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La división dentro del cuerpo de Cristo es en última instancia un problema del corazón. Pero también es, en parte, un problema cultural. Lo que quiero decir es que hay ciertas prácticas que avivarán las llamas de la controversia y la división, en lugar de ayudarnos a mortificar nuestros corazones que son tan propensos a la división.

Por supuesto, hay cosas por las cuales los creyentes deben ser divisivos. Hay una falsa unidad que es tan mortal como una amarga división. Pero también hay muchas divisiones innecesarias que surgen en el cuerpo de Cristo. Lamento toda la división dentro de la iglesia. Hace un tiempo escribí sobre el dolor de sentirse sin una tribu, ya que mi antigua tribu parece haber explotado feamente. Debido a esta prueba, he estado pensando mucho sobre la unidad y la división dentro del cuerpo de Cristo, especialmente dentro de la iglesia universal.

Hay una falsa unidad que es tan mortal como una amarga división

Recientemente, me topé con un útil y pequeño libro. Fue escrito originalmente por Jeremiah Burroughs a principios del siglo 1600. Pero probablemente se habría perdido en la historia si no hubiera sido reimpreso por Francis Asbury en la década de 1700. Luego, la copia de Asbury también resurgió unos cien años después. Me parece interesante que cada vez que este libro se imprimió o reimprimió, la iglesia se encontraba en un serio período de división, pero innecesario en su mayoría. Quizás el trabajo de Burroughs sea de utilidad para nosotros nuevamente hoy.

El libro en su totalidad merece una lectura: cómpralo o descárgalo de forma gratuita. Aquí hay un resumen de las 8 prácticas que dividen según Burroughs:

1. Asociarse con susurradores. “Muchos hombres [son] de espíritus modestos por sí solos pero si se reúnen con hombres que les cuentan historias y hablan mal de aquellos hombres de lo cuales hasta ahora tenían una buena opinión, antes de que hayan examinado cuál es la verdad, ya hay veneno en sus espíritus”.

2. Disputas innecesarias. Las disputas innecesarias son la práctica necesaria de aquellos que solo han adquirido un poco de conocimiento y quieren hacerse de un nombre para ellos mismos.

3. No mantenerse dentro de los límites que Dios ha establecido. Entrometerse con cosas que no te conciernen. Tratar de obtener una posición más alta para nosotros de la cual Dios ha diseñado, siempre vendrá con gusanos.

Tratar de obtener una posición más alta para nosotros de la cual Dios ha diseñado, siempre vendrá con gusanos

4. Propagar informes malvados. Que los informes se generen, fomenten, y difundan: sean verídicos o no, no hace la diferencia, algo se quedará. (¿Acaso tenía Burroughs Facebook y noticias falsas?)

5. Una división excesiva para algunos, hasta negar el debido respeto a los demás. “Y los ministros, y otros en posiciones públicas, no deberían entretener, y mucho menos buscar o regocijarse en cualquier honor o respeto que se les otorgue, que ven menoscaba la estima y semblante que se le debe a otros”. Cuando nos dividimos en partidos y ponderamos las palabras de nuestros líderes como más prominentes que otros.

6. Debido a que los hombres no pueden unirse en todas las cosas con los demás, no se unen en nada. Como no estás de acuerdo con alguien en una cosa, descartas todo lo que dice. (Esto es similar a nuestra cultura de cancelación).

7. Elogiar y apoyar lo que no nos importa, en oposición a lo que no nos gusta. Cuando nos unimos a hombres malvados porque nos ayudan a vencer a nuestros enemigos.

8. Venganza. Practicar la venganza es la forma de continuar las divisiones hasta el fin del mundo.

¿No describió Burroughs perfectamente nuestro clima actual?

¿Cómo pensamos que sobreviviríamos cuando creamos un clima centrado en la personalidad y alimentado por una sed insaciable de ir más allá de nuestro puesto? ¿Acaso no consideramos que todos nuestros artículos ejerciendo presión sobre temas debatibles, no explotarían en nuestra cara en algún momento? ¿En serio pensamos que si podemos ponerlo bajo la sombrilla de “las implicaciones del evangelio” estaríamos bien?

Cuando el mundo alrededor explotó con noticias falsas y una parcialización en aumento, ¿pensamos que la solución era profundizar en nuestras propias tribus? Y cuando fuimos tentados con líderes impíos, que llamaríamos nuestro Ciro, para derrotar a nuestros enemigos impíos, ¿no pensamos que estaríamos sembrando en los terrenos de la división? ¿Qué cultivo pensamos que íbamos a cosechar?

Cuando comenzamos a establecer más y más posiciones sobre asuntos que son aún más debatibles que otros, y lo hicimos en un clima en el que “estás absolutamente a favor o en contra mía”, ¿no pensamos que la venganza perpetuaría aún más nuestras divisiones?

Señor, sánanos.


Publicado originalmente en For The Church. Traducido por Jhon Chavez.
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