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3 maneras de hablarle a los perdidos

En su nuevo libro, The Gospel Comes with a House Key (El evangelio viene con la llave de la casa), Rosaria Butterfield escribe: “Sé que no puedo salvar a nadie. Solo Jesús salva, y todo lo que yo hago es llegar y hablar. Llegar y hablar, eso debemos hacer”.

Cuando los cristianos no van a los perdidos, los que nos rodean permanecen inalcanzables. La complacencia es una enfermedad que nos impide amar a nuestros vecinos. De hecho, tergiversamos el evangelio cuando no lo llevamos a nuestros vecinos no creyentes. Esto demuestra nuestra falta de amor por ellos, nuestra falta de gratitud por nuestra propia salvación, nuestra subestimación de su primacía en nuestras vidas, y nuestro rechazo al llamado de Dios a ir.

Pero el amor de Cristo es el antídoto a la complacencia, y nos obliga a ir a los perdidos. Jesús pasó su vida entre los necesitados, y ahí es donde nos envía (Jn. 17:18). Brillamos su luz en la oscuridad. Hablamos donde se suprime la verdad. Recibimos cuando el mundo abandona.

Tergiversamos el evangelio cuando no lo llevamos a nuestros vecinos incrédulos.

Esto es lo que sucede en la plantación de iglesias. Llegamos y hablamos para satisfacer las necesidades, tanto visibles como invisibles, de las personas en nuestras comunidades. Aquí hay tres maneras de hacer esto al plantar iglesias, y en nuestra vida cotidiana.

1. Estratégicamente

Pensemos estratégicamente en cómo podemos vivir nuestra misión de hacer discípulos a las naciones (Mt. 28:19). La crisis mundial de refugiados, en muchas ciudades tanto de los Estados Unidos como del resto del mundo, ha traído las naciones a nuestros vecindarios. Ellos vienen a nosotros. Tenemos una oportunidad sin precedentes de llegar a ellos.

Mi iglesia local, la iglesia Imago Dei en Raleigh, ayuda a los refugiados que viven en un complejo de apartamentos en nuestra ciudad. Buscamos hacer amistad con ellos a medida que estas familias hacen la transición a la vida en Raleigh. Recientemente comenzamos una escuela bíblica de vacaciones dentro del complejo. Compartimos el evangelio con los niños y sus padres a través de traductores árabes y birmanos. Mis hijos jugaron fútbol con nuevos amigos que hablan varios idiomas y tienen múltiples tonos de piel.

También conocí a una mujer siria con sus cuatro hijos. Vive aislada, porque habla poco inglés. Una forma tangible de amarla es ayudarla a practicar el inglés conversacional. Intercambiamos números de teléfono para que podamos hacer planes de visita. Me comprometo a ir con ella, no para hacer un exégesis de Romanos, sino para amarla, ayudándola a aprender inglés. Con suerte, cuando seamos amigas, tendré la oportunidad de compartirle a Cristo.

Piensa estratégicamente sobre las oportunidades que puedes estar pasando por alto. Habla con otros en tu iglesia de cómo pueden satisfacer corporativamente las necesidades a su alrededor. ¿Hay un área específica en o cerca de tu ciudad que necesita el evangelio? Tal vez podrías reunir gente para orar por ver una iglesia plantada allí. Toma la iniciativa para iniciar este tipo de discusión y ve lo que podría venir.

2. Creativamente

Dios organiza a su pueblo para sus propósitos. Nuestra presencia en la vida de nuestros vecinos crea un espacio para que compartamos el evangelio. Involucra tus redes relacionales con la intencionalidad del evangelio. ¿Quién está mejor equipado para alcanzar a tu prójimo que tú?

No tenemos un manual específico que nos diga cómo llegar a nuestros vecinos. ¡Debes ser creativo! Por ejemplo, mi amiga tiene un club de lectura en su barrio. Las damas vienen a su casa para pasar tiempo con sus amigas mientras discuten el último éxito de ventas.

¿Quién está mejor equipado para alcanzar a tu prójimo que tú?

Con el tiempo, a medida que se conocen mejor, el grupo comienza a ver la autenticidad del afecto que mi amiga tiene por ellas, y su amor por Dios. Ven frutos del evangelio desplegados en y a través de su vida. Plantar una iglesia presenta oportunidades para pensar creativamente acerca de cómo alcanzar a los perdidos. Nos obliga a hacernos preguntas que nos empujan a crear nuevos espacios para que las personas se encuentren con Cristo.

3. Sacrificadamente

Los discípulos se hacen en la iglesia. En El costo del discipulado, Dietrich Bonhoeffer escribió famosamente: “Cuando Cristo llama a un hombre, le pide que venga y muera”. El discipulado es costoso.

Plantar una iglesia no es una excepción. Es un esfuerzo costoso. Tiempo, dinero, recursos, comodidad, energía, todo esto y más se invierten en la plantación de iglesias. Pero aquí radica la oportunidad de tomar nuestra cruz y seguir a nuestro Salvador.

Plantar una iglesia es un esfuerzo costoso.

Cuando Cristo vino por nosotros, lo hizo como sustituto, llevando el pecado. Como portadores de su imagen (Gn. 1:27), nuestro amor por los demás también nos costará. Cuando vamos a nuestros vecinos ancianos, sacrificamos nuestro tiempo y nuestros planes para ayudar a cuidarlos. Cuando vamos a donde están nuestros compañeros de trabajo, abandonamos las relaciones casuales por conversación y cuidado intencional. Requiere esfuerzo, y vale la pena.

Cuidar de los vecinos vulnerables no es un inconveniente; es una inversión del reino. Cuando nos presentamos ante ellos de manera sacrificial, estamos amando como Jesús.

Lo que nos impulsa

No invertimos en las vidas de los demás porque somos “bienhechores” o “super cristianos”. Invertimos en las personas para su bien y la gloria de Dios. A medida que las iglesias se plantan en todo el mundo, el reino de Dios avanza, y la fama de Dios se magnifica.

En su libro Radical, David Platt escribe: “Hacer discípulos no es un llamado para que otros vengan a escuchar el evangelio, sino un mandato para que vayamos a otros a compartirles el evangelio”. La nuestra es una fe en marcha. Y caminamos porque anhelamos que Dios sea honrado entre las naciones.

Para mostrar a Cristo a los demás, primero debemos ir. Pero nunca nos presentamos solos. Él siempre está con nosotros, lo que significa que podemos ir a los perdidos con confianza en Cristo, confiando en su promesa de construir su iglesia (Mt. 16:18). Actuamos estratégicamente, pensamos creativamente, y damos desinteresadamente. Nos presentamos ante los demás porque Cristo lo hizo por nosotros.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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