4 cosas que debes saber sobre Corea del Norte

Kim Yo-jong, la hermana del dictador norcoreano Kim Jong-un, asistió a los Juegos Olímpicos de Invierno como parte de una “ofensiva de encanto” para el brutal régimen de su familia. Yo-jong anteriormente se desempeñó como subdirectora del departamento de propaganda y agitación, lo que puede explicar por qué recibió esa cobertura aduladora de los medios occidentales.

“Kim Yo-jong cautivó a la audiencia de Corea del Sur”, afirmó la BBC. Y un titular de la CNN dijo: “La hermana de Kim Jong Un se está robando el espectáculo en los Juegos Olímpicos de Invierno”.

Kim Yo Jong es la cara sonriente de uno de los gobiernos más brutales y represivos del planeta. Su misión diplomática, que parece tener éxito, al menos con los medios, es normalizar los horrores en el estado totalitario.

Hace poco le pedí a Melanie Kirkpatrick, investigadora principal del Instituto Hudson (Hudson Institute) en Washington, D. C., y autora de Escape de Corea del Norte: La historia nunca contada del ferrocarril subterráneo de Asia (Escape from North Korea: The Untold Story of Asia’s Underground Railroad), que nos contara la verdadera historia de lo que está sucediendo en el país de Kim.

¿Qué distingue a Corea del Norte de otros países gobernados por dictadores?

La descripción más completa de la vida bajo depredación en Corea del Norte es un informe de derechos humanos de las Naciones Unidas en el 2014, elaborado por una comisión especial de investigación. La comisión concluye que “la gravedad, escala, y naturaleza de estas violaciones [cometidas por el régimen de la familia Kim] revelan un estado que no tiene igual en el mundo contemporáneo”.

Permítanme mencionar dos ejemplos menos conocidos entre la larga lista de “atrocidades indescriptibles” que identificó la comisión.

Uno es la culpa por asociación. Es decir, un norcoreano que es enviado a prisión por cometer un delito político no irá solo. Su familia será condenada con él. La mayoría de los norcoreanos que entrevisté para mi libro Escape de Corea del Norte no querían que se tomaran sus fotos ni se usaran sus nombres reales. Temen con justa razón que hacerlo pondría en grave riesgo a sus familias en Corea del Norte. La política de culpabilidad por asociación es también un elemento de disuasión eficaz para los diplomáticos u otros funcionarios de Corea del Norte que están pensando en desertar a Occidente. Saben que si desertan, el costo de su traición será la vida de sus seres queridos en casa.

Otra atrocidad es el sistema de apartheid de Corea del Norte conocido como songbun. Bajo songbun, a cada ciudadano se le asigna un estado basado en su lealtad percibida al régimen de Kim. El songbun de una persona determina su posición en la vida, incluyendo dónde vive, cuánta educación recibirá, dónde trabajará y, lo que es más cruel, su acceso a la comida. La ciudad capital de Pyongyang, por ejemplo, es una ciudad cerrada. Solo a los norcoreanos de alto songbun se les permite vivir allí.

¿Cómo se trata a los cristianos en Corea del Norte?

Como he escrito antes, ser cristiano en Corea del Norte, y de hecho, practicar cualquier fe allí, requiere valentía.

En un informe del 2012, la Comisión de Libertad Religiosa Internacional de los E. U. A. Describe “el arresto, la tortura, y la posible ejecución” de cristianos, budistas, y otros que realizan actividades religiosas clandestinas en el Norte. El informe cita varios casos ampliamente reportados de persecución de cristianos, incluida la ejecución pública en 2009 de Ri Hyon Ok por el delito de distribución de Biblias. En acuerdo con la política del régimen de castigar a las familias de los malhechores, se informó que el esposo de Ri y sus tres hijos fueron enviados a una prisión política.

El informe de la comisión también describe cómo 23 cristianos fueron arrestados en 2010 por pertenecer a una iglesia protestante clandestina. Tres fueron ejecutados, y el resto fue encarcelado. La comisión estima que miles de cristianos se encuentran entre los 150,000 a 200,000 norcoreanos encarcelados en los infames campamentos de prisioneros políticos del régimen.

Los cristianos de Corea del Norte necesariamente adoran a Dios en secreto. Muchas de las congregaciones son pequeñas unidades familiares que consisten en solo un esposo y esposa y, cuando tienen la edad suficiente para guardar un secreto, sus hijos. Otras veces, un puñado de cristianos forman una especie de congregación en movimiento. Un trabajador de la organización sin fines de lucro Puertas Abiertas (Open Doors) explica cómo funciona:

Un cristiano va y se sienta en una banca en el parque. Otro cristiano viene y se sienta a su lado. A veces es peligroso incluso hablar entre ellos, pero saben que ambos son cristianos, y en ese momento, eso es suficiente.

¿Por qué el régimen teme al cristianismo? Eom Myong-hui, una refugiada norcoreana que entrevisté para mi libro, dice que el régimen teme al cristianismo porque señala el camino hacia la libertad: “Desde mi punto de vista”, me dijo, “el cristianismo es sobre el individuo, sobre la aceptación de la responsabilidad”. Eso es anatema para Pyongyang, que quiere controlar todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos. La Sra. Eom, que escapó de Corea del Norte hace unos 10 años, se convirtió en pastora en Corea del Sur y ahora vive en los Estados Unidos.

¿Por qué es tan difícil para las personas huir del país?

A diferencia de la hermana de Kim Jong Un, que voló al sur para los Juegos Olímpicos, es prácticamente imposible que un ciudadano común salga de Corea del Norte. Es un crimen abandonar el país sin permiso oficial. Aún así, muchos norcoreanos están lo suficientemente desesperados como para intentarlo. Unos 25,000 norcoreanos han alcanzado la libertad en el sur. ¿Cómo lo hicieron?

Para escapar de Corea del Norte, es imposible ir al sur a través de la zona desmilitarizada para llegar a Corea del Sur. A pesar de su nombre, la Zona Desmilitarizada, la DMZ (por sus siglas en inglés), es la frontera más fortificada del mundo. Más de 1 millón de minas evitan que los norcoreanos crucen por allí. Un soldado norcoreano ocasionalmente cruza la zona desmilitarizada hacia el sur, como ocurrió en diciembre, pero eso es raro.

Por el contrario, los norcoreanos que quieren llegar al sur primero deben ir a China, que comparte una frontera de 800 millas con Corea del Norte. A partir de ahí, si están decididos y tienen suerte, encontrarán su camino a través de China hacia el sudeste asiático y hacia Corea del Sur. La frontera entre China y Corea está fuertemente fortificada en ambos lados. Muchos de los fugitivos que entrevisté cruzaron el río Yalu, el Tumen, o cruzaron el río congelado en el invierno. Una y otra vez escuché a los que se fugaron decir que estaban aterrorizados de recibir un disparo en la espalda mientras huían.

No era un miedo sin razón. Cuando Kim Jong Un llegó al poder a finales del 2011 después de la muerte de su padre, Kim Jong Il, hubo informes veraces de que el dictador emitió una orden de disparar a matar. De acuerdo con organizaciones desterradas con contactos dentro de Corea del Norte, Kim ha aumentado el número de guardias junto a la frontera e instalado cámaras de vigilancia. También ha enviado agentes a China para secuestrar o chantajear a los que han escapado para obligarlos a regresar al Norte. Informes de Corea del Norte dicen que Kim Jong Un incluso ha cerrado pueblos enteros a lo largo de la frontera y ha trasladado a los residentes al interior del país. El propósito es doble: dificultar el escape de los norcoreanos restringiendo el acceso a las fronteras, y limitar la afluencia de información desde China.

China es el aliado de Corea del Norte en todo esto. No reconoce como refugiados a los norcoreanos que huyen a China como debería hacerlo en virtud de la convención internacional sobre refugiados que ha firmado. Más bien, su política inhumana es rastrear y arrestar a los norcoreanos que se esconden en China y repatriarlos a Corea del Norte, donde son castigados severamente por el delito de haberse ido. Las embarazadas que son retornadas se ven obligadas a abortar a sus bebés. Corea del Norte no quiere que los niños de “sangre impura”, es decir, con padres de China, sobrevivan.

¿Qué se está haciendo para ayudar a los refugiados y a las personas aún atrapadas en el país?

Nadie puede proporcionar asistencia directa a ningún grupo de personas. Ni China ni Corea del Norte lo permitirán. Dicho esto, los misioneros cristianos, en su mayoría surcoreanos, pero también estadounidenses, están tratando de ayudar. Entran a China haciéndose pasar por estudiantes o profesores o empresarios o turistas, y se dirigen al noreste de China, donde establecen casas de seguridad para los norcoreanos, y los ayudan a encontrar su camino hacia el sur a lo largo de una vía férrea subterránea. El “ferrocarril subterráneo” es una red secreta que ayuda a los norcoreanos a encontrar su camino a través de China hacia el sudeste asiático, y hacia Corea del Sur. Algunos de estos valientes cristianos han pasado tiempo en las cárceles chinas por el crimen de ayudar a los norcoreanos.

El desarrollo más positivo en los últimos años es lo que llamo la “invasión de la información” de Corea del Norte. Una vez que alcanzan la seguridad en el sur, los fugitivos norcoreanos envían noticias al país que dejaron atrás: a través de DVD de telenovelas, transmisiones de noticias de radio, y teléfonos celulares chinos que permiten a las familias hablar con parientes que han escapado. También, los Estados Unidos transmiten noticias a Corea del Norte en la Radio Libre de Asia (Radio Free Asia). Es un delito grave para los norcoreanos escuchar transmisiones de radio extranjeras, pero mucha gente aun así lo hace. En un país donde solo 1,000 personas tienen acceso a internet, esta entrada de información tiene el potencial de ser transformadora. Por lo menos, está teniendo el efecto de hacer que algunos norcoreanos se vuelvan escépticos con respecto a la propaganda del régimen de Kim. Si un norcoreano sabe sobre el próspero Sur, las declaraciones del régimen de que Corea del Norte es “el paraíso en la Tierra” es difícil de creer.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Iván Díaz.
Imagen: Wikimedia.
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