustedes por breve tiempo, en persona pero no en espíritu, estábamos muy ansiosos, con profundo deseo de ir a verlos. Ya que queríamos ir a ustedes, al menos yo, Pablo, más de una vez; pero Satanás nos lo ha impedido. Porque ¿quién es nuestra esperanza o gozo o corona de gloria? ¿No lo son ustedes en la presencia de nuestro Señor Jesús en Su venida? Pues ustedes son nuestra gloria y nuestro gozo” (1 Tesalonicenses 2:17-20).

Porque anhelo verlos para impartirles algún don espiritual, a fin de que sean confirmados” (Romanos 1:11).

“…deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de alegría” (2 Timoteo 1:4).

Por supuesto, Pablo está hablando de la interacción personal. Sin embargo, queda claro que ciertos aspectos de su ministerio no podrían lograrse sin la interacción en persona. Las reuniones presenciales los domingos constituyen un ritmo espiritual de ver al cuerpo de creyentes reunidos alrededor de la Palabra, animados unos por otros y edificados por el Espíritu. Sí, transmitir o ver una grabación es una concesión llena de gracia, pero recordemos que no está ordenado en las Escrituras.

Las reuniones presenciales constituyen un ritmo espiritual de ver al cuerpo de creyentes reunidos alrededor de la Palabra, animados unos por otros y edificados por el Espíritu

El autor de Hebreos nos manda: “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca” (He10:24-25). Pablo instruye así a la iglesia en Colosas: “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones” (Col 3:16). Por favor, lee estos versículos, memorízalos y medita en ellos. Creo que el Espíritu te enseñará que estos mandatos son muestras de gracia que no podemos entender por completo en la experiencia virtual.

No solo es una gracia que no podemos experimentar, también es una buena obra que casi nunca podemos ejercer en el ámbito virtual. Las reuniones presenciales enfatizan nuestro ministerio el uno con el otro. En un libro clásico  titulado A Display of God’s Glory (Una exhibición de la gloria de Dios), Mark Dever dice:

“Ser miembro de una iglesia debe significar estar presente regularmente en las reuniones públicas. La asistencia es quizás nuestro ministerio más básico entre nosotros. Como dice el pasaje que se cita con tanta frecuencia de Hebreos 10:25: ‘no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca’.

Si el Nuevo Testamento usa la imagen de la iglesia como un edificio, entonces debemos ser ladrillos en ella; si la iglesia es un cuerpo, entonces somos sus miembros; si una iglesia es la familia de la fe, se supone que somos parte de esa familia. Las ovejas están en un rebaño y las ramas en una vid. Bíblicamente, si alguien es cristiano, debe ser miembro de una iglesia. Esta membresía no es simplemente el registro de una declaración que hicimos una vez o de nuestro afecto hacia un lugar familiar. Una asistencia regular debe ser el reflejo de un compromiso vivo o es inútil, y peor que inútil, es peligroso”.

Cuando se hace una transmisión del servicio, no puedes abrazar físicamente a una viuda que procesa su pérdida reciente, no puedes mirar a un adolescente a los ojos y contarle sobre la belleza de Cristo, no puede sostener al bebé de un amigo querido y bendecirlo en la presencia de sus padres. En una transmisión, no puedes mirar la fila que tienes delante y ver que algo anda mal con tu hermano de la escuela dominical, no puedes darte cuenta de las buenas noticias que se esconden detrás de las sonrisas de una nueva pareja y no puedes alentar al pastor mientras predica una verdad dura  de un pasaje difícil con un “amén” de corazón. Cuando ves una transmisión, puedes acompañarlo en oración, pero rara vez puedes orar con él.

Independientemente de dónde te encuentres en el espectro teológico de los sacramentos, muchos, si no la mayoría, están de acuerdo en que la magnitud total del Bautismo y la Santa Cena no se pueden expresar o experimentar en su totalidad de manera virtual. Es un honor profundamente espiritual y un privilegio significativo poder confirmar el testimonio de un nuevo creyente en la congregación. Es un deber espiritual y un deleite significativo comer el pan y beber el vino juntos como familia reunida en un momento determinado.

Debemos recordar que la transmisión virtual es un complemento de la adoración y no un sustituto

Amigos, debemos ser honestos. Si es cierto que la adoración incluye servir a los demás (Ro 12:1-2), entonces la transmisión equivale a una adoración atrofiada en nuestros mejores domingos y a un cristianismo consumista en nuestros peores domingos. Familia, al entrar en un mundo pos-COVID, debemos recordar que la transmisión virtual es un complemento de la adoración y no un sustituto.

A lo largo de los siglos, han surgido cuestiones muy importantes sobre el discipulado que desafían la cultura y dan convicción al cristiano. Quizás es hora de preguntarnos a nosotros mismos y a los demás: “¿Cuándo volverás?” Sin duda, todos tendremos diferentes respuestas y argumentos razonables. Para muchos será después de que se distribuyan las vacunas. Para otros, puede ser cuando los “números” bajen y, sin embargo, para otros, la pregunta puede evolucionar dependiendo de las circunstancias.

Pero aquí está el punto: si no nos hemos hecho esta pregunta constantemente a nosotros mismos o a los responsables de nuestra comunidad, entonces hemos sido miopes en la importancia y el impacto que la reunión presencial tiene en nuestras vidas. Si estamos transmitiendo simplemente en aras de la comodidad, la conveniencia y en oposición de nuestras convicciones, entonces le hemos fallado a nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Hemos vendido nuestros privilegios comunitarios por un plato de sopa digital. Sin embargo, si haces transmisión en vivo debido a ocasiones o a temporadas únicas, entonces debes saber que cualquier pastor competente lo entenderá. Pero nuevamente, la palabra clave es “única”. Necesitamos proteger nuestros corazones de hacer concesiones que sean producto de la  complacencia total .

Al regresar a la iglesia, queremos que todos estén seguros y protegidos. Sin embargo, sería negligencia pastoral decirte que existe un cristianismo libre de riesgos. No es así. Hasta que Cristo nos llame a casa o hasta que Él regrese, fuimos llamados a llevar una cruz y no una corona. No obstante, creer en el evangelio significa que tenemos la máxima seguridad y el rescate que todos deseamos. Tomar la decisión de regresar requerirá sabiduría, precaución y, en última instancia, valentía. Tomar la decisión de valorar la presencialidad en vez de la transmisión en vivo requerirá convicción. Bíblicamente hablando, para aquellos que pueden, la pregunta no es si buscarás reuniones presenciales de manera consistente, sino ¿cuándo buscarás reuniones presenciales de manera consistente? Oro que esta decisión se convierta en una de gran importancia y de máxima urgencia porque una oveja sin un rebaño y sin la guía de un pastor es un camino sin gozo. Que nuestro gozo aumente y nuestro hambre crezca al considerar la belleza del evangelio manifestada en la iglesia reunida, viva y activa de Cristo.


Publicado originalmente en For The Church. Traducido por Equipo Coalición.
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